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La UE cambia las normas: a partir de 2030 quedarán prohibidos los envases de plástico de un solo uso para frutas frescas y artículos de hostelería

El nuevo Reglamento de Envases y Residuos exige a la hostelería y los supermercados transitar hacia formatos reutilizables y a granel.

Pedro Sánchez, junto a Ursula Von der Leyen
Pedro Sánchez, junto a Ursula Von der Leyen |EFE
Francisco Miralles
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La industria alimentaria y el sector hostelero en Europa se preparan para un cambio estructural profundo. A partir del 1 de enero de 2030, la Unión Europea dará el paso definitivo en su estrategia de economía circular para acabar con la cultura de “usar y tirar”, y el resto de potencias mundiales observan de cerca.

Aunque muchas de las medidas de reducción y reciclaje ya se han ido introduciendo de forma progresiva, la fecha de enero de 2030 marca el límite absoluto, pues ningún establecimiento, por pequeño que sea, podrá operar con normalidad si no ha eliminado por completo los envases de plástico de un solo uso detallados por el nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR).

Desde hace años, los consumidores estaban acostumbrados a comprar manzanas envueltas en film transparente o a aliñar su ensalada en un bar abriendo diminutos sobres de aceite y vinagre. Aunque la UE ya había prohibido pajitas y cubiertos de plástico en el pasado, quedaba pendiente el inmenso volumen de basura generado por las monodosis y los envoltorios ligeros.

A partir del 1 de enero de 2030, estas exigencias se vuelven implacables. El cambio más significativo para el ciudadano medio será la desaparición obligatoria de los sobres de kétchup, mayonesa, aceite y otras salsas en restaurantes, así como los botes en miniatura de champú y gel en los hoteles.

Además, si vas al supermercado, quedará estrictamente prohibido utilizar plástico para comercializar frutas y hortalizas frescas en cantidades inferiores a 1,5 kilos, obligando al fomento de la venta a granel. 

Este despliegue normativo no es una decisión arbitraria. Según datos oficiales, los europeos generan más de 83 millones de toneladas de residuos de envases al año. Con la implementación masiva de estas restricciones, Bruselas estima que se podrá reducir el volumen total de residuos de envases en un 5% para 2030 y alcanzar un 15% de reducción para 2040 en toda la Unión Europea.

El fin de las monodosis

Otra de las medidas clave que entra en vigor de forma total al inicio de la próxima década es la transición obligatoria hacia sistemas de dispensación colectivos. Todos los bares y cafeterías deberán adaptar sus mesas para que, en lugar de entregar un sobre de plástico rasgable, el cliente utilice botellas rellenables, dispensadores o azucareros de vidrio.

Aunque el uso de papel o cartón seguirá estando permitido para ciertas monodosis, la condición técnica es drástica: el envase se considerará plástico y será prohibido si su contenido de polímeros es igual o superior al 5%.

Virginijus Sinkevičius, excomisario europeo de Medio Ambiente, Océanos y Pesca e impulsor de la medida, ha señalado sobre estas normativas que “cada día producimos medio kilo de residuos de envases por persona. Estas nuevas reglas proponen pasos cruciales para hacer que el envasado sostenible sea la norma en la UE”.

Además, se generaliza el control sobre el diseño del empaquetado y el comercio electrónico. Para acabar con el transporte de cajas medio vacías, la norma instaura que el espacio vacío en los paquetes no podrá superar el 50%.

En caso de un pedido online, el diseño del paquete quedará ajustado al tamaño real del producto, garantizando que las empresas dejen de transportar “aire” y optimicen la logística, reduciendo la huella de carbono de forma drástica.