Jose Ignacio Sánchez Garrido ya es funcionario de la Seguridad Social, una plaza que se convirtió en su meta después de pasar una mala experiencia trabajando en el sector privado. Por eso, una vez que vio su nombre publicado en el BOE (Boletín General del Estado) sintió la misma ilusión que miles de nuevos funcionarios ya que se trata de la recompensa a un fuerte sacrificio y a la disciplina de la que ha hecho gala (al igual que otros muchos) durante todo el proceso.
Antes de opositar, Jose Ignacio ya tenía experiencia como estudiante porque finalizó la carrera de Relaciones Laborales y para ampliar conocimientos, se matriculó en Derecho a distancia. “Mientras tanto, enviaba el currículum y consultaba ofertas de empleo”. Gracias a esta actividad de búsqueda consiguió un puesto de trabajo en una empresa. Pero al intentar compaginarlo con el estudio, se dio cuenta de que era imposible y de que esa vida de horarios imposibles no era la que quería.
Te puede interesar
Estas condiciones laborales fueron las que le hicieron decantarse por el empleo público. Como ha explicado en una entrevista para NoticiasTrabajo, lo que le motivó no fue únicamente la estabilidad sino las conclusiones que había extraído de su experiencia y la intención de construir “una carrera profesional sólida”, algo que en la empresa privada no encontraba.
“Durante el tiempo en que trabajé por cuenta ajena me dí cuenta de lo que había, contratos temporales, sueldos que no siempre van de la mano del esfuerzo realizado o jornadas laborales que duran más de lo que deberían”, recuerda. Y en estas condiciones, “la estabilidad es un lujo” de modo que cuando se le pasa por la cabeza la idea de ser funcionario, lo tiene claro: “permite planificar, conciliar, respirar”.
Llegó a las oposiciones a la Seguridad Social “por casualidad”
La primera intención de Jose Ignacio era preparar las oposiciones al Cuerpo de Subinspectores Laborales, en la escala de Empleo y Seguridad Social ya que quería un trabajo en el que pudiera influir de manera directa en las condiciones laborales de los demás. Mientras estaba estudiando, el preparador le dio un consejo: que se presentase a los procesos selectivos del Cuerpo de Gestión y del Cuerpo Administrativo de la Administración de la Seguridad Social.
Entonces, como no tenía nada que perder pero mucho que ganar, se decantó por ese camino. Además, la motivación era doble ya que acababa de descubrir un ámbito que encajaba perfectamente con lo que había estudiado (Relaciones Laborales y Derecho). “La Seguridad Social combina contenido jurídico, estabilidad, impacto social y opciones para desarrollar una carrera en la Administración”.
Esta decisión fue, para él, un paso adelante pero también el origen de “un pequeño caos” porque empezó a dudar si las preparaba por su cuenta, se apuntaba a una academia o repetía con un preparador. Y tampoco tenía claro si era mejor la formación presencial o a distancia.
Jornadas intensivas de estudio
Al principio comenzó a estudiar entre tres y cuatro horas diarias pero luego aumentó ese tiempo hasta llegar a las ocho. Empezaba a las 7:30 y descansaba a las 13:30. Después de comer retomaba los apuntes y el temario de 16:00 a 19:30. Por las mañanas se reservaba las materias más complejas, que necesitaban focalización y concentración.
Luego, por la tarde se dedicaba a “tareas ligeras” y como es fundamental desconectar de vez en cuando, “encontraba tiempo para ir al gimnasio o ver una serie por las noches”. “Llevaba un ritmo exigente, sí, pero era un ritmo medido y pensado para avanzar sin quemarme”.
Uno de los mejores consejos que recuerda es “que reservase al menos un día libre a la semana, y no es por capricho sino una herramienta para evitar que te agotes en pocas semanas y quieras abandonar”.
“Al terminar de leer ante el tribunal, supe que había hecho lo que debía”
La oposición constaba de dos ejercicios, aunque Jose no repitió el primero porque conservaba la nota de la pasada convocatoria. Esto le permitió dedicarse por completo a la segunda prueba mientras, al mismo tiempo, se presentaba a otras dos oposiciones que se celebraron con pocos días de diferencia.
El segundo ejercicio estaba dividido por una parte teórica y una práctica. En la primera debía desarrollar por escrito cuatro epígrafes siendo este el formato que mejor dominaba. “Tenía la seguridad de haberlo trabajado meses”. Por el contrario, al enfrentarse a la parte práctica tuvo más dudas. “Tenía que resolver varios supuestos y luego leer la teoría y los casos prácticos ante el tribunal, que podían preguntar y pedir aclaraciones sobre el razonamiento que había empleado”.
“Al terminar de leer ante el tribunal supe que había hecho lo que debía, y esa sensación cuando te examinas de una oposición, es tan importante como la nota”. Quiere dar las gracias a sus padres que convivieron con sus horarios, sus silencios y los momentos de bajón pero también a sus amigos y a otros opositores que estaban en su misma situación y a los que conoció mientras se preparaba para el examen. “La oposición se estudia en soledad, pero no se supera solo”, asegura.
“La oposición es dura, pero no es un túnel sin salida”
Jose Ignacio desarrolló una afición que le permitía desconectar y “reiniciarse”. Esta era tan simple como bajar de su casa a la papelería donde compraba un bolígrafo, un subrayador o “cualquier otro objeto que me hiciera ilusión”. Era un ritual que le permitía reiniciar el estudio. Además estaba centrado en encontrar “el bolígrafo perfecto” que le permitiera escribir rápido y sin cansarse.
“Un bolígrafo no te da la plaza, pero a veces encuentras el ánimo necesario para seguir”, recuerda. Ha querido dejar algunos consejos para los que empiezan. “Que no estudien demasiadas horas durante las primeras semanas” ya que “la oposición es una carrera de fondo en la que avanzar con regularidad es más importante que arrancar con un ritmo que no vas a mantener”.
Recomienda que se eviten las comparaciones con otros candidatos y no pensar que “cada convocatoria es la última oportunidad” ya que “es contraproducente y lleva a tomar decisiones en momentos de máximo agotamiento”. Y a los que se plantean abandonar, les anima. “No todo es conseguir la plaza o dejarlo definitivamente. Hay opciones de presentarse a otros cuerpos, hacer una pausa o regresar al trabajo por cuenta ajena”.
“La oposición es dura, pero no es un túnel sin salida, es un camino con bifurcaciones, con pausas y alternativas y cada persona debe encontrar la suya”, concluye.