La vulnerabilidad económica de miles de familias españolas dio origen a medidas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que es una prestación destinada a garantizar un nivel mínimo de ingresos. Pero la pobreza infantil sigue en niveles elevados afectando de un modo especial a los hogares jóvenes, monoparentales y en los que hay varios hijos.
Fedea ha publicado un estudio llamado ‘Hijos, ciclo vital y pobreza en España 2008 - 2025’ donde los autores, José Ignacio Conde-Ruiz y María Alejandra Garay Aguirre, han resaltado que la pobreza está siendo uno de los principales problemas económicos y sociales que presenta España.
En 2025, el 28,3% de los menores de 18 años vivía en hogares con ingresos inferiores al umbral de pobreza, que en España se sitúa en 12.220 euros por unidad de consumo (1.018 euros al mes) según los datos más recientes del INE (Instituto Nacional de Estadística).
Esto equivale a unos 2,07 millones de niños y adolescentes que tienen problemas para salir adelante porque sus padres o tutores legales carecen de ingresos derivados del empleo, por ejemplo.
Pese a las afirmaciones por parte del Ejecutivo de Sánchez de que la economía española va bien (datos que avalan entidades como BBVA Research) lo cierto es que los microdatos analizados en el informe de Fedea, obtenidos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) dejan en evidencia que la pobreza infantil no ha desaparecido a pesar de este crecimiento exponencial.
En 2008 afectaba al 27,1% de los menores y ahora está por encima, en el 28,3%. La situación se pone más negra cuando se tienen en cuenta las diferentes maneras de ser vulnerable. Aquí entra la tasa AROPE (At Risk of Poverty or Social Exclusion) que incluye el riesgo de pobreza, la carencia material y social severa y una baja intensidad laboral. Llegó en 2025 a 33,8% de los menores frente al 19,7% registrado entre mayores de 65 años.
Las familias monoparentales son las más afectadas
Este informe resalta que la pobreza no llega del mismo modo a todos los hogares en los que viven menores y las familias monoparentales son las que se llevan la peor parte con una tasa AROPE del 50,3% y una pobreza monetaria del 41,2%.
Pero también se han dado niveles cercanos al 19,4% en carencia material y social severa como en la baja intensidad laboral, y se aprecia cómo en hogares monoparentales que dependen de una persona de menos de 30 años, la carencia es del 26,2%.
Las familias numerosas son de las más afectadas, y en aquellos hogares formados por dos adultos y tres o más niños, la tasa de pobreza muestra números preocupantes con un 46,8% y una pobreza monetaria del 42,6%.
La falta de estabilidad laboral lastra a los menores de 30 años
Los expertos han puesto sobre la mesa la duda de si esta inestabilidad y vulnerabilidad se debe únicamente a los hogares en los que los hijos cuentan con menos ingresos o si el tenerlos aumenta la presión económica. Cuando se controlan estos factores como la renta, el empleo o las características demográficas, tener hijos está relacionado con una subida de 1,15 puntos porcentuales y al mismo tiempo aumenta la probabilidad de entrar en pobreza.
¿Qué pasa cuando la cabeza visible del hogar tiene menos de 30 años? En estos casos, la llegada de hijos aumenta las opciones de terminar en la pobreza en 7,26 puntos porcentuales, entre 6 y 10 veces más que en los hogares de edad media o avanzada.
Los autores remarcan que esta diferencia se produce porque los jóvenes suelen tener una inestabilidad mayor en el trabajo, por falta de experiencia y contratos laborales precarios. Los sueldos son bajos y esto incide con más fuerza en los casos de familias monoparentales.
La vulnerabilidad se mantiene con independencia de la edad por los problemas para compatibilizar el empleo y los cuidados con una fuente de ingresos, destacan los autores.
La pobreza limita la cesta de la compra
El problema de la pobreza infantil no se queda sólo en los ingresos sino que va más allá, y en 2024 se ha constatado cómo el 6,16% de los menores de 16 años no podían asistir a actividades extraescolares, y el 4,93% no podía tener ropa nueva.
El 2,72% no podía comprar comida con proteínas, el 2,43% fruta o verdura, y el 2,57% no disponía de un sitio adecuado para estudiar en casa, lo que lastra además la participación en actividades de ocio y participación social.
Los autores consideran que las políticas universales de apoyo a la infancia son imprescindibles pero no bastan cuando no se acompañan de medidas para las familias monoparentales y los más jóvenes. Este informe señala que es necesario una combinación de ingresos, conciliación y redes de apoyo especiales recordando que el sistema español trabaja apoyándose en deducciones fiscales que benefician a las rentas medias y altas en vez de en prestaciones directas con más capacidad redistributiva.