Perder el trabajo de manera inesperada puede generar incertidumbre, preocupación y muchas dudas sobre el futuro. Esta es la situación que atraviesa Jesús Rubira, quien ha contado en sus redes sociales cómo vivió su primer día desempleado tras ser despedido de la clínica en la que trabajaba. Según su testimonio, la compañía ha justificado la decisión por una supuesta disminución de su rendimiento y por comportamientos que podrían considerarse fraudulentos, algo que él niega y que pretende reclamar por la vía legal.
“Primer día desempleado. Hacía tanto tiempo que no me sentía así”, comienza Rubira, que reconoce que la situación le ha afectado personalmente y que apenas pudo descansar tras conocer la decisión. “He pasado una noche un poco complicada y no he podido dormir mucho. He pensado muchas cosas después de tantos años trabajando y por la forma tan sucia en la que lo han hecho”, afirma.
Llevará el despido por la vía legal
El trabajador asegura que no fue el único empleado despedido. “No estoy de acuerdo con el despido, ni con el mío ni con el de mis compañeras”, señala. Según su versión, la empresa les comunicó que no quería despedirles sin compensación, a pesar de presentar la salida como un despido disciplinario.
Esa explicación le generó dudas desde el primer momento. “No entiendo cómo, si es un despido disciplinario, me vas a pagar una indemnización si no me corresponde”, por lo que solicitó la carta de despido y la firmó como “no conforme”. “Esto lo quiero llevar a donde tenga que llevarlo”, insiste durante el vídeo.
Afirma que realizaba más funciones de las que aparecían en su contrato
Rubira también relata que había dejado un puesto como coordinador de esterilización para incorporarse a la clínica con la intención de crecer profesionalmente. “Me cambié buscando un progreso laboral, crecimiento profesional y nuevos objetivos. Me arriesgué y he perdido”, lametna.
Según explicó, desde el principio hubo problemas con las condiciones pactadas. “Cuando se me hizo el contrato no se cumplían las condiciones ni las cláusulas. Las reclamé y me dijeron que era una errata que iban a solucionar, pero me quedé en standby”, afirmó. Además, sostiene que en su primera nómina ya detectó diferencias y que reclamó la cantidad que, según él, le correspondía. “Nunca supe nada y ahora, de repente, llega el despido”, aseguró.
El trabajador afirma que figuraba como recepcionista en el contrato, aunque realizaba otras tareas adicionales. “Me estaba encargando de toda la parte administrativa de la clínica, de la facturación, de algunos tratamientos no invasivos y de recepción”, explica. Rubira considera que esa carga de trabajo no se tuvo en cuenta a la hora de valorar su rendimiento. “Estaba haciendo cinco cosas a la vez cuando por contrato solo me correspondía una”, señala.
Rechaza las acusaciones de bajo rendimiento y fraude
Según su relato, la carta de despido habla de una disminución grave de su rendimiento y de no haber alcanzado los estándares exigidos para su puesto. Rubira desmiente esa versión y asegura que apenas había tenido contacto con el responsable que tomó la decisión. “He cruzado tres ‘buenas tardes’ directamente”, afirmó.
Uno de los puntos que más le preocupa es que, según asegura, la empresa también le atribuye conductas fraudulentas. “Me acusa de fraude, como si hubiera estado intentando fastidiar a la empresa”, explica, considerando que esa acusación puede perjudicar su reputación profesional. “Con este despido que estás maquillando con una indemnización absurda, me estás manchando mi vida laboral”, manifestó.
El trabajador defiende además su trayectoria profesional y asegura que nunca había vivido una situación similar. “Llevo desde los 15 años trabajando. En todos los trabajos me han amado y me fui de un hospital del que no querían que me fuese”, afirma.
“Esto me lo cambias porque es un despido improcedente”
Durante la conversación, Rubira asegura que pidió a la empresa que cambiara el tipo de despido. “Esto me lo cambias porque es un despido improcedente”, afirma que le dijo al responsable. También mostró sus dudas porque, pese a tratarse de un despido disciplinario, le ofrecieron una indemnización de “33 días por año trabajado”. Una propuesta que, según explica, no entendía.
“En un despido disciplinario no me deberían dar absolutamente nada salvo mi liquidación”, sostiene. En efecto, cuando un despido disciplinario es declarado procedente, el trabajador no tiene derecho a indemnización, aunque sí debe recibir el finiquito con las cantidades pendientes. Los 33 días de salario por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades, corresponden con carácter general a la indemnización por despido improcedente.
Rubira ha anunciado que recurrirá la decisión y buscará asesoramiento para defender sus derechos. Para impugnar el despido tendría que presentar una papeleta de conciliación en un plazo de 20 días hábiles desde que se hizo efectivo. En ese acto, la empresa podría reconocer la improcedencia y alcanzar un acuerdo con el trabajador.
Si no hubiera acuerdo, podría presentar una demanda ante el Juzgado de lo Social. Sería entonces un juez quien decidiría si el despido es procedente, improcedente o nulo. Por tanto, decir por ahora que el despido es improcedente es solo la opinión de Rubira. Para que se considere así oficialmente, la empresa tendría que reconocerlo durante la conciliación o tendría que declararlo un juez.

