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La psicología explica por qué los que nacieron en los años 50 y 60 empezaban a trabajar mucho antes que las generaciones actuales

La necesidad económica y las menores oportunidades educativas marcaron su entrada temprana al mundo laboral.

Jóvenes trabajando en el campo.
Jóvenes trabajando en el campo. |Envato
Icíar Carballo
Fecha de actualización:

Crecer en los años 50 y 60 era muy distinto a hacerlo hoy. Muchas familias tenían menos recursos, estudiar durante muchos años no era algo habitual y empezar a trabajar pronto formaba parte de la vida de miles de jóvenes. En muchos casos, no se trataba de tener una gran vocación ni de querer independizarse cuanto antes, sino de ayudar en casa y aportar dinero a la economía familiar.

Quienes nacieron en esas décadas vivieron una infancia y una adolescencia con muchas más responsabilidades. En las zonas rurales era frecuente que los hijos ayudaran en el campo, con el ganado o en pequeños negocios familiares, mientras que en otros casos, los jóvenes empezaban a trabajar en cuanto tenían edad para hacerlo, y a veces incluso antes.

La posibilidad de seguir estudiando dependía de la situación económica de cada familia, y lo que hoy se considera normal, como es terminar la educación secundaria, ir a la universidad o empezar a trabajar pasados los 20 años, estaba lejos de ser la realidad de una gran parte de la población.

Empezar a trabajar pronto no siempre era una elección

La necesidad económica fue uno de los principales motivos por los que muchos jóvenes entraban tan pronto en el mercado laboral. En familias con pocos ingresos, contar con un sueldo más podía ser importante para llegar a fin de mes.

También había grandes diferencias entre hombres y mujeres, ya que ellas tenían menos oportunidades para estudiar o elegir una profesión y su futuro estaba muy condicionado por las normas sociales de la época, ya que el cuidado de la casa y de la familia seguía considerándose, en muchos casos, su principal responsabilidad.

Por eso, hablar de aquellas generaciones solo como personas más trabajadoras o más sacrificadas puede simplificar demasiado una realidad mucho más compleja, ya que el esfuerzo existía, pero también había menos alternativas.

Aun así, crecer en ese contexto pudo ayudar a muchas personas a desarrollar una mayor capacidad para afrontar problemas y adaptarse a situaciones difíciles. Tener responsabilidades desde muy joven, resolver conflictos sin tanta ayuda de los adultos y aprender a desenvolverse de manera autónoma formaba parte de la vida diaria.

Una infancia con mucha más autonomía

Otro aspecto que diferencia a aquellas generaciones es la libertad con la que muchos niños pasaban su tiempo libre. Era habitual jugar durante horas en la calle, moverse por el barrio sin que estuvieran los padres delante o solucionar pequeños problemas entre amigos sin que interviniera un adulto.

Un trabajo publicado en ‘The Journal of Pediatrics’ por Peter Gray, David Lancy y David Bjorklund señala que la reducción de este tipo de actividades independientes podría estar relacionada con algunos problemas de bienestar psicológico entre niños y adolescentes actuales. Los investigadores destacan que jugar libremente, tomar pequeñas decisiones o aprender a resolver problemas por uno mismo puede ayudar a desarrollar una mayor sensación de autonomía.

Sin embargo, eso no significa que las generaciones de los años 50 y 60 tuvieran una infancia mejor, ya que la falta de supervisión también podía implicar riesgos y, en algunos casos, situaciones de desprotección. Tampoco se puede afirmar que haber pasado más dificultades convierta automáticamente a una persona en alguien más fuerte.

La tolerancia a la frustración, por ejemplo, no depende solo de la época en la que se nace. La Fundación Orienta explica que esta capacidad puede aprenderse y desarrollarse con el tiempo, y que las experiencias familiares y el apoyo recibido durante la infancia tienen un papel importante.