El FMI rebaja el crecimiento de la eurozona al 0,9% en 2026 y avisa que subirá la inflación

El organismo internacional ha bajado dos décimas su previsión de crecimiento para la zona euro en 2026 y asegura que flexibilizar las normas fiscales puede dañar la credibilidad de la UE.

La directora del FMI durante una intervención en el pasado Foro Mundial de Economía. |Europa Press
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha empeorado las previsiones económicas para la llamada zona euro, y avisa de cambios importantes durante este 2026. Ha rebajado dos décimas la estimación de crecimiento y la coloca en el 0,9% debido al impacto en los precios que está teniendo la guerra en Oriente Próximo, especialmente en la energía, la inflación y la confianza en los mercados. 

Esta previsión manifiesta un recorte si se tiene en cuenta el cálculo realizado en el mes de abril aunque el FMI, de momento, no ha cambiado el pronóstico para 2027, cuando se espera que el PIB (Producto Interior Bruto) avance un 1,2%. El organismo sí ha avisado de que los riesgos siguen llevando a la economía europea a un escenario negativo, en el que el crecimiento será más reducido y la inflación alta.

La declaración se ha producido después de la elaboración del informe ‘Artículo IV’ en el que se repasan las previsiones sobre la eurozona y donde queda reflejado que el conflicto en Irán es una “perturbación adversa” importante aunque previsiblemente temporal, que afectará a la actividad económica del bloque. 

El peligro se encuentra en que el encarecimiento de la energía dure más de lo esperado y presione al alza los precios. 

Una inflación más elevada en la eurozona

Este empeoramiento económico en los países de la zona euro llega de la mano de la revisión inflacionaria al alza. En los últimos datos del IPC (Índice de Precios al Consumo) en España se ha contemplado la tendencia alcista. Para el Fondo Monetario Internacional, esto quiere decir que los precios van a subir un 2,8% en 2026 en la zona euro, frente al 2,6% previsto con anterioridad. De cara a 2027 también ha subido la estimación hasta el 2,3%.

El organismo internacional, con sede en Washington, asegura que en caso de que se produzca una crisis energética más dura, podría afectar negativamente a la inflación. Al mismo tiempo, se está experimentando una pérdida de confianza o un episodio de estrés financiero. 

“La prioridad inmediata es la de mantener ancladas las expectativas de inflación y que se amortigüe el impacto de la crisis dentro del marco fiscal disponible”, destacan desde el FMI apuntando que las experiencias que se han vivido recientemente ponen en primer plano la necesidad de abordar los problemas de dependencia energética externa y la exposición de interrupciones en el suministro externo. Con el problema añadido de que Europa tiene una capacidad de actuación limitada en la gestión de la crisis. 

Subida de los tipos de interés

El Banco Central Europeo (BCE) ha confirmado que sube los tipos de interés un 0,25% con la intención de contener el impacto del shock de los precios de la energía. De este modo, contempla que se aumente en 50 puntos básicos el precio del dinero en 2026 con respecto al que había antes de la guerra de Oriente Próximo. 

“Si el precio de la energía y las perspectivas de inflación aumentan más de lo que sería compatible con la trayectoria inflacionaria prevista en el escenario base, podría ser apropiado un ajuste más rápido o menos pronunciado”, asegura el FMI.

Pero cuando el aumento de la expectativa de inflación viene acompañado de un deterioro de las condiciones financieras y una menor demanda, los técnicos aseguran que se producirá una brecha de producción aún peor.

“Es probable que se generen efectos indirectos adversos”

Muchos países de la eurozona han introducido medidas de apoyo energético temporales, pero no focalizadas asegurando que pese a tener un alcance limitado, es probable que se reduzcan los incentivos para el ahorro energético y se generen “efectos indirectos adversos” por lo que insiste en la continuidad de las medidas, o en que se implementen nuevas, enfocadas a la protección de los hogares vulnerables o preservar la subida de precios.

Todos los Estados miembro se están enfrentando a necesidades de gasto a largo plazo por lo que es imprescindible afrontar una estrategia global que dé prioridad al gasto y a conseguir la mayor eficiencia con medidas como la reforma de las prestaciones sociales y mecanismos que ayuden a aumentar los ingresos. 

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