Son muchas las personas mayores que actualmente viven de alquiler. Este tipo de viviendas tiene sus ventajas, pero también el inconveniente de depender de que el propietario quiera mantener el contrato, ya que, en caso contrario, hay que abandonar la casa. Es lo que le ha pasado a una jubilada de 69 años en Australia, que tuvo que dejar su vivienda después de que el Gobierno la comprara para crear vivienda pública, aunque la propiedad permaneció vacía durante más de un año.
Según la cadena australiana ABC, la jubilada tuvo que abandonar la vivienda a finales de 2024 después de que el Departamento de Vivienda y Obras Públicas la comprara, junto con otras cinco casas del complejo residencial, para sumarlas al parque público de vivienda.
Pese a que el inmueble se encontraba en perfectas condiciones para ser habitado en cuanto ella lo desalojó, permaneció vacío durante todo un año, periodo en el que la mujer tuvo que mudarse otras dos veces a diferentes viviendas de alquiler.
La casa permaneció vacía durante más de un año
Para esta jubilada, según ella misma contó al medio, resulta difícil entender que la casa permaneciera vacía durante tanto tiempo mientras ella tuvo que cambiar de vivienda en otras dos ocasiones.
El Gobierno adjudicó en enero la gestión del complejo al Ejército de Salvación, que no tomó posesión de las viviendas hasta principios de marzo, meses después de que la jubilada tuviera que abandonar la suya. Las seis propiedades fueron alquiladas durante ese mismo mes.
Sin embargo, la jubilada asegura que, aunque las casas terminaron siendo ocupadas, la suya permaneció vacía durante casi un año.
Ha tenido que dejar tres viviendas en tres años
Otro de los aspectos que la mujer destaca en el medio es el gran desgaste que le supone tener que cambiar continuamente de casa, ya que sus mudanzas no comenzaron con el desalojo de esta vivienda.
Su situación comenzó en 2023, después de que su marido ingresara en una residencia de mayores. La pareja había vivido durante seis años en una casa de alquiler, pero la propiedad fue vendida y el nuevo dueño decidió no renovar el contrato. Más tarde, la jubilada tuvo que dejar otras dos viviendas porque sus propietarios las vendieron o decidieron regresar a vivir en ellas.
Los cambios constantes de domicilio le provocaron un fuerte desgaste. Según contó a ABC, dejó de dormir correctamente, se despertaba de madrugada y comenzó a perder el cabello como consecuencia del estrés.
La vivienda en la que reside actualmente también acaba de ser vendida a un inversor de otro estado, pese a que llevaba apenas dos meses viviendo en ella. Su contrato continúa vigente hasta 2027, pero teme que el nuevo propietario decida subirle el alquiler o no renovárselo cuando llegue la fecha.
Aunque los agentes inmobiliarios de la zona han explicado que, en principio, los inversores suelen mantener los contratos de los inquilinos, una práctica habitual es subir considerablemente el alquiler cuando estos vencen. En algunos casos, los incrementos pueden superar los 122 euros mensuales.
Por este motivo, la jubilada teme no poder asumir una nueva subida y verse obligada a buscar otra vivienda por cuarta vez. “¿Qué va a hacer el nuevo propietario? No lo sé”, explicó.
Aunque ha intentado comprar una casa para evitar estos problemas, su edad, sus ingresos y sus gastos mensuales le han impedido conseguir una hipoteca suficiente.