Cristian, ganadero: "Para que un joven se anime a trabajar en esto hay que llenarle el bolsillo"

Este ganadero afirma que para poder llevar el negocio bien es necesario estar “25 horas al día”.

Cristian, ganadero |Etxezarreta
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Hace varias décadas, los pueblos del Pirineo navarro se mantenían gracias a la agricultura y la ganadería. Decenas de familias vivían y moldeaban un paisaje donde la ganadería era más que un trabajo, pues también mantenía limpios y vivos los valles.

Sin embargo, la ganadería se debilita debido a la despoblación rural y a los altos costes de producción, lo que provoca que no exista relevo generacional, pues los más jóvenes no quieren un trabajo tan duro, tan sacrificado y con bajo rendimiento económico.

Una persona que camina contra esta corriente es Cristian, quien tiene una ganadería en Iriberri / Villanueva de Aezkoa (Navarra). Este joven cogió las riendas de la explotación en 2014 para mantener el negocio familiar.

Hoy en día, cuida de unas 80 vacas madre de raza pirenaica y de sus crías. Pero en esta montaña la soledad del oficio obliga a hacer piña. Como él mismo reconoce, en la ganadería actual la realidad es cruda: ”Cobra uno, pero trabaja toda la familia”. Cuando hay picos de trabajo en la explotación, su hermana Miriam y su mujer son piezas fundamentales para que el engranaje no se detenga.

Un trabajo duro

El trabajo en el valle no entiende de horarios, y la vasta geografía navarra impone sus propias reglas y desgastes. ”Si quieres llevar esto muy bien, tienes que estar 25 horas al día. Si no, luego se te desmadra”, afirma Cristian en una entrevista para el canal de Youtube Etxezarreta.

Explica que trabajar en la montaña y cuidar el ganado es duro y con unos costes inasumibles para la mayoría. “Los inviernos en esta zona son de seis meses. Tienes que estabular el ganado y hacer comida para esos seis meses”, explica. Para lograrlo señala que hay que “hacer unas inversiones muy potentes” tanto en naves como en maquinaria agrícola.

A esto se suma el estigma de la sociedad. El ganadero no entiende cómo la gente de ciudad puede criticar y acusar al sector primario de “vivir de las ayudas públicas”, pues no es así. “La gente lee y percibe que vivimos de las subvenciones, y realmente nos dan indemnizaciones compensatorias porque, de por sí, la empresa no es viable. La ganadería no es viable” señala.

Los ganaderos navarros no entienden de nóminas, pues su liquidez (lo que ganan) depende de los "golpes fuertes" de las ayudas de la PAC (Política Agraria Común), un sistema que, según denuncia, está mal diseñado, ya que castiga a zonas como la suya.

Su ganado tiene una doble función, pues además de producir mantiene los paisajes, un esfuerzo medioambiental que la burocracia europea no siempre sabe medir ni recompensar.

Relevo generacional

Para Cristian, el relevo generacional es un espejismo, pues nadie está dispuesto a trabajar en el campo si está mal pagado. “Yo no veo a la gente joven que esté dispuesta a sacrificarse con el ganado”.

Las renuncias personales en este sector son enormes y chocan frontalmente con el estilo de vida actual, ya que "todo el mundo se quiere ir de vacaciones, quieres el fin de semana... y en invierno tienes que ir a la mañana y a la tarde".

La falta de jóvenes es un problema económico. "Hay que hacerlo atractivo económicamente. A la gente que se quiere instalar... que se le llene el bolsillo” señala.

Pero más allá de la nula rentabilidad económica y del lógico cansancio que a veces le hace querer "mandar todo de paseo", el arraigo por su tierra y sus animales actúa como un ancla inquebrantable en su vida, en una entrega diaria que define su esencia.

Dejar el trabajo de ganadero y mudarse a la vida urbana es algo que no entra en sus planes. "Seguramente caeríamos en una depresión. Es una cosa que se lleva dentro. En casa siempre va a haber ganado".

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