Comprar unos auriculares inalámbricos o una videoconsola portátil y tener que tirarlos a los pocos años porque la batería no da para más va a dejar de ser un problema muy pronto. Y es que Bruselas sigue insistiendo en cambiar las reglas de la obsolescencia programada que afecta a miles de aparatos electrónicos, y más si cabe en aquellos creados en los últimos años, con la idea de que estos duren mucho más tiempo. Ya lo hemos visto con su regla de ecodiseño, anunciando hace solo unos meses que los países miembros debían vender móviles con baterías reemplazables a partir de 2027. Pero esta norma ahora va un poco más allá.
Ahora la Unión Europea ha decidido ponerse aún seria con los fabricantes para cumplir sus objetivos de sostenibilidad. Tal y como están las cosas, ahora mismo resulta casi imposible cambiar la pila a muchos de estos pequeños aparatos que tenemos por casa y usamos en nuestro día a día, ya no solo hablamos de los móviles, sino de consolas, robots de limpieza, aparatos de cuidado como un secador o una maquinilla de afeitar, y hasta auriculares inalámbricos.
Todo este gran cambio viene impulsado por la nueva regulación 2023/1542 que entrará en vigor el próximo 18 de febrero de 2027. Así la normativa no solo afecta a los teléfonos móviles o las tabletas, como decíamos antes, sino que amplía las reglas a prácticamente cualquier dispositivo que tenga una batería en su interior. Entonces aparatos tan comunes como los ordenadores portátiles y los relojes inteligentes o las pulseras de actividad e incluso los cepillos de dientes eléctricos tendrán que adaptarse a este nuevo panorama normativo.
El fin de los dispositivos de usar y tirar
La ley es muy clara en este sentido y exige textualmente que "cualquier batería incorporada a un dispositivo portátil comercializado en territorio comunitario deberá ser fácilmente extraíble y sustituible por el usuario final". Por lo que las marcas tendrán que cambiar sus diseños y dejar de usar pegamentos o adhesivos industriales que impidan acceder al interior del aparato. Encima los fabricantes tendrán que asegurarse de que los usuarios puedan hacer este cambio usando herramientas comunes y si hace falta alguna herramienta muy específica tendrán que darla totalmente gratis junto con el producto o con la batería de recambio.
Sin embargo hay algunas pequeñas excepciones para aquellos aparatos que están diseñados para usarse en el agua ya que abrirlos podría estropearlos por completo. Asimismo en esos casos muy concretos las marcas tendrán que permitir al menos que un profesional independiente pueda hacer el cambio de la batería sin que estemos obligados a pasar por el servicio técnico oficial. Con todo esto los consumidores vamos a notar un buen respiro en el bolsillo ya que las empresas estarán obligadas a vender baterías de repuesto a un precio razonable durante al menos cinco años después de haber retirado el producto del mercado.