La vida, si algo nos hace sumar más que los años, es experiencia y saber valorar nuestras prioridades. Lo que ahora con 25 años puede parecer el fin del mundo, a los 70 años y jubilado es una anécdota más o, en el peor de los casos, un arrepentimiento silencioso.
En este sentido, William Rossy (del canal de YouTube Sprouht) ha salido a la calle a preguntar a varios jubilados mayores de 70 años cuáles son sus mayores arrepentimientos y qué consejo le darían a su versión más joven.
“Me diagnosticaron cáncer de pulmón hace dos años, en estadio cuatro”, relata con entereza una mujer de 66 años, la cual afirma que ahora, cada día lo celebra como un regalo. Según cuenta, el pronóstico inicial le daba apenas tres meses de vida, lo que provocó que comenzara a “arreglar cosas” y a vaciar su casa de aquello que ya no servía.
Aun así, sobrevivió a las peores expectativas y aprendió una lección de vida, siendo esta que la vida puede cambiar en un segundo, por lo que no debemos esperar a que ocurra una tragedia para empezar a disfrutar, ser agradecidos y amar a la gente que tenemos más cerca.
Echando la vista atrás, para esta jubilada su mayor lamento fueron las relaciones más cercanas. “Creo que el mayor error ha sido no haberles dicho a mis padres con más frecuencia que los quería”, confiesa, lamentando que ahora, tras fallecer estos, no pueda decirles un simple “te quiero” más a menudo.
Pensar que “tenemos todo el tiempo del mundo” puede ser una verdad a medias. Una jubilada y viuda de 85 años, estuvo más de 60 años casada (se casó a los 20 años) y por eso da el consejo de evitar dar el mañana por sentado.
“Todo el mundo piensa cuando es joven que vas a tener una segunda oportunidad, pero no hay segundas oportunidades”, relata. A su edad, explica que da bastante miedo el saber que ya no le quedan tantos años, lo que le hace querer hacer más cosas que cuando era joven y sentía que tenía “todo el tiempo del mundo”.
Sobre el amor, su consejo para mantener una relación es, que aunque fueran muy diferentes, siempre estaban “en la misma sintonía” y hacían que todo fluyera con facilidad.
El trabajo es efímero
Entre los entrevistados, un jubilado científico confiesa que, aunque llegó a lograr su objetivo laboral y llegó a ser alguien importante en su campo, al final se dio cuenta de que el reconocimiento “dura solo un suspiro y luego la vida sigue”.
Al llegar a los 50 años, se dio cuenta de que había pasado la mitad de su vida y que había dedicado demasiada energía a las “cosas serias” y muy poca a planificar sus verdaderos anhelos.
En concreto, su mayor arrepentimiento fue el no haberse parado a pensar realmente cuáles eran sus sueños y ver como lo podía conseguir. Para ponerle solución, aconseja hacer una lista y cumplir al menos un sueño por año.
Llegar a la vejez con sabiduría implica, irremediablemente, haberse equivocado muchas veces. Un exjugador de tenis de competición de 75 años reconoce que los fracasos dejan una huella mucho más profunda en la memoria que las victorias.
A pesar de acumular errores, termina diciendo que estas caídas son completamente necesarias para poder valorar las cosas buenas cuando ocurren. “Los errores son buenos, y lo importante es no obsesionarse con ellos”, sentencia.
El experimento llevado a cabo en las calles de Montreal deja un mensaje unánime que el propio William Rossy resume como: "No dejes las cosas para más tarde, porque nunca sabes cuándo puede ocurrir algo".