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Sergio, albañil ucraniano en España: “Llegué con 100 euros en el bolsillo y ahora llevo hasta 8 obras a la vez”

El trabajador pasó de dormir “casi en la calle” y cobrar 40 euros al día como peón a dirigir una empresa de reformas con 14 empleados en Madrid.

el albañil en una de las obras
Sergio, albañil ucraniano en España: “Llegué con 100 euros en el bolsillo y ahora llevo hasta 8 obras a la vez” |Youtube 'Pódcast Sector Oficios'
Antonio Montoya
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La construcción atraviesa uno de sus momentos más delicados en España. La falta de mano de obra, el envejecimiento de las plantillas y el desinterés de muchos jóvenes por los oficios 'de toda la vida' están provocando que cada vez más empresas dependan de trabajadores extranjeros para sacar adelante obras y reformas.

Según datos del sector, uno de cada cuatro albañiles en España ya es inmigrante. Muchos llegaron buscando una oportunidad laboral y terminaron ocupando puestos clave en un oficio donde cada vez cuesta más encontrar relevo generacional.

Uno de esos casos es el de Sergio, un trabajador ucraniano que contó su historia en el pódcast Sector Oficios. Su experiencia resume el recorrido de muchos inmigrantes que empezaron desde abajo en la obra y acabaron levantando su propio negocio. Hoy dirige una empresa de reformas y construcción en Madrid, pero sus comienzos fueron bastante duros.

Dormimos casi en la calle”, recuerda sobre su llegada a España. “Llegamos, pagamos alquiler de habitación, era creo que 180 euros algo así, y nos quedamos con 100 euros en el bolsillo y empezamos a currar”.

De camionero en Ucrania a peón de obra en España

Sergio llegó a España hace casi una década junto a su mujer. En Ucrania trabajaba como camionero, pero la situación económica y el conflicto en su país les empujaron a emigrar. Eligieron Tenerife porque allí vivía la madre de su esposa.

El viaje fue complicado desde el principio. “Tardamos 9 días para llegar a Tenerife, era una locura”, cuenta. Durante meses sobrevivieron como pudieron. No tenía papeles, tampoco hablaba español y encontrar trabajo era casi imposible.

La gente no te coge sin papeles”, explica. Mientras regularizaba su situación ayudaba a su suegro en pequeños trabajos para poder comer: pintar paredes, montar cosas o cargar material.

Después de siete meses decidieron mudarse a Madrid en busca de mejores oportunidades. Como no podía viajar en avión sin documentación, tuvo que hacerlo en barco. Incluso recuerda cómo la Guardia Civil revisó las maletas durante el trayecto.

“Llevaba guantes de boxeo y el agente abrió el bolso, vio los guantes y cerró sin revisar los papeles. Tuvimos suerte”, relata.

“Antes pagaban 40 euros al peón”

Ya en Madrid encontró su primer empleo gracias a un anuncio en Facebook publicado por otro ucraniano. Le ofrecían trabajo como peón y una habitación donde quedarse. “Curraba como un loco”, recuerda. Las jornadas eran largas y el sueldo apenas daba para sobrevivir. “Antes pagaban 40 euros al peón, pues muy poco”.

Su trabajo consistía principalmente en demoliciones y desescombro. “Llevábamos sacos y encima hacía deporte, estaba fuerte”, explica. Pero las condiciones terminaron agotándole.

Había una persona encima todo el rato, no podías ni fumar un cigarro”, cuenta sobre una de las empresas donde trabajó. “Sí o sí tienes que tener un descansillo porque trabajas como peón y llevamos demoliciones y todo”.

Aquella etapa le hizo darse cuenta de que necesitaba aprender un oficio más especializado para progresar.

Aprendió albañilería viendo vídeos de YouTube

Sergio empezó a cambiar de empresa buscando mejores oportunidades. En varias de ellas tuvo que mentir diciendo que era pintor para que le contrataran. “Tenía que mentir que soy pintor porque si de otra manera no te cogen”, admite.

Fue precisamente en uno de esos trabajos donde descubrió la albañilería y el alicatado. Un jefe le pidió solar una cocina pese a que él insistía en que era pintor.

Yo: ‘Joder, si soy pintor ¿cómo voy a alicatar?’ Bueno, YouTube 15 minutos, venga alicatamos”, recuerda entre risas. El resultado salió bien y aquel trabajo terminó cambiándole la vida.

