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María García, 30 años, vive sola en el monte desde hace 6 años: "Compré la casa por 6.000 euros, un millón de pesetas, y aquí no hay forma de gastar el dinero"

La joven se gastó todos sus ahorros para comprar una casa en ruinas en la época del COVID y ahora viven en ella.

María García delante de su casa
María García, 30 años, vive sola en el monte desde hace 6 años: "Compré la casa por 6.000 euros, un millón de pesetas, y aquí no hay forma de gastar el dinero" |La Vanguardia (Cedida)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Romper con el ruido de los coches, el estrés de las prisas y los típicos horarios de oficina que no te dejan ni respirar parece hoy en día el sueño ideal de muchísima gente, por más que nuestros padres y abuelos vivieran así y ellos sí lo vean como algo normal. Y es que salir de las ciudades, donde se concentra la mayor parte de los trabajos y la vida cotidiana de los españoles, y poder estar en la naturaleza tranquilos es algo que cada vez se tiene más en cuenta.

Un buen ejemplo de vencer a la vida estresante de las ciudades y vivir alejado de estas con total libertad y calma es el de la joven María García. Con apenas 30 años, ella ha decidido cambiar totalmente su rutina en Oviedo y se ha comprado una casa abandonada en mitad del monte para restaurarla piedra a piedra con sus propias manos. Ahora lleva ya 6 años viviendo sola en el monte.

Un flechazo y una compra muy barata

Tal y como explica la chica, la idea no estaba en sus planes al principio, sino que surgió de golpe mientras pasaba la pandemia en el pueblo de su madre. "Tenía una vida muy de ciudad y no tenía nada que ver con un pueblo ni con la gente de aquí", reconoce.

Pero cuando se encontró con la casa perdida, que estaba allí entre matorrales y plantas, sintió algo dentro que le hizo tomar una decisión para cambiar su vida. "No la buscaba, siempre digo que la casa me encontró a mí", admite ella. Tras ver la casa, habló con el dueño y llegó a un acuerdo bastante rápido, aprovechando una gran oportunidad. "Le ofrecí un millón de pesetas, que me parecía una cifra muy simbólica y respetable porque había que invertir mucho en la rehabilitación", dice sobre los 6.000 euros que le costó finalmente el inmueble.

Vivir sin prisas y empezar de cero

Eso sí, los primeros meses fueron muy duros, ya que aquella casa no tenía luz ni agua corriente. "Empecé a limpiar todo, incluso encontré que tenía un lavadero con un manantial propio", cuenta. Además, decidió instalar una placa solar para salir del paso. Por lo que, en lugar de agobiarse con la obra, prefirió tomarse las cosas con calma y disfrutar del proceso de reforma. "Empecé a vivir y poco a poco fui descubriendo todo. No me forcé a nada", dice.

Su mente cambió el chip tras ese gran cambio y ahora ha empezado a ver su pasado en la ciudad con otros ojos. "Cambié mi vida y de repente todo lo que había en la ciudad me empezó a parecer que estaba vacío", asegura muy convencida. Según cuenta, "no hay forma de gastar el dinero", al vivir de forma tan autosuficiente, por lo que nadie duda de que ha encontrado la verdadera paz lejos del estrés diario.