Es díficil meter cabeza en el mercado laboral, pero lo es incluso más reincorporarse cuando se alcanza cierta edad. Demasiado mayor para trabajar, y demasiado joven para poder jubilarse. Es el problema al que se enfrentan cada vez más trabajadores de mediada edad. Y no solo en España. Camilla Richardson lo ha conocido a través de su marido, que, superada la cuarentena, ha tenido que trabajar mucho para conseguir que alguien le diera una oportunidad laboral.
Una oportunidad que llegó de la forma más inesperada: “Mi marido estuvo en paro durante 10 meses. Al final consiguió un trabajo cuando se presentó en una oficina con una caja de donuts”. Para entender este desenlace, hay que conocer su historia desde el principio. Su pareja, de la que no revela el nombre, fue despedido en enero de 2025. Tras enviar cientos de solicitudes, solo consiguió dos entrevistas, sin ninguna oferta de trabajo.
Al inicio de la búsqueda, se mantuvieron positivos, aprovechando ese tiempo que tenían libre para viajar y visitar a la familia. Pero, con el paso de los meses, esa positividad dio paso a la preocupación. Aun más por el sector de su marido, que siempre había trabajado en el ámbito tecnológico, uno de los más perjudicados por la irrupción de la Inteligencia Artificial y que ha provocado despidos masivos.
“Incluso con mi ayuda, como antigua reclutadora, la mayoría de las empresas le ignoraban. Revisé su currículum varias veces, corregí sus cartas de presentación, le di consejos para encontrar oportunidades en LinkedIn e incluso practicamos entrevistas simuladas”, cuenta Camilla en primera persona para ‘Business Insider’, pero nada de eso parecía dar resultados.
Nueva estrategia: presentarse en persona
Su pareja, ya desesperada, decidió salir de su zona de confort y buscar trabajo en otros sectores. Pero, como no tenía experiencia, tampoco funcionaba. En este punto, optó por una estrategia que podría parecer arriesgada: ir en persona a los sitios, como a la antigua usanza.
Camilla, de hecho, no estaba muy convencida, considerando que iba a parecer anticuado y, por tanto, no iba a llamar el interés de las empresas. Pero sí que funcionó. Y a la primera. Su marido, tras inscribirse en la oferta por internet, cogió y se presentó en la oficina con una caja de donuts. “Este gesto llamó la atención durante su visita y sirvió para romper el hielo con el personal”, confiesa ahora.
Ciertamente, su propio marido llegó nervioso a casa, pero con ilusión. Y es que tenía la sensación de que el detalle de los dulces había sido muy bien acogido. “Era cierto: su visita lo situó en lo más alto de la lista de candidatos, y finalmente recibió una llamada de RR.HH. ese mismo día. La mujer mencionó los donuts y lo mucho que el personal había agradecido el detalle”.
Tras varias entrevistas, le cogieron. Tal y como cuenta su mujer, en el citado medio, seis meses después le ofrecieron un aumento de sueldo y, hace poco, recibió una evaluación excelente. De esta historia, Camilla ha sacado una lección muy valiosa: “Aparecer con una caja de donuts es algo muy propio de él, y fue precisamente cuando dejó que su personalidad brillara cuando por fin se le reconoció como persona, en lugar de como un simple candidato más”. Algo muy importante en un mercado laboral cada vez más impersonal, con procesos estandarizados y filtros de IA.

