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Miguel Sanz, quiosquero en Madrid: "Abro a las 9 de la mañana y estoy hasta las 10 de la noche; nadie se hace rico aquí"

Este emprendedor confiesa cómo ha logrado reinventar su negocio y mantener viva la pasión por el papel echando muchísimas horas al día a pie de calle.

Miguel durante la entrevista y un quiosco de prensa
Miguel Sanz, quiosquero en Madrid: "Abro a las 9 de la mañana y estoy hasta las 10 de la noche; nadie se hace rico aquí" |La Sexta / Europa Press
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Ser autónomo y levantar la persiana todos los días ha sido siempre un verdadero reto para muchísimos trabajadores en nuestro país. Y es que el esfuerzo diario que requiere mantener a flote un negocio físico de los de toda la vida no está pagado. Frente a los horarios cómodos de oficina, los comerciantes de barrio asumen jornadas que parecen no tener fin.

Así lo ha demostrado Miguel Sanz, un hombre que lleva más de una década al frente de su quiosco en Madrid. Este empresario ha encontrado la forma de ganarse la vida con algo que de verdad le gusta, aunque el sacrificio que ha hecho a nivel de tiempo personal ha sido enorme.

Una pasión que compensa los madrugones

Tal y como ha explicado este veterano vendedor al programa El Intermedio, su rutina diaria arranca bien temprano para tenerlo todo listo. "Yo me despierto sobre las 8:00, 8:30 de la mañana y yo abro aquí a las 9:00 de la mañana", detalla. Sin embargo, el momento de cerrar se alarga muchísimo más de lo habitual, ya que, como él mismo asume, "estoy todo el día hasta las 9:00, 10:00 de la noche".

Entonces, ¿de dónde saca la motivación para aguantar este ritmo? Resulta que Miguel "era cliente de este quiosco y vi que se traspasaba hace ya diez años". Por lo que, movido por sus gustos personales, decidió dar el gran salto. "Como siempre me han gustado tanto el papel, los periódicos, las revistas, los libros, tenía ganas de ponerme a trabajar y lo vi como una oportunidad", ha confesado con total sinceridad.

Mucho curro y firmas de libros para sobrevivir

Asimismo, este madrileño se las ha ingeniado maravillosamente para que su local no sea un quiosco más del montón. Encima de la venta diaria, los domingos organiza firmas de libros invitando a escritores, logrando un ambiente genial para que aprovechen la ocasión y puedan "vender un montón de ejemplares".

Sabiendo que se trata de un oficio muy demandante que necesita dedicar 12 horas casi obligatorias, Miguel no se engaña y lanza un aviso para navegantes: "hay que currárselo mucho y nadie se hace rico aquí". Pero, a fin de cuentas, ha logrado construir una base de clientes muy fieles y ha sacado en claro una conclusión que lo compensa todo: "a mí me sale a cuenta, yo estoy contento".