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Los cardiólogos coinciden: “La natación es uno de los ejercicios más completos para fortalecer el corazón, mejorar la circulación, controlar el colesterol y proteger las articulaciones”

Un estudio publicado en British Journal of Sports Medicine asocia la práctica de la natación con un 41% menos de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, aunque los especialistas recuerdan que sus beneficios dependen de la constancia y de adaptar la intensidad a cada persona.

Mujer practicando natación
Mujer practicando natación |Envato
Lucía Rodríguez Ayala
Fecha de actualización:
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Caminar y montar en bicicleta suelen ser las primeras opciones cuando alguien quiere empezar a moverse para cuidar el corazón. Son ejercicios sencillos, baratos y fáciles de encajar en el día a día, pero no siempre sirven igual para todo el mundo. Quien tiene dolor de rodilla, molestias de espalda, sobrepeso o lleva mucho tiempo sin hacer deporte puede notar que cada paso pesa más de la cuenta.

Ahí es donde la natación gana fuerza porque permite entrenar el corazón sin castigar tanto las articulaciones. En el agua, el cuerpo pesa menos, los movimientos son más suaves y el esfuerzo se reparte entre brazos, piernas, espalda y abdomen. Esa mezcla convierte la piscina en una opción especialmente cómoda para quienes quieren volver a hacer ejercicio sin sufrir desde el primer día.

La ciencia también respalda parte de esa ventaja. Un estudio publicado en British Journal of Sports Medicine, realizado sobre 80.306 adultos de Inglaterra y Escocia, relacionó la natación con un 28% menos de riesgo de muerte por cualquier causa y con un 41% menos de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular frente a quienes no la practicaban.

Dejar claro, que ese dato no significa que nadar evite por sí solo un infarto o un ictus. Lo que muestra es que, dentro de esa muestra, las personas que nadaban presentaban mejores resultados cardiovasculares. La diferencia está en la constancia, la intensidad, la edad, la salud previa y el resto de hábitos. Nadar ayuda, pero no sustituye una buena alimentación, las revisiones médicas ni los tratamientos cuando son necesarios.

La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada en adultos. La natación encaja bien en esa pauta porque eleva la frecuencia cardíaca, mejora la resistencia y permite moverse con menos impacto que otros deportes.

Las cuatro ventajas de nadar

La natación tiene algo que muchos ejercicios no ofrecen: permite trabajar mucho sin que el cuerpo lo perciba como una agresión. Sus beneficios se entienden mejor en cuatro claves:

  • Cuida el corazón sin golpes constantes. Al nadar, el sistema cardiovascular trabaja de forma sostenida y mejora la resistencia.
  • Mueve casi todo el cuerpo. Brazos, piernas, espalda y abdomen participan al mismo tiempo, algo que no siempre ocurre al caminar en llano.
  • Ayuda a controlar factores de riesgo. Como ejercicio aeróbico regular, puede contribuir a mejorar la presión arterial, el peso y el colesterol dentro de un estilo de vida saludable.
  • Alivia la carga sobre las articulaciones. Los CDC recuerdan que el ejercicio en el agua permite moverse durante más tiempo sin aumentar el dolor articular o muscular, especialmente en personas con artritis u osteoartritis.

A tener en cuenta

La natación no es el mejor ejercicio para todo el mundo, para algunas personas será más fácil caminar, usar la bicicleta estática, hacer fuerza suave o combinar varias actividades. Lo importante es que el ejercicio se pueda mantener sin dolor y sin abandonarlo a las dos semanas.

Su gran ventaja es que abre una puerta a quienes no se sienten cómodos con otros deportes. En el agua hay menos impacto, menos sensación de peso y más margen para empezar poco a poco, por eso puede ser una buena opción para personas con molestias articulares, sobrepeso o baja forma física.

Quienes tienen una enfermedad cardíaca, problemas respiratorios o llevan años sin entrenar deberían consultar antes con un profesional sanitario. Para el resto, nadar con regularidad puede ser una forma sencilla de cuidar el corazón, ganar resistencia y volver a moverse sin que el cuerpo lo viva como un castigo.