Logo de Huffpost

El negocio sueco de la basura: cobran por residuos extranjeros y luego venden la energía que producen

La capacidad de las incineradoras del país supera los residuos generados por lo que recibe desechos principalmente de Reino Unido, Noruega e Italia con los que produce electricidad.

Ulf Kristensson durante una comparecencia
El primer ministro sueco, Ulf Kristensson, durante una rueda de prensa en la sede de la UE. |Europa Press
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:

Suecia ha convertido la basura procedente de otros países en una fuente de ingresos que, de momento, les está dando resultados. Según los datos de la Agencia Sueca de Protección Ambiental, se han importado 3,86 millones de toneladas de residuos en 2024 frente a los 2,92 millones de 2022. Todo esto en un país donde el reciclaje es fundamental y se enseña en los colegios a los niños desde que son pequeños. 

Los residuos que entran en Suecia para participar en este ciclo con el que se consiguen ganancias bastante importantes llegan desde Reino Unido, Noruega e Italia por carretera y barcos. Estos países pagan una cantidad a las plantas de reciclaje suecas para que sean ellas quienes se hagan cargo de la basura que luego usarán para pagar la calefacción y la electricidad.

Así lo explica Space Daily, que apunta a que las vías de financiación vienen de dos bandas. La primera de ellas es el cobro de una tarifa especial por recibir estos residuos extranjeros y la segunda, de vender la energía que se ha conseguido durante el tratamiento a los hogares y municipios suecos. 

Suecia tiene una alta capacidad de reciclaje de basuras

Este modelo de negocio tiene su origen en el sistema de calefacción urbana que ha desarrollado Suecia durante décadas. En vez de contar con una caldera individual en cada edificio, las grandes plantas de reciclaje de residuos generan calor y lo reparten entre los diferentes barrios mediante redes aisladas de tuberías. 

La mejora del reciclaje ha conllevado que se reduzca el número de vertederos en el país y a consecuencia de ello, las incineradoras construidas para gestionar un volumen más alto de residuos ahora tienen más capacidad que combustible. 

Para mantenerlas en funcionamiento, Suecia empezó a importar residuos de otros países europeos y según datos del Consejo Nórdico de Ministros, entre 1,4 y 1,6 millones de toneladas anuales de los residuos importados se emplean como combustible para plantas incineradoras. El resto va por otro camino.

El secreto está en que para los otros países es mucho más económico mandar la basura a Suecia que encargarse ellos mismos de su tratamiento o construir plantas específicas sobre todo teniendo en cuenta que estas actuaciones suelen venir de la mano de impuestos especiales y permisos.

Cobran por la basura y venden la energía producida

Las tarifas actuales que cobran las instalaciones no las conoce nadie, porque tienen prohibido hacerlas públicas pero se estima que el margen es de 373 coronas suecas (unos 34 euros) por tonelada en 2015 según datos que publicó la cadena SVT.

Ese año en concreto, las plantas recibieron 2,14 millones de toneladas de residuos importados lo que generó 798 millones de coronas pero es un cálculo que se llevó a cabo hace más de 10 años y es distinto al que se puede generar a día de hoy. 

Un cubo de basura en medio del campo. | Envato

De este modo, según el medio consultado, una cuarta parte de la calefacción de Suecia proviene de la incineración de residuos. Pasando a 2022, estas plantas generaron 17,9 teravatios a la hora de calor y en torno a 3 teravatios hora de electricidad, y la Agencia Sueca de la Energía cifra esta recuperación energética anual de residuos en 19,5 teravatios hora, que es suficiente para calentar más de 1,47 millones de viviendas y dar luz a otras 940.000.

Avfall Sverige ha asegurado que Suecia no depende sólo de la basura extranjera y que en caso de que dejase de recibirla, las calderas podrían emplear biocombustible por lo que las importaciones responden a una decisión económica.

Las principales críticas tienen que ver con las emisiones

Pero no todo son buenos ojos a este modelo y ya aparecen las primeras críticas que tienen que ver, sobre todo, con el impacto ambiental porque quemar residuos genera dióxido de carbono especialmente cuando tienen plásticos fabricados por combustibles fósiles. 

En 2021, incinerar basura supuso el 73% de las emisiones equivalentes de CO2 del sector sueco de electricidad y calefacción según el Consejo de Ministros sueco, esto quiere decir que su peso en la economía local aumenta al tiempo que otras plantas cambian el carbón y el petróleo por biocombustibles. 

Los ecologistas recuerdan que ofrecer una vía económica para eliminar la basura reduciría los incentivos en los países exportadores para invertir en reciclaje ya que la norma europea pone por delante el reciclaje de materiales que el poder reconvertirlos en energía.

En 2020 se propuso un impuesto a la incineración de 75 coronas (8 euros aproximadamente) por tonelada, pero el Parlamento lo eliminó en 2023 porque afirmaba que desincentivaba las inversiones sin lograr que una buena parte de los residuos se dedicase al reciclaje.