Una joven de 21 años se pelea con su familia y duerme cada noche en las instalaciones de una empresa: “Me sentí a gusto desde el primer día”

Acude cada día a partir de las 17:30 y debe marcharse antes de que lleguen los primeros empleados a comenzar su jornada laboral.

Una joven sentada en el sueldo, junto a la cama |Envato
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Una mala racha puede dejar a cualquier persona en la calle. Aunque nadie se imagina en esta situación, carecer de un vínculo familiar y perder un empleo pueden llevar al sinhogarismo. Independientemente de la edad que se tenga. Y aún más con la crisis habitacional que se está produciendo en distintos países, con los precios de compra y alquiler de vivienda más altos que nunca.

Un caso que lo ejemplifica es el de Laurine, de 21 años, que cada día acude a las instalaciones de una empresa a dormir porque no tiene un hogar en el que resguardarse. Lo hace en las instalaciones de una oficina de AXA en Isneauville, cerca de Ruán (Francia), donde le han preparado una habitación.

“Me sentí bien desde el primer día”, ha contado la joven al medio ‘France 3’, asegurando que por fin ha conseguido un lugar donde puede quedarse, y ya no tiene que estar viendo cada día donde pasar la noche. Y es que, una ruptura el verano pasado con su familia, le dejó en la calle. Desde entonces, ha recurrido a esta solución temporal hasta que se recupera.

Un programa de ayuda temporal para los sintecho

La habitación donde se queda Laurine cuenta con todo lo necesario para hacer su estancia lo más cómoda posible: además de cama, tiene un microondas, una nevera y un armario. La compañía de seguros también le deja bandejas de comida del comedor de la empresa para el almuerzo y la cena. 

Una acción solidaria, en este caso por parte de AXA, que responde a la iniciativa ‘Les Bureaux du coeur’, una asociación creada en Nantes en 2020. Para Pierre-Alexandre Havard, responsable del centro, acoger a Laurine no ha sido nada complicado, siendo la segunda beneficiaria del programa que acogen: “Solo hemos acondicionado un despacho, nos hemos organizado para las comidas y ya contábamos con aseos”, explicó al citado medio.

“Es una auténtica experiencia de vida que nos permite compartir y aprender unos de otros”, añade. 

A través del citado programa, se ofrece alojamiento individual de emergencia durante un periodo de entre tres y seis meses a personas en situación de precariedad, como pueden ser estudiantes en situación de pobreza, mujeres que han sufrido violencia doméstica o personas en proceso de inserción laboral. Paralelamente, la asociación colaboradora se compromete a hacer un seguimiento de la persona y a intervenir en caso de que surja algún problema.

En el caso de Laurine, esta llega siempre a las 17:30 y debe marcharse ocho horas después, salvo los fines de semana, en los que puede quedarse allí. También tiene que cumplir una serie de reglas, teniendo prohibido consumir alcohol en las instalaciones, fumar, recibir visitas de amigos o traer animales. Por la mañana, debe estar lista antes de que lleguen los primeros trabajadores, con quienes puede compartir un café antes de salir del recinto.

La suerte comienza a sonreírle 

Laurine, recientemente, ha conseguido trabajo como auxiliar de ayuda a domicilio con un contrato de duración determinada, esperando que pronto se convierta en indefinido. “Les preparo la comida, hablo con ellos, les ayudo a asearse y me encanta el contacto con las personas mayores; me encanta hablar con ellos, hacerles compañía y también aprender de su cultura”, explica emocionada.

Tanto le ha gustado el trabajo, que quiere formarse para ser auxiliar de enfermería y abrirse una carrera en este ámbito.

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