Con el objetivo de ahorrar en la factura de la luz, miles de hogares españoles están apostando por la instalación de energías renovables. Dependen así, de planes solares o aerogeneradores que sí, sirven para pagar menos pero tienen un coste de instalación que, dependiendo de la superficie, puede superar los 6.000 euros.
Un jubilado canadiense llamado Marc Nering ha contado a Los Andes su curiosa historia. Porque cuando dejó de trabajar decidió invertir su tiempo libre en construir una pequeña central hidroeléctrica al lado de su casa, muy cerca del río Cheakamus. De este modo, pretendía generar entre 800 y 900 vatios de forma continua con picos de 3 kilovatios. Ahora, el sistema produce unos 36 kilovatios por hora al día y permite disfrutar de electricidad durante las 24 horas y, lo mejor, completamente gratis.
Actualmente vive en Columbia Británica, y ha explicado que todo son ventajas. “Respecto a la energía solar o la del viento, cuando se trata de agua funciona de manera permanente, independientemente de las horas de luz que haya o de las condiciones meteorológicas, el agua fluye siempre con fuerza”, ha explicado. De este modo “me he olvidado de instalar bancos de baterías, que son muy caros”.
Al jubilarse, empezó a investigar sobre molinos de agua
Una vez que cumplió la edad de jubilación, dispuso de más tiempo para dedicar a una de sus aficiones: los molinos de agua. Conociendo cómo funcionaban, quiso innovar con las herramientas de diseño más actuales. El resultado fue una rueda fabricada en acero al carbono y aluminio, instalada en una plataforma de hormigón al lado del río.
Pero el proyecto sufrió muchos problemas durante las primeras pruebas. Las correas dejaban de pegar y los rodamientos metálicos daban fallos debido al agua filtrada. La solución llegó cuando aplicó la técnica antigua, consistente en rodamientos de madera que compró a una empresa de Estados Unidos.
“Han resistido más de dos años bajo el agua y no se han roto nunca, mejorando el rendimiento de los rodamientos de acero que son los que siempre se han usado”. La central funciona con la fuerza cinética de la corriente del río y emplea un generador de imanes permanente. “Para que de verdad funcione, el agua debe circular a los 3 metros por segundo”.
Respeta el medio ambiente
Para poder instalar su invento y ahorrar electricidad, Marc tuvo que enfrentarse a diferentes problemas administrativos. Pidió permisos tanto al municipio como a la provincia y al Estado, contratando expertos que realizasen consultas medioambientales y conoció la opinión de sus vecinos.
El objetivo era demostrar que el sistema no alteraba el cauce del río ni afectaba al salmón migratorio o al ecosistema local. A diferencia de las grandes centrales hidroeléctricas, esta microcentral no retiene agua ni crea embalses, por lo que el flujo natural del río permanece intacto.
Ese aspecto terminó convenciendo incluso a grupos de kayakistas de la zona, preocupados inicialmente por el impacto sobre el río Cheakamus. Países como Italia o Chile ya han mostrado interés por este proyecto, poniéndose en contacto con el jubilado.

