No son pocos los autónomos que vienen denunciando que los derechos laborales aprobados en los últimos años, como la mejora de ciertos permisos retribuidos o las últimas subidas del salario mínimo profesional, están provocando un aumento de los costes laborales inasumibles para gran parte del tejido empresarial español, conformado especialmente por pymes.
Frente a este discurso, la abogada laboralista Virginia López Bello ha querido pronunciarse, insistiendo en que la conquista de derechos fundamentales como las vacaciones retribuidas ha tenido que enfrentarse históricamente a esta supuesta amenaza económica.
“Cada vez que leo eso de ‘con tantos derechos laborales vais a arruinar a las empresas’, no puedo evitar sonreír porque esa misma cantinela lleva más de un siglo repitiéndose”, ha reclamado al respecto en un vídeo compartiendo en su cuenta de Instagram (‘@tu.abogada.laboralista’). En este, pone de ejemplo la abolición del trabajo infantil o la instauración de la jornada laboral de 8 horas “en lugar de trabajar hasta caer agotados”.
“Se dijo cuando pidieron vacaciones pagadas. Se dijo cuando exigieron una baja por enfermedad para no tener que elegir entre trabajar enfermos o no dar de comer a sus familias. Se dijo cuando reclamaron medidas de seguridad para dejar de morir aplastados, amputados o intoxicados”, son otros jemplos que expone, insistiendo en que sempre se usa el mismo argumento de que “es demasiado, es insostenible” o “las empresas quebrarán”.
“Defender los derechos laborales no es estar en contra de las empresas”
Frente a estos últimos pronósticos, la abogada defiende que “las empresas siguieron existiendo, la economía siguió creciendo y esos derechos dejaron de parecer privilegios para convertirse en lo que hoy cualquiera considera simple y sentido común”.
En este sentido, agrega que los derechos laborales “parecen una barbaridad hasta que existen”, explicando que estos no aparecieron por la mera voluntad de una persona, ni fueron “un regalo envuelto con un lazo”, sino que se conquistaron “tras décadas de huelgas, despidos, represión, accidentes y miles de trabajadores que pagaron con su salud e incluso con su vida el precio de exigir un trato digno”.
Por esta razón, defiende que, siempre que se plantee recortar un derecho ya existente, conviene recordar “una lección” que la historia ha enseñado “demasiadas veces”: “cuando se abarata el coste del trabajo sin límites, lo que acaba abaratándose es el valor de la vida humana”.
En último lugar, ha querido aclarar que “defender los derechos laborales no es estar en contra de las empresas”, sino que “es impedir que la rentabilidad vuelva a construirse sobre el sufrimiento de quienes levantan cada fábrica, cada oficina, cada obra y cada negocio”, apostillando que “una empresa puede recuperarse de una mala cuenta de resultados”, pero “un trabajador muerto jamás vuelve a casa”.