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José, 52 años, albañil y durmiendo en la calle: "La gente piensa que uno vive en la calle porque quiere, pero no es así"

Perdió el trabajo y no podía seguir pagando la hipoteca, por eso ahora duerme entre cartones en el centro de Jerez.

José en la puerta de una iglesia
José, 52 años, albañil y durmiendo en la calle: "La gente piensa que uno vive en la calle porque quiere, pero no es así" |JUAN CARLOS TORO - La Voz del Sur
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Caer en la pobreza extrema no siempre es algo que le ocurre solo a personas con problemas de adicciones, a inmigrantes o a aquellos que tuvieron problemas familiares graves. Hay quienes simplemente tuvieron muy mala suerte en la vida y todo les fue realmente mal, tanto en el ámbito laboral como en el de la vivienda o el económico, y cuando todos los factores se juntan resulta difícil salir de ahí.

Muchas veces basta con un problema económico que se mantiene en el tiempo para que trabajadores acaben siendo uno más de los sinhogares. Otras veces solo hay que mirar el precio de la vivienda para entender como por ejemplo un mozo de almacén prefiere vivir en la calle y tener para comer que pagar una habitación y no tener comida. 

Un caso más de lo que define mejor al fracaso de la sociedad, que son los sintecho, es el de José, que a sus 52 años lleva ya 4 años durmiendo a la intemperie en las calles de Jerez, con solo un saco de dormir y teniendo que pedir dinero.

En una reciente entrevista publicada por el medio La Voz del Sur, este albañil, pintor y escayolista contó su calvario, el cual comenzó cuando se quedó en paro con 48 años. Sin ingresos suficientes para cubrir las cuotas mensuales de su vivienda, el desenlace fue implacable. "Intenté renegociar con el banco, pedí una letra más baja, pero me dijeron que no se podía, que el contrato era así", recordó el trabajador, detallando cómo la entidad financiera le arrebató su hogar en apenas unos meses tras haber pagado religiosamente durante diez años.

La invisibilidad de la calle y el bucle de la depresión

Desde entonces, su vida transcurre sentado en los escalones de la capilla del Señor de la Puerta Real de Jerez, esperando que alguien le ofrezca unas monedas para comer. El impacto psicológico de esta situación resulta completamente devastador para él. "La verdad es que estoy muy desanimado. Después de casi cuatro años así, ya casi no tengo esperanza. A veces pienso que ojalá me muriera y se acabara todo. Estoy en un bucle de depresión", confesó con la voz quebrada durante su profunda charla con el reportero.

Pero si hay algo que lleva mal de verdad es la soledad y la indiferencia de la gente, ya que siente que se vuelve invisible para las personas que pasan por delante de él, y es que vivir en la calle. "Hay mucha gente que pasa por delante y es como si no existiera. Te vuelves invisible. A veces doy los buenos días y no me responden. Creo que no quieren mirar la realidad. No saben que a cualquiera le puede pasar", reflexionó el andaluz. Por si fuera poco, el estigma y las críticas le persiguen constantemente. "La gente piensa que uno vive en la calle porque quiere, pero no es así", se defendió con enorme impotencia, aclarando que en su situación "es mejor no hacer caso, porque te buscas un problema".

El dibujo como vía de escape para no rendirse

Para lograr sobrellevar las eternas horas muertas, José se refugia en una pequeña libreta donde plasma sus habilidades de juventud y escribe reflexiones que surgen de sus propias vivencias. "Las personas son como los libros: te juzgan por la portada sin saber lo que hay dentro", rezaba una de sus frases manuscritas mostradas en el reportaje. O como él mismo anotó para darse fuerzas: "Es mejor pedir perdón que ahogarse en el orgullo".

Ya que la vergüenza le impide pedir auxilio a sus seres queridos, prefiere ocultarles su dramática verdad a toda costa. "No quiero que mi familia me vea así. Prefiero decirles que estoy trabajando, que estoy bien, aunque sea mentira", reconoció abiertamente. Por lo que, atrapado en un sistema burocrático que no le permite empadronarse ni solicitar subsidios por carecer de dirección, este antiguo operario de la construcción sigue implorando una simple oportunidad laboral para poder recuperar su dignidad.