Hay testimonios que parecen sacados de otro siglo, literalmente. Historias de jubilados que comenzaron a trabajar siendo niños, que crecieron entre animales, cortijos y hambre, y que hoy miran el presente con la sensación de haber vivido dos vidas completamente distintas. El programa ‘Centenarios’ de Canal Sur ha reunido a varios andaluces de más de 90 y 100 años junto a sus hijos, muchos también jubilados y mayores de 70 años, para recordar cómo era la Andalucía de antes: una tierra de trabajo duro, escasez y sacrificio.
Uno de los testimonios que llama la atención es el de Manolo Carrillo, hijo de Mercedes, una centenaria de Almodóvar del Río (Córdoba). A sus 92 años todavía recuerda perfectamente cuándo empezó a trabajar: “A los 6 años ya estaba yo guardando pavos y cochinos y cabras y animales en el campo”.
Y añade una frase que resume la infancia de toda una generación: “He jugado un poquito, pero poco, porque yo ya cuando vine aquí ya era edad de trabajar y lo que hacía era trabajar todos los días y no tenía tiempo para jugar”.
Aquella vida poco tenía que ver con la actual. “700 pesetas a la semana cobraba yo que estaba soltero”, recuerda Manolo. Aunque reconoce que tenían muy poco, habla de aquella época con cierta nostalgia: “Yo tengo mucha nostalgia de lo que pasé, a pesar de que tenía muy poco, porque es que no tenía casi nada”.
“Ahora se tiene de todo y antes era todo con más miseria”
Las comparaciones entre generaciones son constantes en todos los protagonistas del programa. Benito ‘Matito’, centenario de El Ejido, lo resume con una frase tan sencilla como demoledora: “Ahora se tiene de todo y antes pues era todo con más miseria, más estricto, más humilde”.
Benito empezó como pastor cuando apenas era un niño. Su hija María Ángeles, también jubilada, recuerda cómo fue aquella vida: “Mi padre empezó a pastorear con 10 u 11 años”. Durante años recorrió kilómetros andando entre pueblos y montañas cuidando ovejas y cabras. “Iba desde Fuente Nueva hasta Trevélez andando, con lluvia, viento y su sartén colgada”, explica.
La economía funcionaba muchas veces a base de trueques. “Daba leche y lo cambiaba por pan… todo era cambio”, recuerda su hija. Y aun así, Benito siempre decía que nunca pasó hambre.
El propio centenario recuerda cómo aprendió a leer prácticamente solo: “Un poquillo aprendí ya la escuela antigua”. Pero tenía claro que sus hijos debían tener otra vida. “Vosotros estudiáis para no ser como yo soy”, les repetía.
Su nieto reconoce el enorme cambio generacional: “Yo, por ejemplo, con 25 años he podido tener una vida mejor porque me han podido pagar los estudios”.
La guerra, el exilio y los años más duros
La Guerra Civil y la posguerra marcaron profundamente las vidas de estos jubilados. Manolo Carrillo recuerda cómo su padre tuvo que marcharse a Francia tras la guerra: “Mi padre estuvo en el ejército de la izquierda y cuando Franco cogió el mando tuvo que coger caminito e irse a Francia, a un campo de concentración”.
Durante tres años, Mercedes no supo si seguía vivo: “No sabía si estaba muerto, si estaba vivo, si dónde estaba”, cuenta su hijo.
También Emilia, otra de las protagonistas centenarias del programa, tuvo que emigrar a Argentina junto a toda su familia buscando un futuro mejor. Sus hijas recuerdan cómo vendieron incluso la casa familiar para pagar el viaje: “Mis padres vendieron la herencia de mi madre, una casa en Jete, para pagar los pasajes”.
Aun viviendo al otro lado del mundo, nunca dejaron atrás las costumbres andaluzas.
“Seguíamos haciendo las migas, los pucheros, las cazuelas… seguíamos con la cultura española”, explica una de sus hijas.
“No tenían nada, pero disfrutaban de cualquier cosa”
Pese a las dificultades, todos coinciden en que sabían disfrutar de lo poco que tenían. Manolo todavía recuerda emocionado el primer gran viaje que hicieron sus padres a Canarias gracias a un premio: “La metieron en una discoteca bailando con unos negros, mi madre, y mi padre con una negra”, cuenta entre risas.
Aquella experiencia marcó a Mercedes para siempre. “Esto es lo mejor que me ha pasado a mí en toda mi vida”, decía al volver.
José Manuel de Lara, poeta onubense de casi 100 años, también recuerda cómo era enamorarse en aquella España de los años 50. Tardó más de un año en conseguir que Pepita aceptara ser su novia. “Un año y tres días”, recuerda todavía con precisión.
“Los muchachos no ligaban, rondaban a las mozas”, explica en el programa. Nada que ver con la actualidad. “Ahora los noviazgos han cambiado mucho… antes había más poesía”.
“La vida entonces era comparada con la de hoy dificilísima”
El poeta recuerda también las enormes dificultades para estudiar en aquella época. “En toda la provincia de Huelva no existían más que el Instituto de La Rábida con siete alumnos para toda la provincia”, explica.
Aun así, acabó convirtiéndose en maestro, ingeniero técnico de minas y escritor con más de 20 libros publicados. Su infancia, sin apenas juguetes ni libros, le obligó a inventarse su propio mundo: “Como apenas tenía libros para leer, me tenía que leer a mí mismo”.
Hoy, todos ellos miran el presente con cierta distancia, conscientes de que la vida ha cambiado radicalmente en apenas unas décadas. Pero si algo dejan claro sus testimonios es que crecieron en una época donde trabajar desde niños era normal, donde no sobraba nada y donde cualquier pequeña alegría se celebraba como un lujo.
Porque, como resume Benito ‘Matito’ con 100 años y todavía ganas de bailar: “Donde vaya yo, va mi dinero conmigo”. Y también todos los recuerdos de una vida que hoy parece imposible de imaginar.