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Un agricultor rechaza 700.000 euros por vender su finca de una hectárea en Madrid: “Quiero dejar un legado a mi familia y a la humanidad”

Christian gestiona una huerta de una hectárea con siete trabajadores y más de 80 variedades de cultivo, y asegura que rechazó una oferta para convertirla en un espacio para eventos.

Christian González agricultor
Christian González, agricultor |Instagram (@lahuertadeabril)
Fernando García Ferrer
Fecha de actualización:

Vivir de la agricultura sigue siendo posible, pero requiere inversión, trabajo y asumir riesgos que pueden poner en peligro toda una campaña. Así lo explica Cristian, agricultor de 46 años que gestiona una huerta de una hectárea en Bustarviejo, en la Comunidad de Madrid, situada a unos 1.300 metros de altitud.

En una entrevista para el canal de YouTube de Goly, Cristian cuenta que compraron el terreno por unos 38.000 euros, aunque ponerlo en funcionamiento ha requerido invertir mucho más dinero. A pesar de ello, asegura que llegó a rechazar una oferta de 700.000 euros por la finca. “Les he dicho que no a 700.000 euros”, afirma.

Puso en marcha su huerto después de casi dos décadas

Según explica, la propuesta procedía de un amigo que quería utilizar el terreno para organizar eventos. Sin embargo, Cristian decidió conservar el proyecto agrícola y recuperar la finca que llevaba entre 15 y 20 años prácticamente abandonada. Desde entonces, han invertido en vallado, sistemas de riego, instalaciones y materiales necesarios para hacerla productiva.

Según cuenta, solo la valla costó alrededor de 18.000 euros, mientras que preparar una zona de venta supuso otros 20.000. A ello hay que sumar herramientas, mallas, tuberías y plantas. “En plantas y semillas nos hemos gastado este año ya 4.000 o 5.000 euros”, explica, y actualmente trabajan siete personas en la explotación.

Cultiva más de 80 variedades sin productos químicos

Cristian apuesta por una agricultura orgánica y asegura que no utiliza productos químicos. La explotación cuenta con más de 80 o 90 referencias comerciales, entre verduras, hortalizas y otras variedades.

Su estrategia consiste en cultivar muchas especies diferentes para reducir el riesgo de perder toda la cosecha ante una plaga. “Cuanta mayor diversidad de especies vegetales, es más difícil que venga una plaga, te ataque y pierdas la cosecha entera”, explica.

Además, elaboran sus propios abonos con estiércol y materia orgánica y utilizan placas solares para bombear el agua de un pozo antiguo.

“Vivir del campo” también implica asumir pérdidas

El agricultor reconoce que calcular los precios no es sencillo porque cada campaña es diferente. Para fijarlos, tienen en cuenta el coste de las plantas, el mantenimiento, el riego, el tiempo de trabajo y la amortización de la explotación. “Hay años que a lo mejor se te da bien el tomate y sacas más producción, pero hay años que a lo mejor te viene una granizada”, explica.

De hecho, asegura que una de esas granizadas puso en peligro la continuidad del negocio. “Tuvimos dos granizadas en los últimos seis años y en una de ellas tuvimos que hacer un crowdfunding para no cerrar la huerta”, recuerda.

Para salir adelante, vendieron por adelantado productos de la siguiente campaña, experiencias en la finca y cestas de alimentos, y la respuesta de los clientes les permitió continuar.

Vende tomates por entre 5 y 6,50 euros el kilo

La huerta cuenta con varios canales de venta. Parte del producto se comercializa directamente en la propia finca y otra parte se distribuye a restaurantes y cocineros, algunos de ellos reconocidos con Estrellas Michelin.

Cristian explica que sus tomates se venden aproximadamente entre 5 y 6,50 euros el kilo, aunque defiende que el precio debe valorarse en función de la calidad del producto. “Caro o barato depende de la calidad de lo que estás comiendo”, sostiene.

Para él, que cocineros reconocidos utilicen sus verduras supone también una forma de reconocimiento profesional. “Cuando sirves a tantos Estrella Michelin es porque esos mismos cocineros también están premiando tu trabajo”, afirma.

“Quiero dejar un legado”

Pese a la oferta económica que recibió por el terreno, Cristian asegura que su objetivo va más allá de rentabilizar la finca. Quiere conservar variedades tradicionales, mantener semillas y “dejar un legado a mi familia y a la humanidad”. También reconoce que le gustaría que alguna de sus hijas continuara con la huerta en el futuro.

“Creo que es necesario que haya gente cultivando hortalizas y manteniendo colecciones de semillas y colecciones botánicas”, sostiene. Para Cristian, el verdadero valor de la explotación no está únicamente en cuánto podría obtener vendiéndola, sino en el conocimiento, las semillas y el modelo de agricultura que ha desarrollado durante años.