Bruselas impulsa la revisión del tabaco pese a las dudas sobre la base científica

La Comisión Europea abre una consulta pública para actualizar la normativa sobre tabaco y nicotina mientras médicos y científicos piden que no se consideren igual productos con riesgos diferentes.

Bruselas impulsa la revisión del tabaco pese a las dudas sobre la base científica |Europa Press
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El debate sobre el tabaco vuelve a moverse en Bruselas y lo hace en un momento especialmente delicado. La Comisión Europea ha dado un paso importante para revisar la Directiva de Productos del Tabaco (TPD), una norma clave para decidir cómo se regularán en los próximos años los cigarrillos, los vapeadores, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina.

El tema está dando que hablar. En plena discusión sobre el gasto sanitario que provoca el tabaquismo, y sobre el posible ahorro de millones de euros para Sanidad si parte de los fumadores adultos pasaran a productos alternativos sin combustión, la Unión Europea quiere actualizar sus reglas para adaptarlas a un mercado que ha cambiado mucho en los últimos años y por ello ha decidido abrir una consulta pública para adaptar la mencionada TDP a la llegada de nuevos productos como los cigarrillos electrónicos o las bolsitas de nicotina.

La Comisión defiende que el objetivo es proteger especialmente a los jóvenes respondiendo “con celeridad” al nuevo mercado que se plantea, todo dentro del reto de lograr una generación libre de humo en 2040. Eso sí, la reforma nace ya rodeada de polémica, porque parte de la comunidad científica cuestiona que Bruselas esté avanzando con una base de datos suficientemente sólida.

La UE quiere regular todo el ecosistema de la nicotina

Hasta ahora, buena parte de las políticas antitabaco europeas han girado en torno al cigarrillo tradicional. Pero el cambio que se plantea ahora va más allá. Bruselas quiere pasar de una regulación centrada principalmente en el tabaco combustible a otra que abarque prácticamente todo el ecosistema de productos con nicotina.

Ahí entran los cigarrillos electrónicos, las bolsas de nicotina, el tabaco calentado y otros productos que han ganado peso entre consumidores adultos. La gran cuestión es si todos ellos deben tratarse de la misma manera que el cigarrillo de siempre o si, por el contrario, habría que distinguir entre productos con combustión y alternativas sin combustión.

Este punto es el que está generando más ruido. Porque para muchos expertos no tiene sentido meterlo todo en el mismo saco. El cigarrillo tradicional implica combustión, humo y exposición a sustancias tóxicas asociadas a enfermedades graves. En cambio, otros productos no están libres de riesgo, pero presentan perfiles distintos.

Los propios controles internos de Bruselas cuestionan los datos

Las dudas han aumentado después de que se conocieran críticas al informe de evaluación que sirve de base para la futura reforma. Según recoge el medio eslovaco Trend, el propio órgano interno de control de la Comisión Europea, el Regulatory Scrutiny Board, habría señalado deficiencias graves en el documento que acompaña la revisión.

Entre los problemas detectados está la falta de capacidad para determinar con claridad qué ha provocado realmente la caída del tabaquismo en Europa. También se apuntan datos limitados, fragmentados e inconsistentes, además de extrapolaciones al conjunto de la Unión Europea realizadas a partir de información parcial.

Dicho de forma sencilla, Bruselas admite que no puede saber con precisión hasta qué punto las mejoras en salud pública se deben a su marco regulatorio actual. Y aun así, la Comisión sigue adelante con una reforma que podría cambiar por completo la forma de regular la nicotina en Europa.

Este es uno de los puntos más sensibles del debate, porque una norma mal enfocada podría terminar castigando por igual al cigarrillo convencional y a productos que algunos expertos consideran herramientas útiles para reducir daños entre fumadores adultos que no consiguen dejar de fumar.

Médicos y científicos piden una regulación basada en evidencia

La contestación científica también ha llegado a través de una carta dirigida a la Comisión Europea. Un grupo de 113 médicos, científicos y expertos europeos en salud pública ha pedido a Bruselas que revise su enfoque y que la futura regulación del tabaco y la nicotina se base en la evidencia científica disponible.

