El sector agrario está atravesando momentos complicados tanto en cuanto encontrar trabajadores que quieran trabajar en la tierra con lo duro que es este oficio resulta cada día más difícil. Y es que las largas jornadas bajo el sol y un reporte económico que la mayoría de las veces no se sabe seguro de cuánto va a ser, quitan a los jóvenes las ganas de dedicarse a ese mundillo. De ahí que cada vez veamos más mano de obra extranjera en el campo español, como explicó Julio, un agricultor de Almería que sabe bien de qué va la cosa.
Un ejemplo de los pocos agricultores que se mantienen en España a pesar de las dificultades es Juan Manuel Martínez, un trabajador del campo que ha dedicado prácticamente toda su vida a los cítricos y que, a base de puro sacrificio, logró construir un negocio rentable desde cero. Algo que parece impensable en los tiempos que corren en España.
Los inicios y el problema del relevo generacional
Tal y como cuenta el protagonista en una entrevista para el canal de YouTube Cultiva y Emprende, su pasión por el campo venía desde muy chico, aunque su familia intentó que no se dedicara a ello. "Yo con 14 años ya no quería estudiar, me tiraba mucho la tierra. Pero mis padres a mí no me motivaban para seguir en la tierra", confiesa recordando aquellos tiempos.
Sin embargo, su vocación era tan grande que acabó trabajando jornadas impresionantes en una fábrica de artes gráficas, donde llegó a "trabajar 18 horas seguidas", para invertir todo ese dinero extra en comprar sus propias parcelas.
Asimismo, Juan Manuel dice para sorpresa de muchos que la falta de jóvenes en el sector es porque durante muchos años se ha tomado el trabajo en el campo como un ‘castigo’. "Si tú al crío en vez de llevarlo a la huerta para ver la motivación lo pones ahí, toma coge la azada y trabaja y verás como mañana quieres estudiar... lo estás castigando para que el crío luego vaya a estudiar, y luego nos quejamos de que no hay relevo generacional", explica este hombre, dejando claro que los propios padres a veces hunden la ilusión de los chavales.
Una competencia desleal y "esclava"
Por otro lado, a la hora de vender sus naranjas, este profesional choca contra un muro imposible de derribar: las importaciones. Ya que, según denuncia abiertamente, los gastos laborales hunden a los productores locales frente a los de fuera. "Un trabajador aquí, por ejemplo, cortador de naranjas [...] le cuesta a la empresa 16. Un trabajador en Egipto, ¿cuánto cobra al día? Cobra 5, 6 al día", dice indignado.
Por lo que las cuentas no salen y la lucha en los supermercados resulta totalmente injusta para los de aquí. Entonces, el agricultor lanza un dardo directo a las grandes corporaciones y fondos de inversión que fomentan este sistema, puesto que solo buscan enriquecerse aprovechando lo que él mismo define como "mano de obra esclava". Encima, para rematar la injusticia, recuerda que en esos países "no respetan ninguna, ningún producto que está aquí prohibido", llenando los estantes de alimentos tratados con sustancias peligrosas.

