El transporte por carretera es fundamental para que todo funcione. Desde que lleguen alimentos a los supermercados hasta que las empresas reciban sus mercancías. Pero detrás de esa imagen hay una realidad menos visible de jornadas eternas, descansos que no siempre se respetan, noches fuera de casa y poca seguridad dependiendo de las rutas.
Begoña Urmeneta lleva 30 años conduciendo camiones y conoce de primera mano lo que ocurre en la carretera. Fue una de las primeras mujeres en ponerse al volante de un tráiler en la Comunidad Valenciana y, después de tres décadas en el sector, asegura que “no se respetan los descansos de 12 horas” y que ha llegado a trabajar “hasta 24 horas seguidas”.
Largas jornadas y horas extra sin pagar
La camionera, conocida como la “camionera metalera” por su afición a la música, contó en el podcast ‘Rutas de Éxito’ que el trabajo de un conductor no se limita a las horas al volante. Según explica, muchas veces la jornada empieza el lunes al arrancar el camión y termina el viernes al volver a casa.
Begoña también desmonta la idea de que todos los camioneros ganan mucho dinero. Explica que un salario de unos 3.000 euros puede parecer elevado, pero deja de serlo cuando se calcula sobre el tiempo real de trabajo, que se basa en conducción, esperas, carga y descarga, descansos fuera de casa y noches en la cabina. Además, a eso se suman, las horas extra “que no las paga ni Dios”, denuncia.
“Mi vecina decía que ganábamos mucho, pero yo le decía que ella ganaba más con 1.500 euros por 8 horas. Yo hago tres turnos diarios de 8 horas. Si ella cobra 1.500 por un turno, yo por tres debería ganar 4.500 para cobrar lo mismo”.
Aun así, asegura que en su caso no sufrió discriminación salarial por ser mujer y siempre cobró lo mismo que sus compañeros hombres. Donde sí encontró más dificultades fue en la conciliación. Cuando sus hijos eran pequeños, eligió rutas comarcales para poder estar más en casa y, más tarde, pasó al transporte internacional, pero con la condición de volver los fines de semana. “A las chicas nuevas les digo que decidan por sí mismas, que pongan límites desde el principio”, señala.
Denuncia que el problema no es la falta de camioneros
Begoña también cree que el problema del transporte no es que falten camioneros, sino que cada vez hay menos personas dispuestas a aceptar ciertas condiciones. “No faltan camioneros, faltan conductores que acepten condiciones ilegales”, asegura, haciendo hincapié en que muchas veces los chóferes terminan alargando jornadas o sacrificando descansos para poder volver a casa el fin de semana.
Aunque reconoce que el sector ha mejorado mucho respecto a hace años, cuando las rutas internacionales se hacían prácticamente “del tirón”, asegura que todavía hay demasiadas cosas que siguen recayendo sobre el conductor. “Se cumple la ley de tráfico por seguridad, pero no la ley laboral”, critica, señalando que la competencia entre empresas por mantener clientes acaba afectando directamente a los trabajadores, que son quienes terminan asumiendo las peores condiciones.
Por eso, Begoña insiste en que la solución pasa por mejorar las condiciones laborales y dejar de normalizar jornadas que no son razonables. Para ella, el transporte sigue siendo una profesión con muchas cosas buenas, pero necesita cambios para que quienes están al volante puedan trabajar con descansos, sueldos y horarios más justos.