En España, donde muchos apenas se pueden plantear tener hijos por motivos económicos, laborales o de conciliación, todavía hay matrimonios que han vivido la maternidad y la paternidad de una forma muy distinta a la habitual. Para ellos, tener una familia numerosa no ha sido una carga, sino una forma de vida. Para estos contados casos de familias tan numerosas, lo que para cualquiera puede parecer una ficción, que es tener más de 10 hijos, lo han convertido en una realidad.
Es el caso de Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta, un matrimonio que lleva 41 años casado, tiene 15 hijos, con edades que van desde los 39 hasta los 16 años, y ya suma 28 nietos, con la previsión de que la familia siga creciendo este 2026.
Ambos contaron su historia en el programa ‘Ecclesia’ de la Cadena COPE, donde explicaron cómo han sacado adelante una familia tan grande, cómo han vivido los gastos, la educación de sus hijos y los momentos más complicados de su matrimonio.
Paloma reconoce que nunca se casó pensando en tener un número concreto de hijos. “Yo nunca me planteé cuando nos casamos hace 41 años tener X hijos”, explicó durante la entrevista. Lo que sí tenía claro es que quería vivir su matrimonio confiando en que todo lo que llegara sería bueno para ellos.
“He tenido 18 embarazos porque tres no han llegado a término”
Aunque hoy son padres de 15 hijos, Paloma vivió en total 18 embarazos. Tres de ellos no llegaron a término, una experiencia dolorosa que también forma parte de su historia familiar.
“Yo me fié del Señor y he tenido 18 embarazos porque tres no han llegado a término”, contó Paloma, que asegura que sus hijos han sido “un don” que ha recibido con gratitud.
Luis Ángel también habló de cómo fue recibiendo cada embarazo. Y reconoció que no siempre fue fácil. De hecho, explicó que el momento que más le impactó fue la llegada del tercer hijo, cuando los dos mayores eran todavía muy pequeños.
“Para mí concretamente fue un problema el tercero”, admitió. En aquel momento se preguntaba cómo iban a organizarse: “Paloma tiene uno en brazos y yo tengo a otro, ¿qué hacemos con este pobre que nace?”. Para él, aquello era como “subir el Everest”.
Con el tiempo, asegura que fueron aprendiendo a vivir cada nueva llegada con otra mirada y apoyándose en su fe, pero también en la experiencia que iban ganando como padres.
Una familia numerosa con el padre jubilado y seis hijos todavía en casa
Como ocurre en cualquier familia numerosa, los gastos han sido una parte importante del día a día. Más comida, más ropa, más estudios, más ocio, más imprevistos y más necesidades obligan a organizarse de una manera muy distinta a la de una familia pequeña.
En su caso, Paloma explicó a ABC que la situación actual sigue siendo exigente, porque Luis Ángel ya está jubilado y todavía tienen seis hijos viviendo en casa. Una realidad que hace que la economía familiar tenga que estar constantemente ajustada.
Aun así, el matrimonio asegura que nunca ha vivido haciendo cuentas al milímetro. Paloma sostiene que, si hubieran calculado cada gasto sobre el papel, probablemente todo habría parecido imposible. Por eso, su forma de sacar adelante la casa ha pasado por distinguir entre lo necesario y lo accesorio.
Para ellos, lo importante ha sido que a sus hijos no les faltara comida, ocio, deporte, educación y apoyo emocional, pero sin convertir cada deseo en una obligación económica para los padres.
“No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”
Uno de los mensajes más claros de Paloma es que criar bien a los hijos no significa darles todo lo que piden. Según explica, existe una idea equivocada de que tener hijos obliga a gastar sin parar o a apuntarlos a muchas actividades para que sean felices.
“Vivimos con un engaño tremendo de la sociedad, de que un hijo cuesta tanto, de que el trabajo, todo se hace un mundo”, señaló durante la entrevista.
