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Una asesora fiscal de 50 años admite que trabaja hasta 60 horas semanales: “Gano más de 11.000 euros al mes, más la bonificación”

La directiva, especializada en tecnología tributaria e inteligencia artificial, asegura que gran parte de su jornada la pasa en reuniones y que su objetivo es “tener más vida”.

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Una asesora fiscal al azar |Envato
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:
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La transformación digital también ha llegado al mundo de la fiscalidad, un sector que tradicionalmente se ha asociado a la burocracia y a las tareas técnicas, pero que ahora demanda perfiles que no solo sepan de fiscalidad, sino que también entiendan de gestión internacional y tecnología. Ese es el caso de Katja Dellinger, una asesora fiscal alemana de 50 años que trabaja para una multinacional y que percibe un salario bruto mensual de 11.600 euros, al que se suma un bonus anual de hasta 45.000 euros vinculado a los resultados de la empresa.

Dellinger dirige un pequeño equipo encargado de desarrollar herramientas tecnológicas aplicadas al ámbito tributario. Entre sus proyectos figura la creación de un chatbot de inteligencia artificial destinado a responder preguntas fiscales de los empleados de la compañía en distintos países. Según explica en una entrevista para el medio alemán Die Zeit, la mayor dificultad del sistema es adaptar las respuestas a legislaciones de más de 200 jurisdicciones, donde cambian las normas sobre impuestos, aduanas o recursos humanos.

La asesora fiscal trabaja la mayor parte del tiempo desde casa y reconoce que la carga laboral es alta. Aunque su contrato es de 40 horas semanales, asegura que normalmente trabaja entre 50 y 60 horas. “Paso siete u ocho horas al día en reuniones”, afirma. El resto del tiempo lo dedica a redactar informes, coordinar equipos y convencer a otros departamentos de adoptar nuevas herramientas tecnológicas.

El auge de la digitalización y de la inteligencia artificial está modificando el perfil de los profesionales de la asesoría fiscal. Dellinger, que estudió Administración y Dirección de Empresas, admite que tuvo que aprender nociones de tecnología para poder trabajar junto con especialistas informáticos. Según relata, leyó “incluso un libro de programación para principiantes para poder entender el lenguaje tecnológico”.

Antes de incorporarse a su actual empresa, trabajó en una de las denominadas Big Four, las cuatro grandes firmas internacionales de auditoría y consultoría. Sin embargo, recuerda esa etapa con frustración porque muchas de las horas que dedicaba a ayudar a compañeros o a tareas internas no se podían cobrar a los clientes y, según dice, sentía que ese esfuerzo no se valoraba. Después se incorporó a una empresa extranjera, donde creó desde cero su departamento fiscal.

Pese a su elevado salario, la directiva considera que la brecha de género sigue presente en el sector y afirma que “si fuera un hombre, probablemente ganaría más”.

Viviendas pagadas y elevada capacidad de ahorro

La situación económica de la familia refleja sus altos ingresos. Su marido, que trabaja como consultor empresarial, gana alrededor de 6.000 euros al mes. Además, la pareja tiene dos viviendas ya pagadas: la casa en la que viven, comprada en 2007 por 500.000 euros, y un apartamento de dos habitaciones que alquilan por 900 euros mensuales.

La familia también tiene una gran capacidad de ahorro. Después de terminar de pagar la hipoteca de la vivienda que tienen alquilada, calculan que cada mes les sobran entre 4.000 y 5.000 euros. Parte de ese dinero lo destinan a inversiones y productos de ahorro.

Sus elevados ingresos también les permiten gastar más en ocio y servicios. La familia dedica unos 15.000 euros al año a viajes, más de 900 euros al mes a seguros y alrededor de 700 euros mensuales a actividades culturales y tiempo libre. Además, Dellinger paga 500 euros al mes a una empleada doméstica que va a su casa dos veces por semana, ya que “nunca me gustó limpiar, pero sí vivir en una casa ordenada”.

Aun así, la asesora fiscal asegura que ahora valora más el tiempo libre que el dinero. Después de muchos años trabajando largas jornadas, concluye que “en el futuro preferiría trabajar menos y disfrutar más de la vida”.