Jeanne Socrates, de 77 años, da la vuelta al mundo en solitario tras más de 330 días en el mar

La exprofesora partió de Canadá y se embarcó en un viaje de casi un año sin escalas ni asistencia.

Jeanne Socrates mientras navega |Instagram (@jeannesocrates)
Fecha de actualización:

Dar la vuelta al mundo en solitario es una de las pruebas más exigentes de la navegación. No solo requiere de conocimientos técnicos y experiencia en alta mar, sino también una extraordinaria capacidad de resistencia ante la soledad, la incertidumbre y las condiciones extremas que pueden darse durante la travesía.

Jeanne Socrates, a sus 77 años, lo ha hecho. La mujer, de origen británico, culminó en septiembre de 2019 la aventura de dar la vuelta al mundo en solitario, sin escalas ni asistencia. La travesía, iniciada el 3 de octubre de 2018 desde el puerto de Victoria en Canadá, se prolongó durante más de 330 días hasta su regreso al mismo punto, a bordo de su velero de 11 metros, el ‘SV Nereida’, según recoge ‘Hablando en Plata’.

Un logro que sitúa a Jeanne como la mujer de mayor edad en completar esta circunnavegación en esas condiciones, una modalidad considerada entre las más duras de la navegación por la total ausencia de apoyo externo. Además, durante el viaje, la navegante afrontó tormentas, fallos técnicos y largos periodos de aislamiento, ya que solo dependía de su capacidad de resistencia y su preparación previa.

Un giro inesperado que le llevó a la navegación

Durante décadas, Jeanne ejerció como profesora de matemáticas en el Reino Unido y no fue hasta los 48 años, tras la muerte de su esposo, cuando decidió aprender a navegar. Lo que comenzó como una vía para gestionar el duelo acabó convirtiéndose en una dedicación que dio un giro inesperado a su vida.

Un cambio de rumbo que ilustra una tendencia cada vez más visible, como es la prolongación de la vida activa más allá de los estándares tradicionales y la búsqueda de proyectos personales cuando se llega a edades más avanzadas.

A lo largo de su travesía, Jeanne mantuvo una rutina disciplinada, ya que sus jornadas transcurrían entre la lectura, la escritura y las tareas de mantenimiento del velero, que debía reparar ella sola ante cualquier avería. 

La soledad formó parte de la experiencia

La soledad fue uno de los elementos centrales de la travesía, en una experiencia donde el aislamiento forma parte del desafío. Durante meses, la navegación en solitario obliga a sostener no solo el esfuerzo físico que requiere la vida a bordo, sino también un equilibrio emocional constante frente a la incertidumbre, la fatiga y la ausencia total del contacto directo con otras personas. Por ello, cada jornada se convierte en un ejercicio de disciplina y resistencia, donde la capacidad de adaptación resulta tan importante como los conocimientos técnicos.

Archivado en

Otras noticias interesantes

Lo más leído

Últimas noticias