Paloma defiende que sus hijos han tenido una infancia y una juventud plena sin necesidad de vivir rodeados de caprichos. “Mis hijos han hecho el deporte que han querido, pero tampoco les he llevado a mil cosas”, explicó. Y añadió que, cuando algo no se podía hacer, simplemente se asumía: “Si no podían, pues no se puede, no pasa nada”.
Para ella, eso no les ha hecho menos felices. Al contrario, cree que les ha ayudado a valorar lo que tenían y a aprender a compartir. “No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”, resumió.
Los hermanos mayores también han ayudado en la educación
En una casa con 15 hijos, la organización no puede depender solo del padre y de la madre. Paloma reconoce que los hermanos mayores han ayudado mucho, tanto en las tareas del hogar como en el acompañamiento de los más pequeños.
“Mis hijos los mayores también me han ayudado muchísimo en muchos temas”, explicó. Y no se refiere únicamente a la organización de la casa, sino también a los consejos entre hermanos, a estar pendientes unos de otros y a servir de apoyo en momentos complicados.
Luis Ángel, por su parte, admite que no han tenido una fórmula perfecta para educar. “Hemos hecho lo que hemos podido y muchas veces lo habremos hecho mal, seguro que sí”, reconoció. Sin embargo, asegura que la propia vida familiar les ha ido enseñando cómo actuar con cada hijo.
Hoy, lo que más valora es que sus hijos mantienen una relación muy estrecha. “Somos una piña”, afirmó, destacando que incluso otras personas se sorprenden al ver cómo se relacionan entre ellos.
Educar a 15 hijos en épocas distintas
Uno de los retos de una familia tan numerosa es que no todos los hijos han crecido en el mismo contexto. Entre el mayor y el menor hay más de dos décadas de diferencia, por lo que la educación también ha tenido que adaptarse a los cambios sociales.
Paloma recuerda que con los primeros hijos apenas existían los móviles, mientras que con los más pequeños las pantallas ya formaban parte de la vida diaria. Y reconoce que los teléfonos no son precisamente algo que le guste.
“A mí los móviles no es lo que más me gusta del mundo mundial”, dijo, aunque admitió que le sirven para tener localizados a sus hijos. Su preocupación está en los riesgos que pueden tener si no se usan bien, desde las páginas que visitan hasta las series, películas o contenidos que consumen.
Por eso, explica que han intentado educar a cada hijo según el momento que le tocaba vivir, hablando con ellos de lo que podían ver, de lo que no convenía y de los peligros que también existen en internet.
“No me siento frustrada para nada”
Paloma también respondió a una pregunta muy directa: si alguna vez se había sentido frustrada por haber dedicado tantos años a la maternidad y a la familia. Su respuesta fue clara.
“No me siento frustrada para nada, todo lo contrario, me siento una mujer muy realizada habiendo tenido tantos hijos”, aseguró.
Reconoce que hubo etapas de mucho cansancio físico, sobre todo cuando los mayores eran pequeños y se llevaban muy poco tiempo entre ellos. Aun así, afirma que nunca ha vivido su maternidad como una renuncia amarga.
“No cambiaré absolutamente nada de lo vivido”, dijo, convencida de que incluso los momentos más difíciles forman parte de su historia.
Una familia que ya reúne a cientos de personas
La historia de Paloma y Luis Ángel no termina en sus 15 hijos. Ambos proceden también de familias numerosas y, cuando se juntan con hermanos, sobrinos, hijos y nietos, las reuniones familiares alcanzan cifras poco habituales.
Luis Ángel contó que los descendientes directos de sus padres son ya 275 personas. Por eso, cada 1 de enero se reúnen en un colegio, porque no caben en una casa. “Comemos todos los descendientes directos de mis padres”, explicó.
Por la parte de Paloma ocurre algo parecido. La familia se reúne en la parroquia el día de Navidad y también llegan a juntarse más de un centenar de personas.
Una imagen que resume bien la vida lo que son, una familia enorme con dificultades, cansancio, gastos y muchos retos, pero también con la idea clara de que han recibido mucho más de lo que han dado.

