La inteligencia artificial ya está entrando en las administraciones públicas y, con ella, también está cambiando la forma de trabajar de sus empleados. Tareas que hasta ahora podían llevar horas, como revisar documentación, buscar normativa, comparar expedientes o preparar borradores, pueden acelerarse con estas herramientas, aunque la decisión final sigue dependiendo de una persona real.
Xavier Creus, fundador y Co-CEO de Tendios, una plataforma especializada en contratación pública que utiliza inteligencia artificial para ayudar a las administraciones y empresas a gestionar y analizar procesos de licitación, considera que uno de los principales cambios será precisamente aprender a trabajar junto a esta tecnología.
“La principal competencia ya no será saber hacer una tarea manualmente, sino saber trabajar junto a la inteligencia artificial”, explica a NoticiasTrabajo. Para Creus, el cambio puede compararse con la llegada de los ordenadores al puesto de trabajo. “Igual que hace años aprender a utilizar un ordenador dejó de ser opcional, ahora ocurre lo mismo con la IA”, sostiene.
Eso no significa que los empleados públicos tengan que convertirse en expertos técnicos, sino que tendrán que aprender a dar buenas instrucciones a las herramientas, interpretar sus respuestas, comprobar que la información es correcta y saber cuándo una decisión necesita supervisión humana. “La IA puede acelerar enormemente el trabajo, pero la responsabilidad seguirá siendo humana”, señala.
La IA puede ahorrar horas en tareas administrativas
Uno de los ámbitos donde Creus considera que hay un mayor potencial es la contratación pública, donde buena parte del trabajo consiste en revisar documentación, analizar normativa, preparar pliegos, comparar ofertas o buscar procedimientos similares. “Son procesos que requieren muchas horas de trabajo y donde un pequeño error puede tener consecuencias importantes”, apunta.
La inteligencia artificial ya “puede ayudar a redactar borradores de pliegos a partir de expedientes anteriores, validar automáticamente requisitos normativos, detectar incoherencias en la documentación o localizar resoluciones y expedientes similares en cuestión de segundos”, explica Creus.
Sin embargo, insiste en que no cualquier herramienta resulta adecuada para tareas especialmente sensibles. “En un ámbito tan regulado como la contratación pública, no es recomendable apoyarse en herramientas generalistas para elaborar documentación jurídica o fundamentar decisiones administrativas”, señala, defendiendo que estas herramientas deben trabajar con información especializada y actualizada y que su uso debe mantener siempre la supervisión de profesionales.
“La IA no viene a sustituir al empleado público”
Uno de los principales temores que acompañan al avance de la inteligencia artificial es que termine sustituyendo puestos de trabajo. Sin embargo, Creus niega que ese vaya a ser el principal efecto dentro de la Administración. “Existe una idea equivocada de que la inteligencia artificial va a sustituir al empleado público. Nuestra experiencia nos demuestra justo lo contrario”, afirma.
“La inteligencia artificial podrá analizar miles de documentos, proponer borradores, detectar riesgos o localizar información en segundos, pero la responsabilidad de validar esa información, revisarla, contextualizarla y tomar la decisión final seguirá siendo siempre humana”, explica.
Creus utiliza una comparación para resumir cómo entiende esta relación: “La IA no es un piloto automático. Es un copiloto”. En su opinión, el papel del empleado público no desaparecerá, sino que cambiará hacia un modelo con “menos tiempo dedicado a buscar información o redactar documentos desde cero y más tiempo supervisando, validando y tomando decisiones estratégicas apoyadas por la inteligencia artificial”, apunta.
Los funcionarios tendrán que aprender con casos reales
La formación será fundamental para que los empleados públicos incorporen la IA a su trabajo diario, pero Creus considera que uno de los errores sería centrarse solo en cursos teóricos y no enseñar cómo utilizar estas herramientas en situaciones reales. “La formación no puede entenderse como un curso puntual”, señala, ya que la tecnología cambia demasiado rápido y, según explica, los conocimientos deberán actualizarse de forma continua.
Tampoco cree que la mayoría de los trabajadores necesiten empezar aprendiendo “cómo funcionan los modelos de inteligencia artificial o en conceptos excesivamente teóricos”, afirma. En su lugar, propone enseñar a los empleados públicos a cómo utilizar estas herramientas en “casos de uso reales aplicados a su trabajo diario”, como preparar documentos, revisar información, buscar normativa o automatizar procesos repetitivos.
El objetivo, añade, no debería ser simplemente enseñar a manejar una herramienta, sino conseguir que los trabajadores sepan integrarla en su rutina profesional con criterio y supervisión.
Una Administración más rápida sin que el ciudadano note la IA
Si esta transformación funciona, Creus cree que dentro de unos años “la mayor revolución de la inteligencia artificial en la Administración será, precisamente, que pasará desapercibida para el ciudadano”, afirma. La diferencia se notaría en procesos más rápidos, menos esperas y respuestas más ágiles por parte de la Administración, es decir, “muchas gestiones que hoy requieren semanas podrán resolverse en días, e incluso en horas”, sostiene Creus.
Según explica, esto sería posible porque los empleados públicos dedicarían menos tiempo a tareas mecánicas y más a analizar casos, resolver problemas o tomar decisiones. En definitiva, “la inteligencia artificial no sustituirá la relación entre el ciudadano y la Administración, sino que la hará más eficiente, más cercana y más transparente”, concluye.

