Vivir sin pagar recibos de agua ni de electricidad puede parecer difícil, pero una familia francesa asegura haberlo conseguido gracias a una vivienda diseñada para ser energéticamente autosuficiente. Flore y Sébastien Biron Cercellier viven con sus dos hijos cerca de Agen, donde han aplicado diferentes soluciones para reducir su consumo y aprovechar los recursos de la finca.
“No pagamos ninguna factura a final de mes. Ni agua, ni electricidad”, explica Flore en una entrevista recogida por el medio francés La Dépêche. La vivienda cuenta con paneles fotovoltaicos para producir energía y la familia consume el agua tratada de un pozo situado dentro de la finca
La casa fue construida en 2019 con la intención de crear un espacio que, en palabras de sus propietarios, “se pareciera a nuestra filosofía de vida”. Antes de mudarse, ambos trabajaban como consultores de gestión y responsabilidad social empresarial en París, pero decidieron cambiar de casa para desarrollar un proyecto más ligado a sus convicciones ecológicas.
Una casa aislada con 300 balas de paja
Uno de los elementos más llamativos de la construcción es el aislamiento de paja. La parte de la vivienda ocupada por la familia tiene una superficie de 137 metros cuadrados y necesitó alrededor de 300 balas que fueron instaladas en apenas diez días. Flore reconoce que la idea sorprendió inicialmente a algunos de los albañiles que participaron en la obra. “Al principio, todos se preguntaban qué clase de idea era aquella. Algunos se mostraban reacios y a otros el proyecto les hacía mucha gracia”, recuerda.
La propietaria defiende que se trata de un sistema reconocido y seguro. “Es una técnica de construcción homologada. Con la paja tendemos a pensar en el riesgo de incendio, pero está tan comprimida que hay muy poco aire y, por tanto, poco peligro”, explica. La familia también tuvo en cuenta el precio, el impacto ambiental y la calidad del aire interior. “Es un material realmente barato. Hay un aspecto económico, ecológico y sanitario. Mi casa es saludable, no respiro amianto, pintura ni disolventes”, señala Flore.
La vivienda se mantiene por debajo de los 24 grados
El aislamiento permite conservar una temperatura estable en el interior de la casa. Durante los días de calor intenso, el termómetro normalmente no supera los 24 grados, a pesar de que la familia no utiliza aire acondicionado. “Buscamos la inercia: conservar el fresco o el calor en el interior y evitar que el calor o el frío entren desde fuera”, explica Flore.
A este sistema se suman otras decisiones tomadas durante la construcción, como los tejados parcialmente cubiertos de vegetación. La vivienda también fue diseñada prácticamente sin ventanas en la fachada oeste, que es la zona más expuesta a los rayos del sol durante las horas de mayor temperatura. La combinación de estas medidas ayuda a mantener el interior fresco en verano y a conservar mejor el calor durante el invierno.
Placas solares y agua de un pozo
La electricidad procede de los paneles fotovoltaicos instalados en la propiedad. Gracias a ellos, la familia puede cubrir sus necesidades energéticas sin pagar una factura mensual a una compañía eléctrica. Tampoco abonan recibos por el agua, ya que se abastecen de un pozo y someten el agua a un tratamiento antes de consumirla.
Además, utilizan baños secos, un sistema que no necesita agua para evacuar los residuos, ya que estos se recogen en un depósito y se tratan mediante materiales como serrín o restos vegetales. De esta forma, reducen todavía más el consumo de agua de la vivienda.
La finca dispone también de una piscina natural que, además de servir como zona de baño, forma parte del equilibrio ambiental del terreno. “Permite bañarse, pero también regular la naturaleza. Es una charca natural para los pájaros y las ranas”, explica la propietaria.
Una finca diseñada siguiendo la permacultura
El exterior de la propiedad fue organizado siguiendo los principios de la permacultura, un modelo de diseño sostenible que busca aprovechar los recursos naturales y combinar cultivos, árboles, agua y animales para que cada elemento cumpla varias funciones y el conjunto se mantenga con la menor intervención posible.
Para ello, la familia ha plantado unos 130 árboles y ha creado un huerto para conseguir una alimentación más autosuficiente, aunque reconoce que alcanzar este objetivo por completo no es sencillo. Flore explica que todos los elementos de la finca fueron pensados para cumplir más de una función. Además de los espacios destinados a la familia, la propiedad cuenta con dos habitaciones para huéspedes y una zona profesional en la que se organizan seminarios.
La pareja también ofrece visitas gratuitas para que otras personas puedan conocer cómo funciona la vivienda y descubrir las diferentes soluciones utilizadas para reducir el consumo de energía y agua, ya que insisten en que su forma de vivir no debe considerarse un proyecto imposible o alejado de la realidad. “Nuestro modo de vida no tiene nada de utópico. Es la realidad. Hay que moverse. Nosotros hacemos lo que podemos”, concluye Flore.

