Tener un puesto de churros en una feria parece un trabajo muy sacrificado pero si se mira la rentabilidad más de uno se lo pensaría. Es algo que en cualquier feria, lugar de paso de trabajadores o en el centro de cualquier localidad no falla, ya que a todo el mundo le gustan los churros.
Si a eso le sumas otros productos como las patatas fritas o el chocolate casero, es fácil ganarse al público en poco tiempo y tener buena clientela. Es lo que le ha pasado a Juan Alpuente, un veterano churrero que lleva más de dos décadas detrás de la freidora, cuidando con mimo un negocio familiar que es historia viva de Barcelona.
Un clásico de barrio que triunfa en las redes
Ubicada entre el Auditorio y el Teatro Nacional, en pleno corazón de la ciudad condal, la pequeña churrería de Juan lleva atendiendo a vecinos y curiosos desde 1963. Y es que, aunque siempre ha tenido su clientela fija, últimamente ha vivido un fenómeno inesperado gracias a las redes sociales, atrayendo a muchos que solo buscan ver en persona "al famoso churrero de TikTok".
"Yo mis días fuertes son viernes, sábado y domingo, y por orden de menos a más", explica de forma muy llana en Mask off Podcast. "Tú ten en cuenta que estoy entre el Auditorio y el Teatro Nacional. A lo mejor aparecen, como me han visto en el TikTok, 'mira el churrero ya está aquí', aparecen 50, 60 niños allí", confiesa el churrero con una sonrisa de orgullo.
Además, Juan es muy consciente de que estos jóvenes clientes suelen venir con el dinero justo. "Mira, yo les digo, 'cinco churritos, 1 euro y medio'. Porque están pelados, pobrecitos. Y yo soy una churrería barata, unos churros con chocolate son 4 euros, no está mal, ¿eh?", señala demostrando gran empatía con ellos.
Filosofía de calidad y constancia
Sin embargo, a pesar de que el negocio se haya vuelto viral, Juan no pierde el norte y sabe que la clave está en el producto y no en los seguidores. "Yo siempre les pongo seis, siete churritos así guapos y un chocolate. Quiero vender producto de calidad y bien. Lo importante no es que vayas, es que vuelvas. Pues yo soy lo mismo, pero en churros", detalla con rotundidad.
Asimismo, a la hora de hablar de las cuentas del puesto, este empresario es igual de transparente que con su receta. Así, confiesa que gracias a este volumen de ventas hoy por hoy "hablábamos de 50k anual, pero casi netos".
Por lo que esta facturación, más que suficiente para mantener con vida un oficio de los de toda la vida, demuestra el enorme valor de la constancia. Entonces, aunque hoy en día parezca que a muchos solo les importan los números y las visualizaciones masivas, este maestro churrero nos demuestra que, con una buena atención y el sabor tradicional, el éxito está asegurado.