El teléfono móvil se ha convertido en compañero inseparable para miles de personas, un apéndice del que no se liberan ni en casa ni en el trabajo. Al final, esto crea cierta dependencia, especialmente en los más jóvenes que viven en un micromundo virtual dentro de sus redes sociales o en comunicación constante con sus amigos y familia por los mensajes de WhatsApp.
En Estados Unidos, una empresa que gestiona un parque acuático ha decidido que sus empleados no usen el teléfono móvil durante el tiempo en que dura la jornada laboral. Ronin Segrest, un chico de 17 años, ha contado su experiencia en CNBC explicando que, al entrar, le dijeron que no debía usar su dispositivo por razones de seguridad, concentración y la relación con sus compañeros.
Su jornada laboral, explica, dura unas 6 o 7 horas y en ese tiempo, dejaba su teléfono metido en la taquilla. Reconoce que al principio le costó acostumbrarse y que tardó aproximadamente un mes en adaptarse a la nueva situación. “Estaba pensando en quién me mandaba mensajes o lo que me perdía en las redes sociales” pero ahora “con el paso de las semanas me he dado cuenta de que sin el teléfono me concentro mejor, reflexiono con más calma y me relaciono con clientes y compañeros de una manera directa”.
Prevenir los accidentes en el trabajo
La empresa propietaria del parque, Morey’s Pier, realiza cada verano unos 500 contratos de trabajo a jóvenes de entre 14 y 19 años, precisamente los que más dependencia a las pantallas están manifestando. Cuando les entrevistan, dejan claro que no podrán usar el teléfono en ningún momento durante el tiempo en que están trabajando y que deberá quedarse encerrado en una taquilla.
La directora de la compañía, Denise Beckson ha explicado en la entrevista que esta medida responde “a razones de seguridad” en primer lugar porque algunos adolescentes están manejando piezas e instalaciones de alto valor y deben supervisar el buen uso de determinadas instalaciones en las que los usuarios consiguen velocidades de 96 kilómetros por hora aproximadamente.
Deben estar pendientes de las piscinas y los toboganes, “tenemos a una chica de 16 años, por ejemplo, como responsable de un equipo que vale millones”. Por eso, “esta responsabilidad es incompatible con estar mandando mensajes o navegando por internet”.
Los trabajadores aprovechan mejor los tiempos de descanso
La empresa sostiene que apartar el teléfono ayuda a los jóvenes a llevar a cabo su día a día sin distracciones ya que, cuando no hay clientes, los mismos empleados deberán identificar qué tareas podrán realizar, como limpiar, reponer productos o atender a los que pasen cerca del establecimiento.
“Cuando tengo el teléfono a mano, en el momento en que dispongo de un momento lo que hago es cogerlo”, ha asegurado Beckson. “Esta distracción evita que los trabajadores jóvenes aprendan a anticiparse y descubrir cómo pueden resultar útiles en su puesto”. No es la única empresa que ha puesto en marcha la medida.
Una política parecida es la que maneja desde hace unos años Red Arrow Camp, que es un campamento de verano en Wisconsin que prohibió en 2021 el uso del teléfono móvil a los empleados. Rick Pruszynski, que es el director ejecutivo, ha insistido en que esta medida favorece el que los monitores estén pendientes en todo momento de los menores a su cargo.
“Nos permite estar concentrados en lo que estamos haciendo, no tenemos en el bolsillo un aparato que suena, vibra y nos distrae”, asegura.
“Es mejor hablar con la gente que con una pantalla”
Ronin ha descubierto que pasar varias horas sin mirar el teléfono le permite estar conectado con los demás. Considera que hablar cara a cara le produce una satisfacción más alta que la de estar pendiente al teléfono, mandar mensajes o navegando en sus redes sociales.
“Pasar el tiempo mirando el móvil no produce dopamina de verdad”, ha explicado el socorrista que destaca que “he aprendido a disfrutar de momentos de tranquilidad y a pensar sin tener que recurrir a la pantalla”.
Dawson Sennes, que tiene 20 años y trabaja en el campamento, ha afirmado que desconectarse del mundo exterior fue un “shock” y que con el tiempo “he descubierto que vivir sin el teléfono móvil me obliga a afrontar sus emociones en lugar de evitar lo que se siente distrayéndome con la pantalla”.
“En el campamento hay que lidiar con las emociones, saber aceptarlas y gestionarlas. Después de pasar varios veranos sin teléfono me siento mucho más vivo”.