Noruega da una lección a España sobre el sistema de pensiones: la pensión pública ya no basta para garantizar el nivel de vida en un sistema de reparto

El modelo de Oslo asume que el Estado solo puede asegurar una cobertura básica y fía el mantenimiento del poder adquisitivo a la capitalización obligatoria de las empresas y al auge del "des-retiro".

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz |Europa Press
Fecha de actualización:

En España, nuestro sistema público de pensiones lleva los últimos 15 años aplicando diferentes reformas, con el objetivo de hacer sostenible un sistema que aún sigue dependiendo de una pata, siendo esta el Estado. Entre estas reformas nos encontramos la Ley 27/2011, la Ley 21/2021 o el Real Decreto-ley 2/2023. Ahora bien, la realidad es que vivimos en un sistema muy tensionado, pues se lleva el 12% del PIB y podría llegar al 18% para 2050 según algunos expertos economistas. Es por eso que, si miramos a la sostenibilidad de las pensiones en Europa, no podemos dejar pasar a Noruega.

En este sentido, mientras España fía la solvencia de su Seguridad Social casi exclusivamente a las cotizaciones de los trabajadores activos (un sistema de reparto puro sometido a la tensión del envejecimiento), Noruega (con una puntuación de 76.0 en el índice global de Mercer) se posiciona como un modelo del que debemos aprender que el pilar público es necesario, pero ya no es suficiente.

Puntuación del sistema de pensiones: comparación internacional por indicadores (A1-A4) con Noruega destacada | MERCER

Según un análisis donde comparan los datos de la Administración Noruega de Trabajo y Bienestar (NAV) y la estructura del Fondo de Pensiones del Gobierno Global (GPFG), el éxito de su sistema de pensiones se debe precisamente a lo que no hace España: fiar toda la sostenibilidad a una sola pata.

La idea es que Noruega no puede mantener la pensión si los trabajadores deciden jubilarse a la edad ordinaria, es decir, mantener una alta tasa de sustitución. Por ese motivo, el Estado de Oslo incentiva el trabajar más allá de los 67 años (en el caso de España son 66 años y 10 meses o 65 años si se tienen 38 años y tres meses cotizados).

Por otro lado, están las revalorizaciones y la hucha del sistema. En España, el artículo 58 de la Ley General de la Seguridad Social (disponible en este BOE) establece que las pensiones se revalorizarán cada año conforme al IPC, a lo que se suman otras fórmulas como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI). Noruega piensa que este tipo de medidas tienen un recorrido muy corto, ya que están basadas en un sistema de reparto único.

Su sistema se basa en que la pensión pública (folketrygden), sostenida con una cotización del 18,1% sobre los salarios, es como la pata principal o 'suelo' de protección. El Estado sabe que cobrar esa pensión sería insuficiente para garantizar un mínimo nivel de vida dentro de una clase media en la jubilación. Adicionalmente, Noruega puso en marcha la obligación de los planes de pensiones ocupacionales (AFP), convirtiendo el ahorro a través de la empresa en un complemento para la futura jubilación.

Mientras en España los planes de pensiones son voluntarios y su alcance es limitado, en Noruega todo trabajador tiene la obligación de construir su propia hucha privada, la cual servirá para engordar su pensión. Este sistema mixto permite que los jubilados cobren de media el 66% de su último salario; lo cual es positivo, ya que al final la pensión no depende solo de las cotizaciones.

El “des-retiro” como necesidad económica

La segunda diferencia tiene que ver con la forma de ahorrar. El Fondo de Pensiones del Gobierno Global noruego es el más potente del mundo, ya que controla activos por encima de los 1,5 billones de euros (unos 250.000 euros por ciudadano), además de tener el control del 1,5% de todas las acciones del planeta.

España tiene una lección que tomar en forma de gestión, ya que Oslo aplica una “Regla Fiscal” en la que el Gobierno tiene prohibido tocar el principal del fondo; solo puede utilizar el rendimiento real esperado (cifrado en torno al 3%) para cuadrar los presupuestos anuales.

Esto va en contra de lo que hizo España, que vació el Fondo de Reserva de la Seguridad Social durante la crisis financiera para poder pagar así las nóminas. De esta forma, mientras España consumía sus ahorros para tapar ese déficit, Noruega invertía sus excedentes fuera del país para evitar un “sobrecalentamiento de su economía” y poder garantizar el bienestar de las futuras jubilaciones.

Por último, Noruega lleva aplicando una modalidad que ahora está resonando en España y es la conocida como “jubilación flexible”. La reforma de 2011 puso en marcha la flexibilidad total o unretirement, por la cual se puede cobrar el 100% de la pensión y trabajar a la vez sin penalización.

España también cuenta con esta modalidad (de hecho tiene tres: parcial, flexible y activa), pero tiene una diferencia con el modelo noruego, y es que en todas las modalidades se reduce la pensión para poder permitir cobrar un salario. Es cierto que esas cotizaciones servirán para aumentar la pensión una vez se deje de trabajar de forma parcial.

Por último, según los datos del informe de Actualidad Internacional Sociolaboral, la tasa de ocupación de los noruegos entre 55 y 64 años alcanza el 72,2%, una de las más altas de Europa, frente al 46,9% de España.

Otras noticias interesantes

Lo más leído

Últimas noticias