A partir de ahí empezó a aprender a poner ladrillos, levantar muros y hacer reformas más complejas. Todo mientras seguía enlazando empleos temporales y trabajando prácticamente sin descanso.

Su mujer le animó a montar la empresa

El punto de inflexión llegó cuando decidió emprender junto a su esposa. Aunque apenas tenían herramientas ni experiencia empresarial, ella le animó a intentarlo. “¿Cómo vamos a empezar a hacer reformas si no tenemos nada? No tengo ni experiencia, ni idioma, ni nada”, recuerda que le dijo a su mujer entonces.

Aun así, publicaron un anuncio en Telegram ofreciendo servicios de reformas. Poco después recibieron una llamada para reformar un chalet enorme en Arturo Soria, uno de los barrios más exclusivos de Madrid.

Nos ofreció cinco baños”, explica. “Al final terminamos la casa entera, pero me costó porque no sabía ni precios ni muchos trabajos”.

Ese primer proyecto fue también una auténtica locura organizativa. Sergio llegó a contratar cinco trabajadores mientras seguía empleado en otra empresa al mismo tiempo.

“Estaba con el teléfono, mi mujer en la obra controlando, pero ella no sabía nada y yo tampoco sabía mucho”, admite.

A pesar de todo, lograron terminar la obra correctamente. El cliente quedó satisfecho y empezaron a llegar nuevas recomendaciones.

“Llevábamos cables en maletas y en autobús”

Los primeros meses como autónomo fueron especialmente duros. Sergio explica que apenas tenía dinero para comprar herramientas o una furgoneta.

“Los cables los llevábamos con maletas de viaje desde Obramat y con autobús con mi mujer”, cuenta.

El dinero que cobraba de los primeros clientes lo reinvertía directamente en material y maquinaria. “Lo primero que hacía era comprar herramientas que necesitaba”.

También reconoce que muchas veces no podía pagar a sus trabajadores a tiempo porque necesitaba arrancar nuevas obras para seguir generando ingresos. “Los chicos aguantaban que pagara el sueldo porque no tenía dinero”, explica. “No tenía nada en el bolsillo”.

Clientes que no pagan y problemas con Hacienda

No todo fueron éxitos. Sergio también relata algunos de los momentos más complicados de su trayectoria como autónomo.

Uno de ellos fue el caso de una clienta que se negó a pagar una reforma después de terminar el trabajo. “Me dijo: ‘No te voy a pagar’”, recuerda. Ante esa situación decidió desmontar parte de los materiales que había comprado con su dinero.

Si no me pagas, no te voy a regalar mis cosas”, asegura que le respondió.

Después descubrió que otras empresas también habían tenido problemas con esa misma clienta y que debía miles de euros a distintos profesionales.

Además, admite que los errores administrativos de sus primeros años como autónomo todavía le persiguen. “Hacienda no permite errores”, lamenta. “Me lleva cuatro años sin soltar”.

Hoy dirige una empresa con 14 trabajadores

Con el paso de los años, Sergio consiguió consolidar su empresa. Actualmente tiene hasta 14 empleados y lleva 8 obras abiertas al mismo tiempo. “Tengo chicos muy fiables, puedo irme cuatro días de viaje y sé que están trabajando”, admite orgulloso.

También asegura que intenta cuidar especialmente a sus trabajadores porque sabe lo duro que es el oficio. En las obras nuevas monta carpas para que puedan descansar del calor y procura mantener equipos estables.

Hay poca gente ahora que quiere trabajar y hacer bien las cosas”, afirma.

Su empresa ya no solo hace reformas integrales, sino también obra nueva. Incluso estudia entrar en el negocio de las viviendas prefabricadas.

“España necesita constructores porque falta vivienda y yo veo mucho futuro en este sector”, asegura.

“Yo siempre termino mi trabajo”

A pesar de las dificultades, Sergio tiene clara la filosofía con la que ha levantado su negocio. Dice que nunca deja una obra a medias aunque pierda dinero.

“Lo importante para mí es que si mañana no viene un trabajador, yo puedo cambiarme la ropa y terminar su trabajo”, explica.

Yo siempre termino mi trabajo”, insiste.

Su historia refleja no solo el recorrido de un inmigrante que llegó sin recursos, sino también la realidad de un sector que depende cada vez más de trabajadores extranjeros para seguir funcionando.