En un país donde el 85,5 % de los jóvenes de entre 16 y 29 años no ha logrado independizarse por la precariedad laboral y los altos precios del alquiler, Arnau Serrado, un joven de 24 años, decidió tomar un rumbo muy distinto.
A los 18 años tomó la decisión de despedirse de Barcelona para vivir en el campo. Seis años después de aquel cambio, ha conseguido volverse completamente autónomo. Cada día disfruta de su propio huerto, de la caza para su consumo, la cría de aves y cabras; así como un negocio propio de cunicultura con el que genera los ingresos económicos suficientes para no depender de nadie más.
Mientras que la media de edad para emanciparse en España ya se sitúa en los 30,2 años, muy por encima de los 26,2 años del promedio de la Unión Europea, Arnau ha conseguido crear y poner en marcha su propia estrategia de supervivencia muy lejos de las grandes ciudades.
Además del estrés que generan este tipo de urbes, el alquiler no se queda atrás. Tan solo hace falta investigar un poco para darse cuenta de que muchos jóvenes ya destinan casi el 80% de su sueldo en un alojamiento.
Ante este escenario, Arnau consiguió lo impensable: una vía alternativa con el que consigue ahorrar y vivir dignamente. “Me siento el hombre más rico de la tierra pudiendo vivir así. Te gastas menos y comes por 10 o por 100 de calidad de lo que compras”, confiesa en el canal de YouTube @Arnau Serrado y Corraleros.
“Cuando vivía en la ciudad me levantaba con poca energía”
La decisión de romper con su forma de vida fue el malestar físico y anímico que Arnau experimentaba durante su adolescencia en la ciudad. "Me levantaba por la mañana con poca energía, estaba estudiando y tenía anemia; estaba superdesganado", relata el joven.
Sus únicas vías de escape eran los fines de semana con su familia en la casa de campo, donde comenzó a salir a cazar con los lugareños a los 15 años. Al cumplir la mayoría de edad, decidió mudarse permanentemente allí él solo y así, dar con el cambio que tanto necesitaba.
El día a día del joven es totalmente diferente a la rutina de su generación, marcada por tasas de paro juvenil cercanas al 25 % y largas jornadas en transporte público. Arnau autogestiona sus recursos energéticos y alimenticios cotidianos: corta madera del bosque para la estufa de leña que calienta su hogar, utiliza placas solares y consume agua de una fuente natural libre de cloro que recoge en garrafas de cristal. "La mayor diferencia de todas es primero de todo la vitalidad que te da vivir así. Te da literalmente vida, vitalidad, energía, ganas de hacer cosas", afirma.
Carne ilimitada y abono natural
Si se habla de alimentación, Arnau confiesa que su comida viene directamente de la naturaleza y de los animales que cría en semilibertad, como patos Ski Campbell para la producción continua de huevos y gallinas.
En su finca dispone de un invernadero construido con ventanas recicladas donde cultiva tomates, calabazas, judías, espinacas, ajos y cebollas partiendo de la semilla. Todo residuo vegetal o excedente de la cosecha se destina a la alimentación de los animales, cuyos excrementos invernales se compostan junto a millones de lombrices para generar humus natural, eliminando así el gasto que supondrían los abonos químicos para su cartera.
Sin embargo, el pilar central está en la actividad cinegética legal dentro del pueblo, la cual defiende firmemente por motivos éticos y ecológicos frente a la industria ganadera tradicional. "Si yo decidiera comer solo lo que produzco, podría vivir y prosperar perfectamente aquí en la montaña. La carne viene de la caza, o sea que tengo carne ilimitada lo que sea capaz de cazar para autoconsumo de forma legal", detalla Arnau.
Aprovecha el ciervo o el corzo, elaborando de manera artesanal hamburguesas, longanizas y fuets para conservar los alimentos fuera del congelador, y curte las pieles mediante métodos tradicionales empleando los aceites del propio cerebro del animal para confeccionar alfombras o bolsos.
La cunicultura y las redes sociales como motor financiero
Pese al alto nivel de autoabastecimiento, Arnau recalca que su objetivo no es ser 100 % autosuficiente de manera aislada, sino compatibilizar estas labores con una fuente de ingresos estable que no le condicione los horarios.
Mientras que más del 65 % de los jóvenes trabajadores de entre 18 y 34 años en España permanecen atrapados en el hogar paterno debido a salarios que no alcanzan para cubrir una renta, Arnau ha logrado rentabilizar su pasión de la infancia: la cría de conejos.
A través de su granja, cría conejos criados en grupos sociales, sin jaulas restrictivas y alimentados con pienso de alta calidad para personas que buscan una mascota cuidada bajo rigurosos estándares de bienestar animal.

"Este negocio no funcionaría porque nadie conocería el proyecto si no fuera constante en redes sociales. Combinarlo con redes hará que llegue mucho más público y que obtengas dos, tres, cuatro o cinco veces más en ventas", aconseja el criador.
El único perjuicio que reconoce en su cotidianidad es la ubicación de sus seres queridos: "Lo único que echo de menos es ciertos amigos y amistades que ahora en el día a día no puedo ver ni para tomar un café porque viven lejos". No obstante, concluye con un mensaje optimista para aquellos jóvenes que se sienten impotentes en los pisos urbanos, asegurándoles que el acceso al campo es viable si existe determinación, aprendizaje y una red comunitaria.

