Trabajar en un supermercado no es el empleo con el que todo el mundo sueña desde pequeño, ni el que nos intentaban vender nuestros padres cuando nos decían que estudiáramos y fuéramos a la Universidad, pero al que mucha gente acaba recurriendo por necesidad o por tener un horario más adaptado a sus estudios o conciliación.
Es un trabajo algo rotativo y que también va por campañas, de ahí que por ejemplo cadenas como Mercadona o Lidl estén buscando personal de cara a reforzar sus plantillas para el verano. En el caso de los reponedores de supermercado, el trabajo puede llegar a ser bastante exigente, como lo describe Fernando, un reponedor de Mercadona que trabaja en Cartagena (Murcia).
Madrugones y un ritmo frenético contrarreloj
Mientras la mayoría de la gente duerme, el equipo de tienda ya se está preparando para arrancar. "Normalmente me despierto sobre las 4 y media aproximadamente, me tomo un cafelito y voy a entrar ahora a trabajar", explica Fernando en el programa 'Poniendo las Calles' de COPE.
Y es que, aunque las puertas se abren al público a las nueve de la mañana, ellos entran entre las cinco y las seis porque "la tienda queda bastante bastante mal" tras el cierre del día anterior. El tiempo vuela mientras tienen que colocar a destajo todo el producto fresco, el pan, el pescado y también la mercancía de seco y congelado.
Sin embargo, el volumen es tan alto que la presión les pasa factura de madrugada. "A lo mejor quizá tenemos un poco la soga al cuello y de vez en cuando tienen que aflojar un poquito, la verdad, porque vamos muy muy asfixiados en todos los aspectos de trabajo", confiesa sin tapujos. Además, admite que la empresa es tremendamente exigente porque "aquí se busca la perfección, buscan el 10", por lo que remata asegurando agotado: "No nos da la vida para más, somos currantes totales".
Condiciones por convenio y nuevos mega-supermercados
Por todo este sacrificio, el sueldo está rigurosamente marcado por el convenio de la empresa. Así, alguien que acaba de entrar a jornada completa de 40 horas empieza cobrando 1.685 euros brutos al mes y, tras cuatro años, esa nómina puede alcanzar los 2.280 euros mensuales. Encima, la empresa bonifica este gran esfuerzo pagando el plus de nocturnidad y una prima extra si se consiguen los objetivos anuales fijados.
Asimismo, las tareas diarias son muy polivalentes gracias a su sistema de organización interno. Por ejemplo, a Fernando ahora le toca estar en la sección de 'listo para comer', una alternativa que "a la hora de un apuro no está nada mal". Desde ahí, ve perfectamente qué productos arrasan, como el kéfir que "se ha puesto mucho de moda" o, al tener "mucha gente de Marruecos" en su zona, yogures y harina.
Entonces, aunque ya van saturados de trabajo, el reponedor suelta una advertencia de cara a la inminente apertura del nuevo centro gigante de La Manga del Mar Menor: "Si esto es una locura, allí es el triple de locura, o sea, es el que más ventas tiene".