Hoy en día, las oficinas viven dominadas por las prisas y la competencia. Por eso, muchos trabajadores piensan que dejarse la piel y echar horas como locos es el único camino para triunfar.
Sin embargo, la realidad es justo al revés: este exceso de esfuerzo no garantiza que vayas a destacar, sino que suele llevarte directo a sufrir un desgaste profesional extremo o acabar ‘quemado’ por el trabajo.
“Cambiarse de trabajo debe ser la última medida”
La psicología del bienestar laboral demuestra que el esfuerzo desmedido es un patrón de supervivencia aprendido en entornos donde el premio por trabajar bien es, simplemente, darte más trabajo.
Como bien explica Rafael, experto en bienestar laboral y creador de la cuenta @rafabienestarlaboral, muchas personas cambian de trabajo pensando que se van a librar de este desgaste, pero después de un tiempo todo empieza a repetirse: "Y es que cambiar de trabajo debe ser la última medida a tomar, ya que normalmente las personas tienden a repetir patrones".
Un gesto importante, pero que pasa inadvertido para muchos empleados es intentar demostrar la profesionalidad de manera continua y reaccionar de forma impulsiva ante los problemas. Ese comportamiento genera estrés y denota inseguridad.
No se premia al que más se esfuerza
Un estudio de la Universidad de Harvard, la Fundación Carnegie y el Instituto de Stanford demuestra que los trabajadores que más destacan deben el 85% de su éxito a su buena mano con la gente y a cómo se relacionan. Solo el 15% restante depende de sus conocimientos técnicos o de oficina.
Los psicólogos explican que saber tratar con los demás te da herramientas clave para comunicarte mejor y ganar fuerza dentro de cualquier empresa. Por eso, si entras a un nuevo empleo y notas que te estás empezando a quemar otra vez, el psicólogo Rafael aconseja no culparse: "Imagina que te has ido a una nueva empresa, tienes otros jefes, nuevos compañeros, tareas diferentes, pero sientes que algo no va bien. Así que empiezas a pensar si es que el problema eres tú. Pues no, el problema no eres tú, sino el patrón que has tenido que aprender, el de la supervivencia".
Este hábito aparece cuando te toca adaptarte a empresas con mal ambiente, donde "cuestionar es castigado, donde no se premia al que más se esfuerza y donde el premio por trabajar bien es trabajar más".
“Pon tus reglas y no te compares con los demás”
Para no quemarte con esa autoexigencia, lo mejor es mantener un perfil bajo pero visible, lo que te permite tomartelo todo con más calma. Rafael propone cuatro consejos prácticos para romper este bucle:
- Identifica lo que sientes: "Reconoce tus emociones cuando te sientas desacreditado". Ponerles nombre te ayudará a no saltar a la primera.
- Marca tu territorio: "Pon tus reglas desde el principio". Cuanto más tardes en poner límites a los demás, peores serán las consecuencias.
- Ve a lo tuyo: "No te compares con los demás". Asume que el mundo del trabajo es injusto y usa esa realidad a tu favor para trabajar tranquilo y sin llamar demasiado la atención.
- Mira antes de actuar: "Atiende a la importancia de observar". Reaccionar de forma impulsiva demuestra inseguridad. Al final, "no es necesario que demuestres continuamente tu profesionalidad. Tú ya eres profesional, así que observa antes de hablar".
Otras investigaciones que explican este fenómeno
El famoso psicólogo Daniel Goleman descubrió algo muy parecido al analizar a jefes y directivos de cientos de empresas de todo el mundo. Goleman comparó a los empleados estrella con los trabajadores del montón y demostró que el 90% de la diferencia entre ellos se debía a su inteligencia emocional y a su capacidad para relacionarse, y no a lo listos que eran o a su nivel de estudios.
Por otro lado, machacarse a echar horas en la oficina no solo destroza la salud, sino que te hace trabajar mucho peor. Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Universidad de Stanford revelan que el rendimiento de un empleado cae un 25% cuando se pasa de la raya con el horario.
Es una contradicción total: por mucho que alargues el día, no vas a aportar más valor a la empresa. En cambio, saber hablar con los compañeros y crear buenos lazos, como también asegura el conocido Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, es el mejor secreto para tener éxito, salud y felicidad durante toda tu vida laboral.