Desde que la pandemia sanitaria de 2020 obligó a millones de personas a teletrabajar, el empleo a distancia ha llegado para quedarse. Conectarse en casa a un ordenador, acceder a todos los programas y apps que se usan en el día a día de la oficina, se convirtió en algo habitual y generó buenos resultados. Tanto que muchas empresas lo han adoptado y dan el trabajo en remoto como una opción a sus empleados.
Para muchos teletrabajar es sinónimo de felicidad, pero ahora un estudio publicado por Science en el que ha participado un grupo de investigadores (Natalia Emanuel, Emma Harrington y Amanda Pallais) desmonta esta teoría. Sí, se evitan desplazamientos, se mejora la conciliación y permite que sea el empleado quien gestione su jornada laboral. Pero hay ciertas contraindicaciones entre ellas los riesgos sociales y ergonómicos pero también una hiperconexión o problemas para separar tiempo de trabajo del descanso.
Uno de los problemas principales es que se pierde el contacto del día a día con los compañeros de trabajo, preguntar dudas, mantener conversaciones aunque estas sean informales o estar en contacto directo con los jefes o responsables cambian por completo cuando el empleo es desde la casa o un coworking. Esto afecta no sólo a la productividad sino también al bienestar emocional del teletrabajador.
Los expertos han publicado las conclusiones más relevantes en NBER (National Bureau of Economic Research) tomando como muestra a ingenieros de software en una empresa durante los años 2019 y 2024. Cuando trabajaban junto a sus compañeros, aumentaba el feedback en un 18,3% mejorando la calidad del empleo especialmente entre los jóvenes de la Generación Z.
El teletrabajo aumenta la inseguridad
Cuando se trabaja desde casa, el empleado se siente inseguro ante lo que está haciendo. Al estar en una oficina, cuando aparece alguna duda, se pregunta y generalmente se encuentra la respuesta que se busca. Pero en remoto, puede ser un “ya hablaremos” o “más tarde te contesto” y que quede en agua de borrajas.
Como resultado, un aumento de la inseguridad que afecta a los nuevos en la empresa, a los jóvenes o a los que suman menos experiencia. El estudio apunta a que no sólo se merma la calidad de los comentarios, sino que la retroalimentación no es tan productiva como cabría esperar. Muchas veces, esto se traduce en una falta de reconocimiento o en el silencio ante ciertas preguntas que en condiciones normales de presencialidad serían solucionadas en poco tiempo.
No hay separación entre trabajo y la vida personal
Los científicos encuentran un problema añadido al teletrabajo y es que termina con la distancia que separa al empleo de la vida personal. No hay espacio para la desconexión, cuando el puesto está en la casa, la jornada de trabajo podrá alargarse y el trabajador será el último en darse cuenta. Responder mensajes cuando no toca, revisar el email por la noche antes de irse a la cama o regresar al ordenador en cualquier momento son costumbres que se van ganando cuando se trabaja desde casa.
Eurofound ha destacado en varias ocasiones que el teletrabajo hace que el empleado sienta angustia por la sensación de tener que estar siempre disponible y trabajar incluso en su tiempo de ocio. Esto afecta a la salud mental porque es necesario desconectar para recuperarse del esfuerzo de la jornada de trabajo.
Cuando alguien sabe que su horario laboral está terminando, sube el riesgo de agotamiento, de irritabilidad, aparecen problemas de sueño y ansiedad.
La salud mental no es sólo la carga laboral
La salud mental no es sólo la cantidad de trabajo que se acumula, sino que influyen los compañeros o la percepción de pertenecer a un equipo. El INSS ha señalado que el teletrabajo transforma los factores psicosociales convirtiéndolos en un problema cuando no se gestionan en la prevención de riesgos laborales.
El aislamiento es más evidente en empleos donde es necesario el contacto entre compañeros porque este no se consigue a base de videollamadas. Una persona puede estar todo el día conectada pero sentirse sola.
La investigación revela que el simple hecho de caminar durante 10 minutos para ir de casa al trabajo mejora la salud mental del empleado, una situación que afecta a los jóvenes y a los que dan sus primeros pasos en el mundo laboral.
Estos necesitan aprender rutinas, normas internas y modos de trabajar que en remoto desaparecen como afirman desde el NBER. Los empleados jóvenes y las mujeres fueron las más perjudicadas ya que estos eran los que solicitaban menos feedback cuando no podían estar en la empresa de manera presencial.
Cuando se mira esto desde el paradigma de la salud mental, se traduce en una alta presión, mayores dudas y una sensación de tener que demostrar lo que se vale sin refuerzo externo de unos jefes o encargados.