Casi uno de cada tres trabajadores asalariados en España (un 30,7%) ha trabajado en entornos laborales donde se produce violencia y acoso laboral, ya sea porque los sufren directamente o porque son testigos de ellos. Así lo recoge un informe de la Fundación 1º de Mayo de CCOO, en el que también se expone que uno de cada seis trabajadores (16,7%) afirma haber sido víctima directa de violencia laboral.
Para el sindicato, se trata de un fenómeno “fuertemente invisibilizado” con graves consecuencias para la salud y de carácter estructural, señalando que el foco se debe poner desde las conductas individuales hacia la organización del trabajo. Por ello, uno de los objetivos, en palabras del secretario de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO, Mariano Sanz, es “hacer visible lo invisible”, advirtiendo de que la violencia laboral “se está extendiendo a lo largo de los últimos años y se está consolidando como un grave problema”.
En este sentido, quiso aclarar que la violencia en el trabajo va mucho más allá del acoso laboral o sexual y comprende “abusos, amenazas, ataques y otras circunstancias relacionadas con la actividad laboral que ponen en peligro la seguridad, el bienestar y la salud” de los trabajadores.
Los jóvenes y el sector servicios, los más expuestos
Los sectores y colectivos más vulnerables a la violencia laboral, según los datos del informe (que se puede consultar aquí), se concentran en actividades de atención directa a personas y en grupos demográficos con menor poder contractual.
El sector servicios es el más afectado. Esto se debe a que, a las exigencias y tensiones habituales de cualquier entorno de trabajo, se le suma la exposición constante que deriva de la relación directa con usuarios, clientes o pacientes. Dentro de este sector, los tres ámbitos principales de riesgo son el de sanidad y atención social, donde un 39% de sus profesionales trabajan en entornos donde se registran episodios de violencia; el comercio minorista y hostelería, con un 38% de afectación; y el ámbito educativo, con un 36,2% de exposición.
El estudio sugiere que la violencia funciona a menudo como un mecanismo de “socialización y disciplinamiento” hacia aquellas personas con menos experiencia o menor poder en la empresa. Así, entre los principales colectivos afectados se encuentran las mujeres, asegurando el 18,3% de las trabajadoras asalariadas encuestadas sufrir violencia directa, frente al 14,8% de los hombres.
A diferencia de estos (donde la violencia se concentra solo en edades muy tempranas), en el caso de las mujeres el problema es estructural y constante, manteniéndose estable hasta los 55 años. Además, las mujeres sufren manifestaciones específicas de violencia machista: el 30,4% de las expuestas a entornos hostiles reporta episodios de violencia sexual. También son quienes acusan consecuencias más graves para su salud mental y ven más amenazada la continuidad en su puesto de trabajo.
Por grupo de edad, el colectivo de los jóvenes (de 18 a 24 años), es el más golpeado y uno de cada cuatro (26,7%) percibe y padece violencia en los inicios de su vida laboral. Una cifra que casi duplica a la de la siguiente franja de edad (los trabajadores de 25 a 34 años, donde cae al 14,1%).
Por último, el informe advierte que existen vacíos de información sobre otros grupos que podrían estar sufriendo un alto grado de violencia y exclusión, ya que no se ha podido medir con precisión la incidencia en colectivos de altísima vulnerabilidad como personas migrantes, minorías étnicas o personas con diversidad funcional.
La violencia entre compañeros y superiores es la más habitual
Aunque la violencia laboral suele tratarse como casos aislados y externos, la violencia más común es la intraorganizacional, derivada tanto de la violencia jerárquica (vertical) como de la violencia entre compañeros y compañeras (horizontal).
Además, pese a que las agresiones físicas son una forma de violencia importante, que afecta a una de cada cuatro personas expuestas a estos entornos laborales, las formas más habituales son la violencia simbólica (como el lenguaje corporal hostil, entre otros), la verbal y el aislamiento social, registradas por cuatro de cada cinco personas expuestas a entornos laborales violentos.
