Abrir un negocio en el extranjero puede parecer una oportunidad muy llamativa, pero también implica afrontar problemas de gestión, contratación y control que no siempre se tienen en cuenta. Naomi, una empresaria española instalada en Bali, ha contado que decidió despedir a una de sus trabajadoras después de detectar que faltaba dinero en la caja de su establecimiento.
En un vídeo publicado en sus redes sociales, asegura que comenzó a sospechar tras revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad de los diez días anteriores. “Los dos primeros vídeos que vi, en los dos me robaron. Por suerte, en los otros ocho no”, afirma, tras mostrar un clip donde se ve a su empleada guardándose el dinero.
“Cuando te roban seis de seis, empiezas a desconfiar”
Naomi explica que esta no es la primera vez que atraviesa una situación parecida con una empleada. “No me gusta generalizar, pero cuando te roban seis de seis, empiezas a desconfiar”, señala. Según relata, lo que más le sorprendió fue que las supuestas irregularidades se produjeran aun habiendo cámaras. “Tienes una cámara delante, otra detrás y yo entrando cada dos por tres. ¿Cómo eres tan descarada?”, se pregunta.
La empresaria reconoce que llegó a plantearse publicar el rostro de la trabajadora para advertir a otros negocios, aunque finalmente decidió no hacerlo. “No quiero hacerle mal a nadie, pero ya que me ha perjudicado a mí, espero que no perjudique a otro”, sostiene.
En la caja había 702.000 rupias y debían aparecer 1,5 millones
Naomi cuenta que al día siguiente decidió llegar al negocio antes de lo habitual para revisar personalmente la caja y, nada más entrar, pidió a la empleada que le entregara el efectivo disponible. “Se puso obviamente taquicárdica y empezó a sacarme mil temas de clientes para distraerme”, relata. También asegura que observó cómo la trabajadora abría lentamente su bolso, como si tratara de sacar o colocar algo en su interior.
Según su versión, la empleada le entregó 702.000 rupias indonesias (unos 34 euros al cambio), aunque en la caja deberían haber aparecido alrededor de 1,5 millones (unos 72 euros). La diferencia era, por tanto, de unas 800.000 rupias, es decir, 38 euros aproximadamente.
“Le dije que, antes de acabar, quería que los 800.000 que faltaban estuvieran en la caja”, explica Naomi, que también le pidió que abriera el archivo en el que registraban los gastos del negocio para evitar que se añadieran nuevas partidas con las que justificar el descuadre.
Al principio decidió no despedirla
La empresaria reconoce que, en un primer momento, no contempló echarla inmediatamente, ya que, según explica, formar a una nueva recepcionista exige tiempo y teme tener que repetir constantemente el proceso de selección. “Si tuviera que echar a todos los que hacen alguna trama con el dinero, estaría formando recepcionistas cada mes”, afirma.
Hasta entonces, Naomi asegura que trataba de valorar las demás capacidades de sus empleados y corregir este tipo de comportamientos mediante un mayor control. “Intento educarla, hacerle ver que estoy pendiente y que me doy cuenta cuando me va a robar o me va a hacer alguna trama”, explica.
A su juicio, gestionar un equipo en Bali requiere una vigilancia continua que no esperaba antes de abrir el negocio. Sin embargo, sostiene que en esta ocasión el supuesto robo fue “tan obvio” y coincidió con otros problemas que decidió terminar la relación laboral. “Se juntaron otra serie de factores y, obviamente, he decidido echarla”, señala.
Pasó la mañana haciendo entrevistas
Tras el despido, Naomi asegura que dedicó la mañana a entrevistar a nuevas candidatas para cubrir el puesto. “Si vierais las entrevistas, de verdad, es un cuadro”, comenta, aprovechando su experiencia para desmontar la imagen de que abrir un negocio en Bali consiste únicamente en invertir dinero y esperar beneficios. “La gente se piensa que solo va a poner dinero y va a crear el negocio de su vida. Esto no funciona así”, advierte.
Según explica, detrás de la imagen atractiva de emprender en la isla hay problemas constantes relacionados con la contratación, la formación del personal y el control de la actividad diaria. “Tienes que pasar por tantas cosas que quizá te quitan las ganas de invertir”, concluye.

