China está creando un coche desechable: después de 2 años es basura

La tecnología va tan rápido que muchas veces sale más rentable comprar un coche nuevo que arreglar el auto.

China está creando un coche desechable: después de 2 años es basura |IMAGO - Li Jianan
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El coche eléctrico llegó para quedarse, de ahí que en muchos países como España den ayudas y deducciones por comprarse uno, ya que es la nueva realidad con la que estamos obligados a entendernos. En algunos países incluso va tan rápido que se está evolucionando al coche desechable, como pasa en China, donde cada vez más coches eléctricos acaban en la chatarra prácticamente nuevos.

Y es que la tecnología va tan rápido en China que arreglar un coche resulta más caro que comprar un coche nuevo. Esto supone un grave problema para los fabricantes de automóviles europeos, ya que estos se centran en la durabilidad, mientras que los vehículos eléctricos en China suelen desecharse tras solo dos o tres años. Un gran contraste con el objetivo que pretenden las fábricas de coches de Europa. Los expertos observan una tendencia que está transformando los automóviles en bienes de consumo efímeros, similares a los teléfonos inteligentes.

La innovación tecnológica deja atrás a los propios coches

La clave de este fenómeno está en la velocidad de los avances tecnológicos. Hoy en día, tanto las baterías como el software tienen ciclos de vida muy cortos, lo que provoca que los vehículos queden desfasados en pocos años. “La evolución de las baterías va más deprisa que la propia industria del automóvil”, explicó Xing Zhou, de la consultora AlixPartners, a la revista especializada Automobilwoche. En China, muchos jóvenes consideran que conducir un coche con apenas dos años es casi como llevar un vehículo antiguo, según recoge el medio alemán T-online.

Reparar ya no compensa económicamente

La intensa guerra de precios en el mercado chino está acelerando esta situación. Fabricar un coche eléctrico básico puede costar menos de 20.000 euros, pero sustituir la batería tras unos tres años puede rondar los 10.000 euros, lo que hace que la reparación no resulte rentable.

Ante este escenario, muchos propietarios optan por comprar un coche nuevo en lugar de reparar el antiguo. Además, la escasa presencia de un mercado de segunda mano y las limitadas opciones de leasing en China provocan que los vehículos descartados acaben en grandes depósitos, convertidos en auténticos cementerios de coches que reflejan un modelo centrado en la venta constante de unidades nuevas.

El Gobierno deja actuar a la competencia

Las autoridades chinas están favoreciendo indirectamente esta dinámica. Dentro del actual plan quinquenal, el Ejecutivo está reduciendo los subsidios públicos al sector. Como los coches eléctricos ya son más baratos que los de combustión, se pretende que sea el propio mercado el que regule la situación.

En respuesta, los fabricantes diseñan sus modelos con un claro objetivo de precio, priorizando ofrecer la tecnología necesaria al menor coste posible. En este contexto, la competitividad se basa en quién logra ajustar más los precios.

Un sector en plena transformación

Para muchas marcas, esta situación supone una auténtica lucha por la supervivencia. Los expertos prevén que la presión sobre los precios provoque una consolidación del mercado en los próximos dos años, con la desaparición de numerosas compañías.

Sin embargo, es poco probable que este modelo de “coche desechable” llegue a Europa. Las actuales exigencias en materia de sostenibilidad chocan con el ritmo de producción chino, al igual que ocurre con los precios de los vehículos nuevos.

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