España vive una paradoja cada vez que llega el verano. Con miles de kilómetros de costa y millones de piscinas públicas y comunitarias listas para la temporada, las empresas tienen serios problemas para encontrar socorristas.
Las compañías del sector suelen culpar a la falta de ganas de los jóvenes, pero los profesionales de las torres de vigilancia señalan una realidad muy distinta: sueldos que apenas rozan el mínimo legal, jornadas agotadoras bajo un calor extremo y una inestabilidad laboral constante.
A través de un vídeo publicado en las redes sociales del sindicato USO, una portavoz de Juventud USO y trabajadora del sector ha denunciado la precariedad que sufren a diario. "Asumimos una responsabilidad increíble porque os recuerdo que salvamos vidas, pero lo peor son las condiciones laborales. Estamos durante todo el día bajo el sol, muchas veces sin sombra, con turnos partidos, sin apenas descanso y por sueldos increíblemente bajos", relata la afectada.
Sueldos congelados y el coste de poder trabajar
El salario de un socorrista puede cambiar completamente dependiendo de quién lo contrate. Quienes consiguen una plaza temporal en un ayuntamiento para vigilar playas o piscinas municipales tienen mejores condiciones, con sueldos de entre 1.500 y 1.800 euros brutos al mes gracias a los pluses de peligrosidad o festivos.
Pero, la realidad en el sector privado (urbanizaciones y clubes deportivos) es mucho más precaria. Regulados por el Convenio Estatal de Instalaciones Deportivas, el sueldo base ronda entre los 1.150 y los 1.350 euros brutos al mes. Cuando les quitan los impuestos de la nómina, a muchos socorristas les quedan limpios en el bolsillo entre 1.050 y 1.150 euros al mes. Es decir, cobran lo justo para llegar al Salario Mínimo (SMI), el sueldo más bajo que permite la ley en España.
A esto se suma una barrera de entrada importante: para poder trabajar, la ley exige un curso de formación homologado que cuesta entre 300 y 600 euros. Como este dinero sale del bolsillo del trabajador, casi todo el sueldo del primer mes de verano se destina únicamente a recuperar lo invertido para obtener el título.
Largas jornadas con altas temperaturas
El dinero no es la única queja del colectivo; las condiciones del día a día rozan el límite físico. En las piscinas de las comunidades de vecinos son habituales largas jornadas que suman hasta 11 horas al día.
Los socorristas pasan todo el día en la instalación, soportando temperaturas altísimas y, en muchas ocasiones, sin una sombrilla adecuada o una silla cómoda para vigilar. Además, denuncian que en estas urbanizaciones llegan incluso a ser tratados como conserjes, limpiadores de filtros o vigilantes de las normas de la comunidad más que como personal de emergencias sanitarias.
Por su parte, los sindicatos alertan de los riesgos que se viven en las playas por la falta de personal. Las recomendaciones de seguridad indican que un socorrista no debería pasar más de dos horas seguidas en la torre de vigilancia para mantener la atención al 100%.
Al no haber relevos suficientes, sufren fatiga térmica y mental, lo que reduce su capacidad de reacción ante un posible ahogamiento. Los datos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS) demuestran que contar con profesionales bien descansados salva vidas, ya que la mayoría de las muertes ocurren en zonas sin vigilancia o fuera del horario de servicio.
Contratos que duran tres meses y fuga de profesionales
La inestabilidad es el otro gran motivo por el que las vacantes quedan desiertas. Más del 85% de los contratos se firman exclusivamente para los meses de verano (de junio a septiembre). Aunque la reforma laboral obliga ahora a contratar a muchos de estos empleados como fijos-discontinuos para asegurarles el puesto el año siguiente, esta fórmula sigue sin resolver el gran problema: cómo pagar las facturas el resto del año.
"Esto no atrae a nadie. Cuando un empleo no garantiza ni un salario justo, ni condiciones dignas, ni el respeto básico de los derechos laborales, no es cuestión de actitud", subraya la portavoz de USO en su denuncia.
Esta falta de futuro provoca que muy pocos aguanten más de dos o tres veranos seguidos. El sector se ha convertido en un empleo de paso para estudiantes universitarios de entre 18 y 25 años que buscan dinero rápido para sus vacaciones y que se marchan en cuanto encuentran una alternativa mejor.
Mientras tanto, los socorristas profesionales con experiencia e idiomas prefieren marcharse a trabajar a Francia o el Reino Unido, donde los sueldos duplican a los de España y el alojamiento suele estar incluido