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Daniel, dueño de una panadería en un garaje: "Invertí 30.000 euros y ahora gano unos 3.000 al mes y trabajo 30 horas a la semana"

Este ingeniero civil dejó su carrera internacional para abrir una micropanadería artesanal en Cartagenas, con la que ahora gana un buen sueldo sin tener apenas gastos.

Daniel en el interior de su panaderia
Daniel, dueño de una panadería en un garaje: "Invertí 30.000 euros y ahora gano unos 3.000 al mes y trabajo 30 horas a la semana" |Youtube 'Spiga Divulga'
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

El mundo de la panadería artesanal está viviendo un renacimiento gracias a emprendedores jóvenes que buscan un cambio en sus vidas, que están cansados del estrés de los típicos trabajos de oficina de 8 horas al día y de las ciudades. Es por eso que casos como el de Carmen Díaz, que trabaja de panadera a sus 28 años, son cada vez más habituales.

Este es el caso también de Daniel, un joven que decidió dar un giro a su futuro laboral pasando de los clásicos tópicos de que los jóvenes de ahora tienen que ir a la Universidad o desarrollar trabajos sofisticados de oficina. A pesar de que estudió Ingeniería Civil y de que llegó a buscarse la vida en lugares como Australia, Londres o Arabia Saudí, este joven entendió que su futuro no iba a ser en una oficina sentado preparando proyectos. Hoy dirige Up! Obradoruna micropanadería que se encuentra en un pequeño garaje que le permite facturar miles de euros trabajando apenas 30 horas a la semana. Este modelo de negocio se ha puesto de moda últimamente, como ya vimos con Luis, dueño también de una micropanadería artesanal.

No quería trabajar de ingeniero

Los inicios de Daniel en el mundo del pan no fueron sencillos, sino que empezaron como un hobbie más que un trabajo serio cuando estuvo viviendo en el extranjero. "Empecé hace mucho tiempo a hacer pruebas, te hablo 10 años fácil", recuerda el emprendedor durante una entrevista para el canal Spiga Divulga. Sin embargo, las altas temperaturas del Medio Oriente y la falta de experiencia le jugaban malas pasadas. "En aquel entonces vivía en Arabia Saudí [...] se me iba enseguida, fermentaba, se me salía del bote y ya te desesperabas y se te caían un poco las ganas", confesó entre risas.

A pesar de los problemas con los que se encontró al principio, como tampoco quería ser ingeniero civil (que ere lo que había estudiado) porque no le gustaba trabajar de eso fuera de casa, siguió formándose en el mundo de la panadería artesanal. "Llegó un momento en el que tampoco era una cosa que me llenase el tema de la ingeniería y era más tiempo fuera y no ganando mucho dinero", explicó. Además, él sabía que necesitaba un trabajo más acorde a su tipo de personalidad, que según declara él mismo es totalmente metódica. Para él, hacer pan de masa madre es un trabajo procedimental perfecto porque "no hay cabida a tener que improvisar, porque puedes fallar pero lo puedes corregir", algo que le evita el estrés constante de su antigua profesión.

Inversión propia, cero problemas y ventas por WhatsApp

Tras recibir asesoramiento profesional para ver sus números y si era viable el posible negocio, decidió preparar un garaje que antes era de su familia y que apenas tenía 12 metros cuadrados en el barrio de la Concepción, en Cartagena. La reforma del espacio, que estaba en bruto, y la compra de maquinaria profesional supusieron una inversión cercana a los 30.000 euros. Lo más destacable es que lo hizo exclusivamente con sus propios ahorros, evitando contraer préstamos bancarios que pudieran asfixiar el negocio en sus primeros meses.

Para vender su pan, que tiene un precio de entre 5 y 7 euros por pieza, decidió poner en marcha un sistema para que no se tire nada de comida. Mediante una lista de difusión de WhatsApp Business, informa a sus más de 230 clientes sobre los panes disponibles cada semana. Los compradores hacen el encargo y el pago por adelantado a través de su página web. "Eso es lo bueno encima, que no tienes que estar pensando qué va a pasar [...] no tienes merma, es decir, no tienes que contar con que te comes 30 panes que no has vendido", destacó el panadero.

La ansiada calidad de vida

Gracias a trabajar solo, sin empleados a su cargo y, además, sin tener gastos de alquiler, su negocio ha sido rentable prácticamente desde la segunda semana. Ahora mismo hace entre 120 y 130 piezas de pan semanales, lo que supone por tanto una facturación de alrededor de los 3.000 euros al mes.

Para Daniel su éxito no está solamente en las ganancias que tiene gracias a su negocio, sino en la calidad de vida que ha ganado, ya que dice haber conseguido el equilibrio entre tener un buen trabajo y mantener su bienestar personal. Él trabaja solo en jornadas de 12 horas los martes y los miércoles, con algunas horas más que dedica a la gestión y refresco de la masa madre, por lo que en total apenas llega a las 30 horas semanales de trabajo. Si se compara con cualquier empleo normal a jornada completa, ciertamente sale ganando, por eso ahora declara que no quiere ni siquiera invertir en publicidad o en algo que haga crecer el negocio. "No necesito [...] Yo lo que buscaba era calidad de vida. No quería salir de una atmósfera laboral en donde tenía que ir 8 horas por un sueldo que no crecía", afirma.