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La falsa igualdad de los permisos por crianza: lo piden ambos, pero el 38% de las madres coge más de seis meses frente al 7% de los padres

El 59% de los hombres disfrutó de permisos con una duración máxima de dos meses, porcentaje que se reduce hasta el 7% en las mujeres.

Una madre llevando a su hija al colegio
Una madre llevando a su hija al colegio |Europa Press
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:

El uso de los permisos por nacimiento se ha igualado entre hombres y mujeres, pero ellas siguen concentrando los más largos. Según un análisis de Funcas sobre los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), aunque una proporción casi idéntica de padres (58%) y madres (57%) hace uso de este derecho, casi seis de cada diez hombres limitan su baja a un máximo de dos meses mientras que el 38% de las trabajadoras asume parones de más de seis meses para cuidar de sus hijos, una excedencia prolongada que apenas experimenta el 7% de los hombres.

El informe, que ofrece una visión de cómo hombres y mujeres han adaptado o limitado su vida laboral en relación con las responsabilidades familiares y de cuidados (mediante los permisos por nacimiento, por crianza, excedencias o reducciones de jornada, entre otros), también refleja diferencias en el peso de los cuidados una vez que los padres retoman su rutina laboral.

El 75% de los ocupados afirma no haber experimentado ningún cambio en su trabajo por motivos de conciliación. Ahora, al observar los datos por sexos, mientras que un 82% de los padres ocupados en España no modificó sus condiciones laborales al tener hijos, este porcentaje cae al 68% en el caso de las madres. 

Estas diferencias de género, según los expertos del estudio, se explican sobre todo por la mayor frecuencia de la reducción de jornada entre las mujeres. Un 8% de las ocupadas con responsabilidades de cuidado ha reducido el tiempo de trabajo (al pasar a jornada parcial o de otro tipo), pero solo lo ha hecho el 1% de los ocupados hombres. Con todo, ese no es el cambio más frecuente.

La adaptación de jornada, el cambio más frecuente

Las adaptaciones de jornada sin modificaciones en el número de horas (por ejemplo, cambios de turno o en el horario de entrada y salida), es el cambió más extendido, alcanzando al 10% de los ocupados con responsabilidades de cuidados, sin apenas diferencias de género.

El resto de cambios (cambiar de puesto de trabajo, disfrute actual de algún permiso, teletrabajo, tareas menos exigentes…) afectan al 8% de los ocupados con responsabilidades de cuidados, algo menos a los hombres (6%) que a las mujeres (9%).

Las dificultades de conciliación sí son las mismas

Aunque las estrategias de conciliación laboral y familiar de hombres y mujeres siguen siendo diferentes, no lo son las dificultades laborales que afrontan al respecto. De hecho, según los datos de la EPA, son exactamente las mismas. Llama la atención que una mayoría (68%) de los ocupados con responsabilidades de cuidados, no menciona ninguna dificultad laboral en particular, algo común a ocupados (67%) y ocupadas (68%).

Dicho esto, como dificultades más mencionadas destacan los horarios laborales impredecibles o difíciles (10%); contar con jornadas laborales largas (10% del total); la duración de los trayectos de ida y vuelta del trabajo (4% ); y tener un empleo de mucha responsabilidad o agotador (3 %). En casi todos los casos, las diferencias entre los sexos son menores.

Frente a estas dificultades, el recurso a servicios profesionales, tales como guarderías, escuelas infantiles o cuidadores remunerados, sigue siendo minoritario. Sólo el 18% de los encuestados de 18 a 74 años que conviven con hijos menores de 15 años subcontrata estos servicios. 

Este recurso es más frecuente entre los ocupados (20%) que entre los parados (15%) o los inactivos (11%). Sin embargo, mientras que entre los ocupados el porcentaje se ha mantenido estable en torno al 20% desde 2010, entre los parados se ha duplicado  (del 7% al 15%) y entre los inactivos ha aumentado del 5% al 11%.

España ocupa así el penúltimo puesto de la Unión Europea en uso de servicios de cuidado infantil, solo por delante de Malta, y 17 puntos por debajo de la media.

Un régimen de políticas públicas familiares “no especialmente generoso”

Por un lado, desde Funcas apuntan a que las guarderías y otros cuidados profesionales ya no funcionan solo como un medio para compatibilizar empleo y familia, sino también como un recurso más generalizado de socialización y educación infantil, impulsado por la expansión de la oferta y por una normalización cultural de su uso. 

También apuntan a “algo mucho más básico”, y es que los criterios de asignación de plazas priman a las familias con menos renta.

Asimismo, destaca que entre quienes no utilizan servicios profesionales de cuidado, la razón principal no es su coste, sino la preferencia por organizar el cuidado por sí mismos o con la pareja, seguida de la ayuda de abuelos, parientes o amigos, lo que confirma esa centralidad de la familia.

“Que el uso de servicios profesionales de cuidados apenas haya cambiado entre los ocupados en las dos últimas décadas y que España se sitúe entre los países europeos con una menor penetración de estos servicios apunta, por otro lado, a un régimen de políticas públicas familiares no especialmente generoso y que apenas ha experimentado cambios en los últimos lustros”, señala el investigador de Funcas Juan Carlos Rodríguez.

La conciliación sigue descansando más en las madres

Juan Carlos Rodríguez lo refleja así: “La conciliación sigue descansando más en las madres que en los padres, incluso en un contexto de convergencia normativa en el acceso a los permisos de maternidad o paternidad”.

Una situación que atribuye a que, aunque la sociedad “ha avanzado en la institucionalización de la conciliación, sigue organizada sobre la base de una gran centralidad de la familia y de una división de roles por sexos, aunque menos acusada que en el pasado”.

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