Un niño de 13 años encontró una pequeña pieza de bronce mientras estaba dando un paseo por el campo en las afueras de Berlín. No lo sabía, pero acababa de descubrir un tesoro de valor incalculable. Había desenterrado un objeto único para la arqueología europea. Se trataba de una moneda griega acuñada en Troya que los investigadores han podido datar entre los años 281 y 261 antes de Cristo. Es la primera antigüedad griega que aparece en esta ciudad, donde nunca antes se habían visto vestigios de la época clásica.
El hallazgo se realizó en Spandau, una zona que ya había llamado la atención de los arqueólogos durante el pasado siglo XX porque se encontraron varios restos de gran valor. Cuando el pequeño encontró la moneda, la hicieron llegar a expertos arqueólogos que han conseguido que se despierte el interés tanto por historiadores como por numismáticos. La idea es dar respuesta a una pregunta y es cómo una moneda que se acuñó en Asia Menor hace más de 2.000 años ha terminado en el norte de Europa.
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La moneda mide 12 milímetros de diámetro y pesa 7 gramos, en una de sus caras está la diosa Atenea, con un casco corintio de guerra y en el reverso la misma figura con un huso y una lanza, coronada con un tocado ceremonial llamado kalathos, como publica RSE Magazine.
Podría estar relacionada con un rito funerario
Los expertos coinciden en que esta moneda pudo haberse usado en un enterramiento porque no muy lejos de donde se encontró hay una necrópolis. Esta zona ya la excavaron en la década de 1950 encontrando cerámica, metales o restos de asentamientos de la Edad del Hierro (años 800 a 450 antes de Jesucristo).
Se piensa que esa moneda llegó al norte de Europa por medio de redes comerciales o intercambios entre los pueblos alemanes y el resto del mediterráneo. Aunque los contactos están documentados podría ser que en algún momento ‘se escapase’ la llegada de esa moneda.
Otros señalan que es probable que hubiera llegado varios siglos después, transportada por coleccionistas de otras épicas o llevada por mercenarios germánicos que hubieran tenido que viajar a Grecia regresando con estas monedas.
Soldados alemanes al servicio del ejército griego
Jens Jenker, arqueólogo que trabaja para la Autoridad de Patrimonio de Berlín, ha pedido prudencia ante las interpretaciones más atrevidas. Entre ellas la de que procede de soldados alemanes que tuvieron que luchar en Grecia.
El hallazgo demuestra hasta qué punto los objetos podían viajar miles de kilómetros mucho antes de la existencia de los grandes imperios europeos y recuerda que el continente antiguo estaba mucho más conectado de lo que durante décadas imaginaron los historiadores.
Para el joven descubridor, la experiencia ha sido tan inesperada como irrepetible. Para los arqueólogos alemanes, en cambio, la pequeña moneda de Troya representa una pieza capaz de alterar parcialmente el mapa de las relaciones culturales en la Europa prerromana.