Las botellas que aparecen abandonadas en las calles y playas cada verano son para muchos un residuo más que debería tirarse al contenedor verde de reciclaje. Sin embargo, para Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly Dantas, en cambio, se convirtieron en una alternativa para construir la casa que necesitaban.
Madre e hija comenzaron el proyecto durante la pandemia, después de atravesar dificultades económicas y no tener una vivienda estable. Ya tenían un terreno, pero no el dinero necesario para construir una casa. Por eso, decidieron aprovechar los materiales que tenían a su alrededor.
La vivienda, conocida como ‘Casa de Sal’, surgió de la necesidad de tener un hogar y de aprovechar materiales reciclados. Según explica Edna, recogieron las botellas en un radio de unos cinco kilómetros alrededor de Praia do Sossego, en la isla de Itamaracá, al norte de Pernambuco.
Una casa nacida de la necesidad de tener un techo
Durante la pandemia, el negocio de ropa de segunda mano del que vivían Edna y su hija se frenó casi por completo. Ante las dificultades económicas y la imposibilidad de afrontar la construcción de una vivienda de forma convencional, Edna empezó a buscar alternativas y a pensar qué materiales de su entorno podía reutilizar.
Fue entonces cuando decidió utilizar las botellas que encontraba abandonadas. “Miré alrededor y pensé qué tenía Itamaracá que pudiera venir a nuestra casa. Entonces aparecieron las botellas”, explica. Edna conocía bien el problema de los residuos y la contaminación porque llevaba años vinculada a asociaciones de reciclaje en Paraná.
La necesidad de tener una vivienda propia también estaba relacionada con su historia personal, ya que cuando era niña, su familia se mudó de Pernambuco a Curitiba sin saber dónde iba a vivir, una experiencia que marcó su defensa del derecho a la vivienda.
María Gabrielly participó en la construcción junto a su madre y define el proyecto como una forma de unir “vivienda y cuidado del medio ambiente”. Para ambas, reutilizar botellas fue una solución ante la falta de recursos, aunque insisten en que el Estado sigue teniendo la responsabilidad de garantizar mejores políticas de vivienda y gestión de residuos.
Cómo construyeron la ‘Casa de Sal’
La construcción fue completamente artesanal y madre e hija participaron directamente en todo el proceso. Una vez reunidos los materiales, comenzaron a levantar la vivienda poco a poco, aprovechando las botellas de vidrio recogidas en la zona y otros elementos reutilizados.
Las botellas se incorporaron directamente a los muros, colocadas en varias hileras y unidas con material de construcción hasta formar las paredes. La casa cuenta además con un techo de chapa sostenido por vigas de madera, que forman la estructura superior de la vivienda. El objetivo era reducir al máximo el gasto y aprovechar los materiales que ya tenían disponibles.
El vidrio también da un aspecto particular al interior de la casa, ya que la luz atraviesa algunas de las botellas y crea pequeños reflejos de colores en las paredes, convirtiendo un material desechado en uno de los elementos más llamativos de la vivienda.
Sin embargo, el proceso no fue rápido. Tardaron alrededor de cinco años en completar la casa, trabajando de forma progresiva y adaptando la construcción a los recursos con los que contaban en cada momento.
El resultado fue una vivienda de siete habitaciones, levantada en gran parte con materiales reutilizados. Para Edna y Maria Gabrielly, el proceso de construcción también sirvió para demostrar que muchos residuos pueden tener una segunda vida si se aprovechan de otra manera.