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Sandra y Jose viven con sus 4 hijos en el bosque: "Nuestros gastos los medimos muy bien; nuestros hijos no tienen tres pares de zapatos, es más importante la alimentación"

La pareja cuenta cómo dejó incluso una empresa que funcionaba bien para irse a un cortijo sin luz ni agua.

Sandra y Jose con sus hijos y animales del campo
Sandra y Jose viven con sus 4 hijos en el bosque: "Nuestros gastos los medimos muy bien; nuestros hijos no tienen tres pares de zapatos, es más importante la alimentación" |Youtube (Arnau Serrado y Crianza Salvaje)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Ante la crisis habitacional que vive España, provocada porque el precio de la vivienda no para de subir y por la falta de oferta, entre otros motivos, son muchas las familias que buscan alternativas cada vez más extremas para tener simplemente donde vivir. 

Desde un padre con un bebé de 3 meses que vive en una caravana hasta un mozo de almacén que a pesar de tener trabajo y nómina mensual, tiene que dormir entre cartones. Estas son solo algunas de las historias que, por desgracia, se están empezando a normalizar en nuestro país. 

Sandra y Jose representan una historia más de cómo resistir al problema de la vivienda de forma imaginativa y hasta consiguiendo conectar con el medio ambiente, desde luego más de lo que se podría conseguir viviendo en un bloque de pisos en Madrid.

Ellos han pasado de vivir con todas las comodidades en Gerona a vivir en una pequeña masía aislada en la montaña junto a sus 4 hijos, una historia de vida rural que ahora comparten a través de las redes sociales para inspirar a otras familias.

En el campo tienen autosuficiencia, cosa que en la ciudad no

Antes de irse a vivir al campo esta pareja tenía una vida perfecta, o al menos para muchos. "Nosotros se supone que lo teníamos todo, teníamos nuestra familia, nuestras hijas, nuestra empresa, nuestra casa grande y moderna", explica Sandra en una grabación compartida por Arnau Serrado. Con todo, la pareja se sentía insatisfecha todo el tiempo. "No había un propósito vital en nuestra vida", dice la pareja.

Pero el punto clave que les hizo cambiar su forma de pensar y querer dar un cambio total a su vida llegó después de una escapada de tres días que hicieron a la montaña, un "oasis" que les hizo comprender que no necesitaban tanto para ser felices. Fue entonces cuando comenzaron la búsqueda de una alternativa y localizaron por satélite una herencia familiar en Jaén. Se arriesgaron y encontraron un pequeño cortijo de apenas 40 metros cuadrados que llevaba nueve años cerrado.

Al instalarse allí, tuvieron que estar un tiempo sin luz, ni agua corriente, ni conexión a internet, algo desconocido para ellos pero a la vez emocionante. En vez de venirse abajo, adaptaron su entorno. "Nosotros no buscamos la autosuficiencia, sino que ella nos encontró a nosotros", explica Jose, dando detalles de cómo resolvieron lo que les faltaba para poder forjar su nuevo camino. Hoy en día habitan una masía un poco mayor, de 80 metros cuadrados, donde duermen en futones a ras de suelo y utilizan luces rojas por la noche para respetar los ciclos circadianos.

Consumo consciente y teletrabajo en medio de la naturaleza

Ahora han cambiado tanto su filosofía de vida que ya no compran por comprar, sino que prefieren cosas de calidad y que duren. "Nuestros gastos los medimos muy bien. Nuestros hijos no tienen tres pares de zapatos, tienen un par por temporada", detalla Sandra con total franqueza. Para esta familia numerosa, lo primordial es la base de su bienestar: "Es más importante la alimentación y tener pocos zapatos, pero buenos".

Para poder sostener este estilo de vida rural sin renunciar a ingresos, Jose, que es programador, ha reestructurado por completo su empresa. Ahora trabaja en solitario y se apoya fuertemente en herramientas de inteligencia artificial para automatizar procesos. "Hemos conseguido crear un ecosistema en el cual con el móvil controlamos los ordenadores", explica, lo que les otorga una flexibilidad inmensa para compaginar sus ingresos con la crianza de sus hijos.

Aunque Sandra reconoce la contradicción que supone vivir en el bosque dependiendo de la tecnología y las redes sociales (donde son conocidos como Capitán SalvajeCrianza Salvaje), defiende que es una herramienta fantástica. Gracias a ella logran financiarse y "llegar a otras personas para que se planteen otra forma de vida". Todo ello, asegurando que el verdadero centro de su universo siguen siendo las necesidades de sus hijos y la tranquilidad de su hogar en la montaña.