Los que han formado la carta dicen que el informe de evaluación no habría tenido en cuenta 131 estudios científicos sobre cigarrillos electrónicos, tabaco calentado y bolsas de nicotina. Según estos expertos, esa omisión debilita el diagnóstico sobre el que Bruselas pretende construir la nueva normativa.

La carta, publicada por la Plataforma para la Reducción del Daño por Tabaquismo, advierte de que no todos los productos con nicotina presentan el mismo nivel de riesgo. Reconocen que deben estar regulados, especialmente para evitar su uso entre menores, pero rechazan que se equiparen en peligrosidad al tabaco combustible.

La idea central de los expertos es que el principal daño del tabaquismo está asociado a la combustión del tabaco, no a la nicotina por sí sola. La nicotina es adictiva, pero los médicos y científicos recuerdan que el humo del cigarrillo es el que libera muchas de las sustancias tóxicas relacionadas con el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los problemas pulmonares.

Por eso piden que la comparación no se haga solo frente a la abstinencia total, que sería el escenario ideal, sino también frente a la realidad de millones de fumadores adultos cuya alternativa inmediata no es dejarlo todo de golpe, sino seguir fumando cigarrillos.

La protección de los jóvenes centra el debate

Bruselas justifica buena parte de la revisión por la necesidad de proteger a los jóvenes y evitar que nuevos productos actúen como puerta de entrada al consumo de nicotina. Es una preocupación compartida incluso por quienes defienden una regulación más diferenciada.

La diferencia está en cómo hacerlo. Para una parte de los expertos, proteger a los menores no debería implicar ignorar las diferencias entre productos. Es decir, se pueden poner límites estrictos a la publicidad, al acceso de menores o a determinados sabores, pero sin presentar todos los productos como si fueran igual de dañinos que fumar.

Ese matiz es importante porque una regulación demasiado plana puede tener efectos no deseados. Si un fumador adulto percibe que vapear, usar tabaco calentado o consumir bolsas de nicotina es prácticamente lo mismo que seguir fumando, puede que no vea ningún motivo para cambiar.

Y ahí es donde el debate sanitario se cruza con el económico, porque cada fumador que continúa con el cigarrillo tradicional mantiene también una parte importante del coste sanitario asociado al tabaquismo.

Europa sigue lejos del objetivo de una generación libre de humo

La estrategia europea quiere conseguir, sin lugar a dudas, una generación libre de tabaco en 2040, entendida como una prevalencia inferior al 5%. Pero la realidad es que gran parte de Europa sigue muy lejos de esa cifra. En muchos países, el consumo de tabaco continúa en niveles cercanos al 20%.

Este desfase está alimentando una pregunta incómoda: si las políticas tradicionales basadas casi exclusivamente en restricciones no han conseguido reducir el tabaquismo al ritmo esperado, quizá haya que abrir el debate a otras estrategias.

Suecia suele aparecer en esta discusión como el ejemplo más citado. El país ha logrado situarse en niveles muy bajos de tabaquismo, en un contexto donde han tenido peso alternativas como el snus y las bolsas de nicotina. Para los defensores de la reducción del daño, esto demuestra que no basta con prohibir o restringir, sino que también hay que ofrecer salidas realistas a quienes no dejan el cigarrillo.

Una reforma que puede marcar el futuro del tabaco en Europa

La revisión de la Directiva de Productos del Tabaco llega, por tanto, en un momento clave. No se trata solo de decidir qué productos se venden o cómo se etiquetan. Lo que está en juego es el enfoque completo de la política europea frente al tabaquismo.

Bruselas quiere actualizar la regulación de los nuevos productos con nicotina, pero lo hace con dudas sobre la solidez de los datos que maneja y con una parte de la comunidad científica pidiendo más rigor. El reto está en encontrar un equilibrio entre proteger a los jóvenes, no normalizar el consumo de nicotina y, al mismo tiempo, no cerrar la puerta a alternativas que podrían reducir daños entre fumadores adultos.

Porque la abstinencia total sigue siendo la mejor opción para la salud. Pero para quienes no consiguen dejar de fumar, tratar igual todos los productos puede terminar siendo una política poco útil. Y en un contexto de presión sobre el gasto sanitario, esa diferencia no solo afecta a la salud pública, también puede acabar pesando en las cuentas de Sanidad.

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