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Mónica se va a vivir a una aldea con 8 familias: "Tenemos 15 cabras; a veces me quedo en silencio, viéndolas comer; vivir en esta calma en este silencio, yo siempre lo anduve buscando"

Se vino desde Chile dejando atrás también su vida en Bélgica para reconstruir la casa de los antepasados de su marido.

monica durante la entrevista
Mónica se va a vivir a una aldea con 8 familias: "Tenemos 15 cabras; a veces me quedo en silencio, viéndolas comer; vivir en esta calma en este silencio, yo siempre lo anduve buscando" |Youtube (hilux_aventura)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Irse de casa, dejar una ciudad con todas las comodidades y empezar de cero en un lugar rural totalmente perdido de la civilización es ese sueño que mucha gente tiene o le gustaría cumplir pero que poca gente se atreve realmente a llevarlo a cabo. Y es que irse a vivir en medio del bosque con la familia detrás o hijos a cargo, o incluso solo, no es sencillo, ya que significa romper con toda la rutina y las facilidades que da la civilización.

Pues Mónica lo ha conseguido, una mujer chilena que ha demostrado que con fuerza de voluntad se puede llevar a la realidad un sueño así y dejar toda una vida atrás. Junto a su marido Sergio, decidió restaurar una antigua casa o cortijo en un valle perdido de Asturias, cambiando el bullicio de la ciudad por la paz que se puede encontrar en el campo o en una aldea pequeña sin apenas habitantes.

Dejar la ciudad para encontrarse a uno mismo

Un vídeo del canal hilux_aventura muestra la historia de Mónica, que nació cerca del desierto de Atacama y estuvo viviendo 20 años en Santiago de Chile, pero que sentía un gran vacío interior y el deseo de vivir en un entorno rural rodeado de naturaleza. "Dejo todo en Chile, todo. O sea yo no tenía ninguna necesidad", recordó sobre el inicio de su gran viaje vital tras la pandemia. "Mis amigas me decían 'Estáis loca ¿por qué te vas de Chile si no tenés tu trabajo, tu familia, tu casa?' Y lo dejé todo y me puse a viajar, a viajar".

Ese viaje introspectivo la llevó a convivir en centros de meditación en Bélgica, donde la casualidad le hizo cruzarse con Sergio. "Conocernos con Sergio fue una experiencia muy linda porque después de todo este viaje y todo lo que yo te contaba de salir de la ciudad, de vivir en esta calma en este silencio, yo siempre lo anduve buscando y él lo tuvo desde su infancia", relató Mónica con profunda emoción. Entonces, hartos del tráfico y el ruido de la ciudad belga de Lieja, decidieron trasladarse a la pequeña aldea natal de él, habitada hoy por apenas ocho familias.

Al llegar a las montañas del norte de España, el contraste cultural fue inmenso. Sin embargo, Mónica desmontó rápidamente el mito del aislamiento rural frente a los agobiantes tiempos urbanos. "Es cierto, yo aquí para ir al supermercado no era yo me acuerdo que en Bélgica tomaba la bicicleta y en 5 minutos estaba en el supermercado [...] Acá tengo que ir en auto bajar 15 minutos", aclaró. Lo comparó directamente con los eternos atascos de su país: "Mi concepto de distancia, yo vivo en Chile [...] Moverme yo al trabajo me acuerdo tardaba 40 minutos 45... Y bueno en Santiago mucho más, mucho más que acá 15 minutos".

La conexión pura con los animales y la paz de la montaña

Actualmente, la pareja convive con 15 cabras, asumiendo tareas de pastoreo que ella jamás imaginó realizar. "A esta cabrita la criamos con biberón. Sí porque la mamá murió. Entonces yo creo que ella siente que yo soy su mamá", explicó mientras acariciaba a uno de los ejemplares con evidente cariño. "Ayudo a Sergio porque honestamente a mí no se me da mucho. Intento, intento pero no se me da muy bien. Que hay veces que tengo miedo pero bueno, normalmente estas cabras se portan superb y son superdóciles", confesó.

Esa responsabilidad le otorga a Mónica unos momentos de inmensa plenitud. "Cuando Sergio está trabajando me toca venir a ver a las cabras y darles comida, llamarla [...] Y me quedo aquí en silencio o mirándolas comer o simplemente contemplando el bosque, el viento", narró, evidenciando su inmensa paz mental.

Para ella, esta inmersión radical en la naturaleza resulta la respuesta definitiva a una sociedad obsesionada con el consumismo. "Nos hemos convertido en seres o sea estamos siendo es ser o tener. En esta sociedad te valoran por lo que tienes no por lo que eres", reflexionó ante las cámaras. Por lo que concluyó su mensaje animando a otros a salir de la zona de confort para encontrar su propia esencia: "Siento calma, siento la conexión conmigo constantemente [...] A mí me encantaría que mucha gente se atreviera a hacer algo así porque es posible, que no necesitas muchos recursos sino es que las ganas y la convicción".