Asimismo, los datos del informe señalan que la violencia laboral es más habitual cuando hay un deterioro generalizado de diversas variables organizativas, como la acumulación de trabajo por una distribución irregular, el bajo apoyo de superiores, la previsibilidad del trabajo, las exigencias contradictorias y, especialmente, el trabajo emocionalmente desgastador. Esto último explicaría que los sectores integrados en el ámbito de los servicios sean los que registran los mayores niveles de violencia laboral, donde la gestión emocional normal en cualquier relación personal de trabajo debe sumarse a la relación con terceras personas.
En más de la mitad de los casos no se abre expediente disciplinario
Juan José González, técnico de la Fundación 1º de Mayo y coautor del informe, también expone importantes deficiencias en materia de prevención. El 47% de los trabajadores afirma que su empresa no dispone de un protocolo contra el acoso sexual, pese a que es obligatorio. Además, una de cada cuatro personas expuestas a violencia laboral asegura que este riesgo ni siquiera está contemplado en la evaluación de riesgos de su empresa.
González también ha apuntado que la respuesta empresarial tampoco es suficiente. En el 56,3% de los casos no se abrió ningún expediente disciplinario frente a las conductas violentas y en el 46,3% no se impuso ni siquiera una amonestación verbal o escrita, lo que, según el estudio, contribuye a mantener situaciones de impunidad.
El 40% no llega a informar de la violencia
El 40% de las víctimas y testigos nunca informa sobre los comportamientos violentos. Según el informe, los motivos principales son sentir que denunciar es “una pérdida de tiempo”, el miedo a las represalias (36,1%) y la desconfianza hacia la dirección de la empresa (34,4%). Un dato importante es que el 27,9% de quienes callan dicen que, directamente, “no saben cómo hacerlo”.
Asimismo, el estudio refleja que el apoyo que reciben las víctimas es casi exclusivamente “informal” (familia, amistades y, en menor medida, compañeros). Por el contrario, el apoyo que perciben por parte de la dirección de la empresa es calificado de ínfimo (le dan un 2,6 sobre 7), lo que explica la desconfianza a la hora de reportar los abusos a Recursos Humanos.
Invisibilización de los problemas de salud mental
Desde CCOO también han puesto el foco en la invisibilización de los problemas de salud mental relacionados con el trabajo. Su secretario de Salud Laboral expuso que “mientras el año pasado se registraron 627.962 bajas por incapacidad temporal por motivos de salud mental, solo 203 fueron consideradas de origen laboral”.
Esta cifra, para Sanz, pone de manifiesto las carencias existentes tanto en la evaluación de los riesgos psicosociales como en el reconocimiento del origen laboral de estos problemas. En este sentido, advirtió sobre “los elementos estructurales que condicionan de manera significativa el daño que se va a producir”, denunciando que estos problemas de salud vinculados al trabajo “ni siquiera están reconocidos como enfermedad profesional”.
En la misma línea, Juan José González destacó que, según los datos de la encuesta, en los entornos laborales violentos las personas declaran un deterioro de diversas condiciones de salud y de vida. Así, el 93,5% de las personas expuestas a entornos laborales violentos señala que la violencia tiene efectos sobre la salud mental, alcanzado niveles graves en seis de cada diez casos. También repercute en la estabilidad laboral, considerando el 64,3% de las víctimas que ha afectado gravemente a la continuidad en su empleo, valorando el abandono del puesto de trabajo.
Por esta razón, Sanz ha reclamado que la violencia laboral se aborde desde la salud y la seguridad en el trabajo y ha defendido la necesidad de reforzar la acción sindical, la denuncia y la negociación colectiva. “Esta dimensión que entra dentro de los riesgos psicosociales que abordamos dentro de las empresas es muy poco desarrollada, prácticamente nula”, denunció.
La violencia laboral, un problema preventivo y organizativo
El informe concluye que la violencia laboral debe abordarse como un problema preventivo y organizativo, incorporándola plenamente a las políticas de salud laboral y a la negociación colectiva. Para garantizar entornos de trabajo seguros, hay que actuar sobre las condiciones de trabajo, reforzar los mecanismos de prevención y protección y desarrollar una cultura organizativa que no tolere ninguna forma de violencia.