Carla Villa (101 años), anciana que fue madre soltera y volvió al trabajo con 78 años: “no ha sido fácil”

Abrió una tienda de antigüedades que tuvo que cerrar años más tarde pasando a ser un local de moda, de donde la llamaron para trabajar cuando ya era jubilada.

Una mujer mayor sonriendo a la cámara, para ilustrar la noticia. |Envato
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Celia Villa tiene 101 años, aunque ya ha empezado la cuenta atrás para su próximo cumpleaños, que será el 28 de octubre. Antes de soplar las velas, ha concedido una entrevista a Corriere della Sella donde ha explicado cómo su vida ha transcurrido entre la pena por la muerte de su hermano en la Segunda Guerra Mundial, el reto de criar sola a su hijo en un momento en que ser madre soltera era complicado y la necesidad de regresar al trabajo con 78 años

Durante la conversación mantenida con la periodista, ha explicado que fue madre soltera en un momento “complicado porque esta decisión suponía enfrentarse a muchos prejuicios”. Su forma de entender la vida se puede resumir diciendo que “he hecho lo que he querido, pero seamos claros: no fue nada fácil”. 

Sigue viviendo en la misma casa, la de su familia, que se encuentra en la Vía de San Marco. Ahí lleva 99 años, ya que no ha cambiado nunca de residencia y allí es donde ha planificado una vida que pasa por el regreso al mercado laboral a una edad en la que la mayor parte de los jubilados están descansando o de viaje con el Imserso.

Todos sus hermanos han muerto, y siente que habla con ellos

Uno de los episodios más complicados de su vida y con el que aún se emociona fue la muerte de su hermano Aldo con 22 años. Marchó como soldado a la Segunda Guerra Mundial y en Rusia falleció en la batalla del Don. Su madre, que en aquel momento estaba enferma “nunca pudo recuperarse de su pérdida”.

Era una familia muy unida, y ella fue la única chica de cinco hermanos. “Todos han muerto ya pero yo les sigo recordando y hablo con ellos, porque las personas siguen estando aquí después de irse aunque sea de modo invisible”. 

Reconoce que estos momentos le hicieron regresar a la religión. “Llevo un crucifijo que encontré en una tienda de segunda mano, soy creyente pero no voy a misa”. Durante los últimos años ha acudido con su hijo a encuentros budistas donde siempre es la persona de mayor edad. 

Carla llegó a San Marco en enero de 1927 cuando tenía dos años y “el canal Naviglio se podía ver desde las ventanas. Para ir al colegio debíamos cruzar por un puente”. En el bajo de ese mismo edificio, su familia regentaba la Droguería Villa, un negocio que fue abierto por su padre Luigi.

“Como galletas y me encanta el helado”

Uno de los secretos de la longevidad de Carla es la alimentación aunque reconoce que no sigue ninguna dieta especial. Se levanta entre las 7:30 y las 8:00 de la mañana y desayuna un café con galletas. No suele comer y cena pollo con verduras o pescado. De vez en cuando “me permito un capricho y me tomo el helado de café que trae mi hijo Thomas”.

Su estado de salud es bueno pero reconoce que últimamente sufre problemas de movilidad y no puede caminar con facilidad. “Siempre estoy pendiente del tiempo que va a hacer y si es bueno, me gusta salir a andar por el barrio”.  Tiene varias cuidadoras pagadas por el Ayuntamiento y a su hijo, que cuando puede la acompaña.

“No puedo leer bien el periódico, noto cómo mi vista se ha deteriorado y prefiero poner el telediario para estar al día de la actualidad. Lo que más me preocupa en estos momentos es la violencia en algunas ciudades y las guerras”.

También sigue conservando su amor por la moda. “Cuando era joven, diseñaba mis propios vestidos y encargaba a las modistas que los hicieran, cuando el Teatro alla Scala abrió después de la guerra, fui a la inauguración con un vestido largo diseñado por mí”.

En aquellos años, conoció a la actriz Mariangela Melato, que nació al lado de su casa y aunque era 20 años más joven, le daba consejos sobre ropa y “una vez vino a mi casa a que le prestara algunas prendas”.

Sustituyó a una dependienta embarazada en una tienda de moda cuando tenía 78 años

A los 78 años la llamaron para sustituir a una dependienta de una tienda de modas que estaba de baja por embarazo. Era un local en el que ella, en 1972 abrió una tienda de antigüedades que tuvo que cerrar en 1990. “Encontraba piezas valiosas y las vendía baratas”. 

En ese local, abrieron una tienda de trajes de novia de donde la llamaron para cubrir la baja de una de sus trabajadoras. En aquel momento, tenía 78 años y lo recuerda como “toda una experiencia”.

Sobre el nacimiento de su hijo Thomas, explica que nació en 1967 y que decidió que sería ella quien se ocupara de su crianza. “Conocí a su padre en el Jamaica Bar que era un establecimiento frecuentado por artistas, en Brera. Él era pintor y cuando descubrí que estaba embarazada ya no éramos pareja”. 

Poco después, cuando nació el niño, “él vino a buscarme y me preguntó si era hijo suyo pero le dije que no. Seguramente no me creyó pero ya había decidido que iba a seguir adelante por mi cuenta. Quería mucho a Thomas”.

En su familia, aquel embarazo fue visto como algo natural. “Mis hermanos se volcaron con el niño, desarrollaron una relación muy estrecha y lo cuidaron cuando nos robaron la casa. Ahí nos dieron un gran susto”.

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