Logo de Huffpost

Fermín Lorda, carpintero, explica la falta de relevo: “Ni al que aprende le interesa trabajar por ese dinero ni a la empresa contratar al que no sabe”

El carpintero denuncia que la desaparición del aprendiz, los bajos salarios y la falta de continuidad están dejando al oficio sin relevo generacional.

unos tablones de madera y una imagen de Fermin Lorda
unos tablones de madera y una imagen de Fermin Lorda |Canva / Facebook
Antonio Montoya
Fecha de actualización:
whatsapp icon
Agregar NoticiasTrabajo en Google
Agrega NoticiasTrabajo a tus medios preferidos en Google

La carpintería es uno de esos oficios que durante décadas se aprendía dentro del taller, mirando, repitiendo y heredando el negocio familiar. Un trabajador entraba joven, empezaba desde abajo y, con el tiempo, terminaba convirtiéndose en oficial. Sin embargo, ese modelo tradicional se ha debilitado hasta el punto de que muchas carpinterías ya no encuentran aprendices ni trabajadores formados. Una profesión que intenta reivindicarse con un papel cada vez más importante en las obras.

Así lo explica Fermín Lorda, carpintero autónomo con más de una década de experiencia, en una entrevista concedida a Infobae. Para él, el problema no afecta solo a los jóvenes que quieren entrar en el oficio, sino también a las empresas que necesitan personal cualificado y no encuentran candidatos preparados.

Ni al que aprende le interesa trabajar por ese dinero ni a la empresa contratar al que no sabe”, resume Lorda, poniendo sobre la mesa uno de los grandes conflictos de los oficios tradicionales, que no es otro que el existente entre el tiempo que necesita el aprendizaje inicial y la productividad que demandan las empresas desde el primer día.

La carpintería necesita años de oficio

Lorda explica que aprender carpintería no se consigue en unos meses. Es un oficio que exige práctica, continuidad y tiempo dentro del taller. El problema es que muchas trayectorias laborales actuales son más fragmentadas, con jóvenes que alternan estudios, viajes, trabajos temporales y cambios de empresa antes de asentarse en un empleo estable.

No es muy compatible con aprender un oficio”, señala el carpintero al hablar de esa forma de entrar y salir del mercado laboral. En su opinión, no basta con acumular trabajos sueltos para convertirse en carpintero. “Como carpintero no vas a tener una base ni para que te puedan contratar con ese tipo de experiencia laboral de meses sueltos”, explica.

La consecuencia es clara: el oficio pierde continuidad. Las empresas necesitan trabajadores que sepan producir, pero cada vez encuentran menos personas dispuestas a asumir un proceso largo de aprendizaje. Y, al mismo tiempo, quienes quieren empezar no siempre encuentran condiciones económicas atractivas para hacerlo.

“Antiguamente tú entrabas de aprendiz y no cobrabas”

Uno de los grandes cambios que señala Fermín Lorda es la desaparición de la figura del aprendiz tal y como se entendía antes. Durante años, muchos trabajadores entraban en un taller con salarios muy bajos o incluso sin cobrar, a cambio de aprender el oficio desde dentro.

Antiguamente tú entrabas de aprendiz y no cobrabas. Te pasabas unos años aprendiendo”, recuerda. Ese modelo, sin embargo, ya no encaja con la realidad laboral actual ni con una normativa mucho más estricta sobre los contratos y las prácticas no remuneradas.

Pero el problema no es solo legal. También hay una cuestión económica. Los salarios del sector no han subido lo suficiente como para compensar los años de formación que requiere el oficio. “La diferencia salarial entre un peón y un oficial es muy baja”, señala Lorda.

Esto reduce el incentivo para especializarse. Si un trabajador puede ganar una cantidad similar en otro empleo sin pasar años aprendiendo, muchos terminan optando por trabajos con menos exigencia técnica o menos compromiso a largo plazo.

Empresas que ya no quieren formar

A esta situación se suma otro problema: la rotación. Según Lorda, muchas empresas han intentado formar a personal joven, pero se encuentran con que algunos trabajadores abandonan el puesto después de pocos meses.

Las empresas muchas veces contratan personal joven para formarlo y a los seis meses se van de viaje o se cambian de empresa”, afirma. Para una pequeña carpintería, formar a una persona supone tiempo, dinero y pérdida de productividad. Si esa inversión no se recupera, muchas empresas dejan de hacerlo.

“Llega un momento que las empresas deciden no hacer esa inversión”, resume.

El resultado es un bloqueo en el sector. Las empresas necesitan personal, pero no siempre pueden asumir el coste de formar a alguien desde cero. Y los jóvenes no encuentran suficiente atractivo económico para entrar en un oficio que exige años de aprendizaje.

“Ganas lo mismo de reponedor”

Lorda también compara la carpintería con otros empleos que no requieren una formación tan larga. “Ganas lo mismo de reponedor”, señala. Esa frase resume buena parte del problema: si el salario de entrada es parecido al de otros trabajos menos especializados, el oficio pierde atractivo.

Además, en una carpintería pequeña o mediana, la necesidad de productividad es inmediata. “En una carpintería mediana no puede haber uno que no sepa”, explica. “No hay trabajo para él”, añade.

Para el carpintero, el problema no tiene una única causa. No se puede culpar solo a los jóvenes, ni solo a las empresas, ni solo a la legislación. “Es una unión de todo”, afirma. Cambian las expectativas laborales, suben los costes, los márgenes son ajustados y los oficios manuales ya no tienen el mismo atractivo social que antes.

Por eso insiste en que aprender carpintería requiere algo más que buscar un trabajo. Hace falta motivación real. “Si no lo haces por pasión, es complicado”, señala.

La paradoja es evidente: hay trabajo, pero faltan personas preparadas o dispuestas a formarse durante años. Y mientras el modelo tradicional del aprendiz desaparece, el sector todavía no ha encontrado una alternativa clara para garantizar el relevo generacional.

Archivado en