Dejar la ciudad para empezar de cero en mitad de la naturaleza. Esto es lo que ha hecho Javi, un joven de 23 años que ha decidido cambiar su vida por completo tras sufrir una infancia muy dura. Con tan solo 9 años perdió a su madre y acabó creciendo en centros de menores.
Viviendo en la ciudad, cayó en una profunda depresión arrastrando problemas de adicción de drogas. Hoy, su vida es completamente diferente: vive en una pequeña casa en una finca de apenas 2 hectáreas en medio del bosque junto a su perro Niebla, dos gatos y dos gallinas.
"En la ciudad me sentía inseguro, vacío... la ciudad me estaba consumiendo", explica Javi en una entrevista con Arnau Serrado. Su decisión de huir al campo coincide con una realidad económica que ahoga a la juventud española.
Lo que dicen las cifras oficiales
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman el sentimiento de Javi. Se calcula que 7 de cada 10 habitantes de las zonas más concurridas de población, tales como Madrid o Barcelona, se ven obligados a vivir donde mismo debido a los precios excesivos de la vivienda.
Aquellos que consiguen comprar una vivienda con 30 años o menos, ocupan apenas menos del 20% de la población. Esto obliga a la mayoría a pagar alquileres muy caros o a seguir viviendo con sus padres.
La alimentación ni la cesta de la compra tampoco mejoran. Las continuas subidas de precio hacen que en la ciudad, casi todo el sueldo se vaya en pagar facturas y comida básica, dejando un mínimo porcentaje para el ahorro.
“El dinero se convierte en tiempo. Si tú puedes plantar tus propias verduras, no tienes que perder el tiempo trabajando para conseguir el dinero de ir a comprarlas”, explica Javi.
Cómo se vive en el bosque con ‘0’ euros
Actualmente, Javi no es 100% autosuficiente; todavía va al supermercado a por comida mientras crecen las patatas, ajos y calçots que ha plantado en unos depósitos reciclados. Sin embargo, ha reducido sus gastos al mínimo gracias al entorno:
- Energía gratis: La luz de la casa funciona con una placa solar y cocina con una pequeña cocina de gas o directamente con fuego de leña.
- Construcción reciclada: Javi construyó un gallinero entero sin gastar un solo euro. Utilizó materiales que encontró tirados por la finca: un somier viejo, una mesa de madera, una lona que le prestó un vecino y la parte trasera de una nevera vieja.
- Financiación: Aunque ha trabajado en la obra y de camarero, actualmente paga el alquiler de la finca gracias a una pequeña herencia que le dejó su madre.
Para Javi, la obligación de tener que moverse para buscar leña o arreglar cosas es su mejor terapia. "En la ciudad tienes calefacción y agua, es muy fácil quedarse en la cama sin ganas de hacer nada. Aquí el campo te obliga a moverte. Esta ha sido mi medicina real para alejarme de las drogas", asegura.
Qué dice la ley sobre vivir en el bosque
Aunque la idea de vivir de lo que da la tierra suena perfecta, las leyes en España ponen límites estrictos a la desconexión total. Los ministerios recuerdan que la ‘madre tierra’ también está regulada.
Aunque Javi recoge el agua de la lluvia a través de unas canaletas que llenan un depósito para ducharse y lavar los platos, la Ley de Aguas en España deja claro que toda el agua subterránea o de ríos es de dominio público (del Estado). Para consumo propio en fincas, el límite legal está fijado en 7.000 metros cúbicos al año y siempre se necesita permiso oficial.
Eso sí, para vivir de forma legal en una estructura en el campo, la vivienda debe contar con una cédula de habitabilidad aprobada por la comunidad autónoma. De lo contrario, la edificación puede quedar en una situación de ilegalidad administrativa.
Entonces, ¿qué pasa cuando las tormentas rompen los depósitos? Tal y como detalla Javi, depende de que un conocido le traiga garrafas de agua en coche, ya que el pueblo más cercano está a 20 minutos y él no tiene vehículo.
A pesar de las dificultades y del barro cuando llueve, Javi tiene claro que el esfuerzo merece la pena. Su objetivo es aprender durante un par de años en esta finca de alquiler y, en el futuro, comprar su propio terreno para construir su hogar desde cero. "Es sacrificado, pero la recompensa es la paz. Lo único que necesitamos es paz", concluye.